Representando una vida de ensueño

por Jesper Ole Feit Andersen, Dinamarca

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Retrato de Jesper Ole Feit Andersen [© Marine Gastineau]

Crecí en un internado en el campo danés, donde mis padres eran profesores. Mi infancia fue divertida y despreocupada, todo me resultó fácil. Llegué a la conclusión de que ser social y divertirme era todo de lo que se trataba la vida. No me importaba para nada la religión y dudaba sobre lo que tenía que ofrecer.

A mis 20 años, me mudé a la capital para perseguir mi sueño de ser actor. Pensé que actuar sería divertido y que si me volvía realmente bueno en eso, todos me amarían. Me haría famoso y feliz por el resto de mi vida. Pero pronto descubrí que la competencia para tener éxito en el mundo del entretenimiento era dura y feroz. ¡Incluso entrar en una de las escuelas de interpretación significaba poner mucho esfuerzo y trabajar realmente duro!

Para mí, esto fue muy antinatural. Normalmente, con solo bromear obtenía de alguna manera lo que quería. Pero de repente, esto ya no era así. Me llevó a tener muchas dudas sobre mí y, por primera vez, me sentí incómodo e inseguro. La consecuencia fue que me sentí superficial, me volví arrogante hacia mi entorno y fui duro conmigo mismo. Dudaba de los demás y los culpé por mis malos sentimientos.

No pude ingresar en la escuela de interpretación, pero al año siguiente, solicité una plaza en otra escuela, enfocada en cine y televisión. Entré, pero el curso fue solo por un año. Esto fue en 2008, que fue también el año en que conocí el budismo Nichiren. Siendo un joven que le gustaba socializar e ir de fiestas, aprendí sobre el budismo justamente en una fiesta a las cuatro de la mañana de parte de una joven que me dijo que era budista y que me preguntó si quería ir a una reunión.

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Apliqué para ser maestro a pesar de que lo había considerado como una opción secundaria. Siendo el hijo de dos maestros, había jurado que nunca me convertiría en uno. Sin embargo, aprender sobre los ideales educativos y la dedicación del primer y segundo presidente de la Soka Gakkai, Tsunesaburo Makiguchi y Josei Toda, me inspiró para querer enseñar, y fui aceptado en el curso de Educación del Profesorado en el University College de Copenhague.

En 2014, me ofrecieron un trabajo en un internado. Pero, de repente, me golpeó la duda. Me preguntaba si la enseñanza era para mí. A veces todavía soñaba con actuar. ¿Debería detener todo y volver a mi sueño de ser actor? Recité mucho [Nam-myoho-renge-kyo] para tener claridad. Durante este tiempo, participé en un seminario de jóvenes de SGI en Japón. Aproveché la oportunidad para preguntarle a un antecesor en la fe acerca de mi dilema. Me animó a dar un 120 por ciento en mi trabajo, y me sugirió que tal vez podría usar mis habilidades en interpretación para animar mis clases.

Regresé a Dinamarca para encontrar mi nuevo lugar de trabajo destrozado. El vicedirector había renunciado, dejando a la escuela con una gran deuda, y 17 de los estudiantes habían sido enviados a casa después de haber sido acusados de consumir drogas. Todo era un caos, pero con la orientación del presidente Ikeda en mente, descubrí en mí un profundo sentido de misión y determinación para transformar todo este sufrimiento en felicidad y realizar el principio budista fundamental de cambiar el veneno en medicina.

Dos años más tarde, la situación en mi lugar de trabajo había cambiado por completo. Con una transición en el liderazgo y el apoyo de mis colegas, el futuro se veía brillante. Al mismo tiempo, mi contrato en la escuela estaba por terminar. Una vez más, mi sueño de actuar resurgió. Pero esta vez mi ambición fue muy diferente. Si fuera a actuar, sería para crear felicidad y alegría en mi entorno, no para obtener elogios o fama. Decidí ser un bodhisattva, alguien que ejemplifica el comportamiento compasivo y aspira a ayudar a todas las personas a obtener la felicidad. No importa qué tipo de trabajo haría, sería con el objetivo de crear felicidad basada en los principios del budismo.

Jesper hablando animadamente con una amiga [© Marine Gastineau]

Dos semanas antes de que mi contrato terminara, inesperadamente me contactó una compañía de cine que quería que me presentara a un castin para una pequeña participación en Klassen (“La clase”), una nueva serie de televisión danesa para niños. De obtener el papel, sería el profesor de gimnasia. Pensé para mis adentros: “¡Qué extraño, sobre todo porque estoy tan fuera de forma!” Pero también pensé que era interesante que esencialmente me hubiera entrenado para el papel a través de mi trabajo como un maestro real. Ahora podría vivir uno de mis sueños como actor siendo un profesor en la televisión. Obtuve el papel, y desde que trabajo como actor, he podido actuar con algunos de mis comediantes favoritos de mi infancia. En el camino, incluso recuperé mi antiguo trabajo docente en el internado, y este trabajo me permite hacer el trabajo de actuación de forma paralela.

Me siento tan feliz de poder enseñar a los niños que son agentes importantes en el mundo y que nunca deben ceder a la apatía. Al mismo tiempo, puedo ser el bromista y el hombre divertido en mis trabajos de actuación. Se puede decir que esto es una prueba de que todo en la vida está interconectado, no se desperdicia nada. El presidente Ikeda ha escrito sobre la importancia de atesorarnos a nosotros mismos y a nuestras familias, convertirnos en miembros respetados de la sociedad a través de ser buenos ciudadanos y ganar la confianza de las personas que nos rodean, y contribuir a la prosperidad de nuestras comunidades locales. Él ha enfatizado que el budismo no existe por separado de nuestras vidas diarias.

El budismo me ha demostrado que la vida no tiene que ser binaria. Soy un actor y, al mismo tiempo, un maestro. Todavía estoy convencido de que la vida se trata de ser social y divertirme, pero también estoy preparado para enfrentar los desafíos de frente para hacer realidad mis sueños.

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