Una receta para la felicidad

por Hsieh Yi Chiang, Taiwán

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Hsieh Yi Chiang, miembro de la Asociación Soka de Taiwán, y jefe de cocina del Grand Hyatt Taipei, repasa su difícil trayectoria hasta lograr una carrera exitosa.

Las llamas emergen del wok cuando Hsieh Yi Chiang saltea los ingredientes

Crecí practicando el budismo con mi madre, pero cuando comencé la escuela secundaria me volví rebelde, provocando la preocupación de mi familia. Mi madre me animaba pacientemente a continuar con mi práctica budista, pero yo la ignoraba.

En el año 2001, comencé a trabajar como cocinero en el Hotel Grand Hyatt de Taipei. Tras tres años allí, me marché a trabajar a otro restaurante. Aunque mi nuevo salario era más alto, el negocio no era estable. Además, yo era un apasionado de los altavoces de gama alta y de la compra y tuneado de automóviles, por lo que a los 22 años tenía una deuda de 1,5 millones de dólares taiwaneses (aproximadamente unos 50 mil dólares estadounidenses).

Fue en este momento cuando el aliento de mi madre halló en mí suelo fértil y retomé de nuevo mi práctica budista. A través de mi práctica, me enfrenté a la raíz de mis problemas e hice esfuerzos para cambiar. Cinco meses después, pude regresar al Grand Hyatt con un salario que duplicaba el que había tenido anteriormente. No solo pude pagar mis deudas, sino que también pude comprarme una casa nueva.

En el año 2009 sufrí un serio accidente automovilístico con graves lesiones en la pierna izquierda, por lo que casi tuvo que ser amputada. Mi madre y muchos miembros de la SGI recitaron Nam-myoho-renge-kyo por mí durante las operaciones quirúrgicas. Me conmovió profundamente el cálido cuidado que recibí de todos. Decidí que quería convertirme en alguien que también pudiera cuidar sinceramente a los demás y proporcionarles felicidad.

En un primer momento, el médico que me trataba me dijo que tendría que someterme al menos a diez operaciones y que existía un gran riesgo de infección. También me dijeron que probablemente tendría dificultades para permanecer de pie durante largos períodos de tiempo para el resto de mi vida. Afortunadamente, al final solo tuve siete operaciones y la herida no se infectó. Seis semanas después de la última cirugía, pude caminar y me dieron de alta del hospital.

Las tareas pequeñas son importantes

Hsieh Yi Chang

Volví al trabajo lleno de entusiasmo. Sin embargo, un nuevo desafío me esperaba. Basándome en mi cualificación, esperaba asumir el papel de jefe del tercer fogón en la cocina del salón de banquetes. Sin embargo, el trabajo había sido para otro chef, y a mí se me asignaron tareas rutinarias. Me dolía la pierna constantemente por tener que permanecer en la cocina durante largos períodos de tiempo. Me sentía avergonzado y quería renunciar y marcharme del trabajo.

Una vez más, mi madre me animó diciéndome que diera lo mejor de mí sin importar lo humilde que pudiera ser el trabajo. Sus palabras me hicieron reexaminar mi actitud. Me tragué mi orgullo y decidí que con gusto me haría cargo de las tareas que otras personas no querían hacer y me convertiría en un gran apoyo para mis compañeros.

Durante dos años, realicé las tareas más básicas de la cocina, como lavar platos y cortar verduras, con la actitud de aprender todo de nuevo. Decidí poner en práctica el espíritu que había aprendido en la SGI de asumir la responsabilidad, contribuir de todo corazón y trabajar arduamente en la sombra. Más tarde me di cuenta de que estos esfuerzos fueron los que me permitieron desarrollarme significativamente y destacarme como chef. Llegué a entender que cada procedimiento en la cocina juega un papel importante en el sabor final de la comida.

Escuchar a los clientes

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Después de asumir el puesto, comencé a intentar nuevos desafíos. El primero fue la personalización del menú del salón de banquetes, que generalmente ya está fijado y no puede ajustarse a los requerimientos de los invitados. Sin embargo, yo estaba decidido a abrir la comunicación con los clientes. Mi actitud ha sido la de que, si bien nuestra industria tiene sus arraigadas y sólidas tradiciones, debemos continuar aprendiendo y desarrollándonos a medida que la sociedad progresa.

Basado en el diálogo con los invitados y escuchando atentamente sus comentarios, experimentamos con la combinación de métodos de cocina procedentes de diferentes países, con el cambio de ingredientes y con la mejora de la presentación. A través de estos esfuerzos conjuntos, el salón de banquetes recibió cada vez mejores críticas. Incluso llegamos a batir el récord del hotel por la facturación más alta de su historia.

Creando unión

Como entorno de trabajo, la cocina es un lugar intenso y desafiante, por lo que es fácil que los chefs experimenten conflictos entre ellos. Anteriormente, las personas trabajaban aisladas y solo al final aunaban esfuerzos para combinar las cosas. Decidí cambiar esta forma de trabajar. Comencé con la práctica de reunir a todos antes del servicio de comida. Yo designaba las responsabilidades de los diversos departamentos y enfatizaba que todos tenían un papel crucial que desempeñar. Cuando el trabajo había finalizado, nos reuníamos nuevamente para una sesión de reflexión, asegurándome de expresar a todos mi agradecimiento por sus esfuerzos. A través de este tipo de diálogo, el sentido de solidaridad dentro del equipo mejoró y, poco a poco, todos encontraron un sentido de misión y de logro.

En septiembre de 2015, fui ascendido a jefe de cocina del salón de banquetes y, posteriormente, en marzo de 2016, fui elegido como gerente del año del hotel. En mayo de ese mismo año, el presidente de Taiwán seleccionó nuestro salón de banquetes para organizar un importante evento diplomático.

El presidente de la SGI, Ikeda, escribe: “Las dificultades templan y pulen nuestra vida; por eso, con el tiempo, ésta puede resplandecer de buena fortuna y beneficios. Ninguna piedra preciosa --ni siquiera la más grande-- refulge y destella hasta que no se la pule y se la talla. Lo mismo se aplica a la vida humana.” Soy quien soy hoy gracias a mi madre, que nunca renunció a alentarme, y gracias a la SGI, donde aprendí el espíritu de convertir el “veneno” de la adversidad en la “medicina” del éxito.

[Adaptado a partir de un artículo publicado en el número del 3 de junio de 2016 de Soka Press, Asociación Soka de Taiwán; fotos cortesía de Hsieh Yi Chiang]

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