El budismo en el centro del escenario

por Marina Salas, Ferran Vilajosana y Roser Vilajosana, España

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Los actores Marina Salas, Ferran Vilajosana y Roser Vilajosana (que son hermanos), que viven en Madrid, hablan sobre cómo su práctica budista les ha ayudado a prosperar en sus carreras.

Ferran (izquierda), Marina (centro) y Roser (derecha)

Marina, de los tres, tú fuiste la primera en practicar el budismo Nichiren. ¿Cómo fue tu introducción a esta práctica?

Marina: Yo estaba grabando una serie para Televisión Española con la actriz Esther Ortega, y nos hicimos muy amigas. Un día fui a cenar a su casa y le pregunté por el altar budista. Ella me contestó que un día me contaría qué era.

Un tiempo después, Marc, un amigo mío del colegio de toda la vida tuvo un accidente de coche, y quedó en coma. Coincidió que uno de esos días, cenando con Esther, me habló de la práctica. Me preguntó: « ¿qué es lo que más deseas en el mundo ahora mismo?». Le hablé de Marc. A partir de mi deseo de que él se recuperara, empecé a practicar. Se me abrió un mundo enorme, una forma de vivir… Y poco a poco fui profundizando mi comprensión del budismo Nichiren.

Ferran, hemos oído que descubriste el budismo Nichiren a través de Marina ¿nos puedes contar como fue?

Ferran Vilajosana [© Lucila Rodríguez Canle]

Ferran: Coincidimos haciendo una película, y no recuerdo exactamente cómo me enteré de que Marina era budista, pero sí de pedirle que me contaras más y que me explicara sobre la recitación de Nam-myoho-renge-kyo, que parecía tan simple y concreto. Yo en aquel momento estaba haciendo muchas cosas a la vez y no daba de mí. Determiné entonces disponer de tiempo para cuidarme, y comencé a recitar.

Yo anteriormente identificaba el budismo con el incienso, tenía un concepto totalmente diferente. De las palabras de Marina recuerdo también lo que había de fondo; era como si me estuviera diciendo «¿te das cuenta de lo que podemos cambiar por nosotros mismos?». Realmente me hizo desear poner a prueba esta práctica budista, sobre todo yendo hacia lo que más deseaba, mi felicidad total.

Roser, ¿cuál fue tu respuesta cuando Ferran te habló sobre el budismo?

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Cuando era pequeña era bastante introvertida y en algunos momentos me preguntaba acerca de la vida. Me había visto como abriendo una puerta a miles de preguntas pero no siendo capaz de encontrar respuestas, y con la sensación de que nadie iba a compartir esas preocupaciones conmigo. Entonces, durante muchos años fui por inercia. Ahora Ferran me animaba a plantearme lo que quería y a responsabilizarme. Esto me llevó a venir a Madrid desde Barcelona, nuestra ciudad natal, durante dos meses. No sabía bien qué venía hacer, pero decidí probar la práctica.

Ferran: El momento fue para mí fue cuando, cenando en mi casa, dije algo de budismo y le acabé diciendo «hazlo un día», y ella me dijo «sí, si ya lo hago cada día». « ¡Yo estaba fregando los platos, me acuerdo, y casi los tiré!».

Es natural querer compartir algo que te hace feliz. Cuanto más practico en la SGI, más me doy cuenta de la importancia y la riqueza de ver cómo diferentes personas experimentan la práctica. Hacer eso me ayudó a ampliar mi perspectiva.

¿Cómo ha impactado en vuestra vida la práctica budista?

Marina Salas [© Lucila Rodríguez Canle]

Marina: A mí la práctica me ha cambiado la vida, literalmente. Bueno, me la cambia diariamente. Realizarme en mi profesión, vivir cosas que en la vida hubiera pensado que podría vivir, ser la persona que quiero ser. Me ha permitido decir sí a las cosas. Incluso cuando el primer pensamiento sobre algo que quiero es que es imposible, tan lejano de mi realidad, mi práctica budista me empuja a no rendirme. Me hace cree en la posibilidad.

Roser: El otro día leí una cita de Daisaku Ikeda que decía que «si nunca desafiamos lo imposible, nunca conoceremos el verdadero poder de recitar Nam-myoho-renge-kyo ». Cuando me pongo objetivos apunto a lo «imposible», no a cosas que siento que puedo lograr fácilmente. Entonces, ¡luego es tantísima la satisfacción!

Ferran: Tengo muchos ejemplos de pruebas reales. Yo quería rodar una película de protagonista. Me desafíe en recitar el daimoku, participar en las actividades de la SGI y me di seis semanas para lograr mi objetivo. Realmente parecía imposible, porque es un proceso supuestamente más largo, hay que hacer un casting, etc. Pero sucedió. Y es solo un ejemplo, de tantos. Es maravilloso poder enfrentar los desafíos con la convicción de que definitivamente ganarás, que ya has ganado, incluso si no estás seguro de cuándo o cómo sucederá.

Roser: Sí, es muy gratificante recitar con esa convicción. Solía mirarme y ver las cosas que no me gustaban. La práctica me ha permitido pensar en quien quiero ser y tomar medidas para realizarlo. Poco a poco te vas acercando, tropezando muchas veces en el camino, pero sabiendo que es lo que quieres.

Marina: ¡Sí, exactamente! ¡Ahora me despierto con ganas, con ganas de vivir! Es la alegría de estar viva. Es una sensación que me encanta.

Roser: A mí me pasa a veces. Sé que debo ir a dormir porque mi cuerpo necesita descansar, pero querría que fuera ya mañana. Y no porque haya algo especial al día siguiente, sino porque pensar en mañana me emociona.

¿Cómo sustenta vuestro trabajo la filosofía del budismo Nichiren en vuestro trabajo como actrices y actor?

artículo relacionado Una férrea determinación de vivir Una férrea determinación de vivir por  Jharna Narang,  India El 26 de noviembre de 2008, y durante cuatro días consecutivos, diez terroristas llevaron a cabo una serie de ataques coordinados con disparos y bombas en la ciudad de Bombay (Mumbai), India, que costaron la vida a más de 160 personas y dejaron centenares de heridos. Jharna Narang, miembro de la SGI de India se encontraba cenando con su familia en el hotel Taj Mahal Palace cuando el hotel fue atacado y sitiado. Marina: Estaba en una obra de Chéjov, y durante los preparativos, un miembro de la SGI me dio la idea de estudiar los escritos de Nichiren Daishonin, a la vez que estudiaba la obra. El estudio de los escritos de Nichiren realmente me inspiró, y con esta nueva inspiración, todos los días, antes de ir al teatro, me desafié en entonar abundante daimoku. Hice esto todos los días por un periodo de casi cuatro meses. Tuvo un impacto increíble. ¡No sabéis la respuesta que he tenido del público: me han llegado a decir que era hermoso y genial! Ha sido la mejor experiencia de mi vida. Era la primera vez que mi trabajo recibía tanto reconocimiento, pero lo que ocurría era que no pensaba «qué buen trabajo estoy haciendo», porque era algo más allá de mi misma.

Ferran: Que gran experiencia. En mi caso, el budismo me ha ayudado a ver mi arrogancia en relación con los aspectos de “imagen” en el trabajo. Con las sesiones de fotos y ese tipo de cosas, es fácil volverse arrogante. Gracias en parte a mis actividades voluntarias “detrás de la escena” en la SGI, ahora siento que puedo entender mejor el corazón de los demás, ya sea que estén trabajando detrás de la escena o frente a la cámara. Uno empieza a darse valor y puede dar valor al otro. La práctica te ayuda a desmantelar tus prejuicios. También me ha hecho más agradecido.

Roser: En nuestra profesión, hay momentos en que trabajas mucho, y momentos en que no. Mi práctica budista me ha ayudado muchísimo a aceptar cuando es negativo, a dejar las quejas y afrontar mi situación, independientemente de si tengo trabajo o no trabajo. He aprendido a no dejar que las circunstancias determinen mi felicidad. He conseguido dejar atrás la idea de que solo estoy feliz cuando tengo trabajo. Mi práctica también me ayuda a decidir qué tipo de obras quiero hacer. Quiero proyectos que contribuyan a mejorar el mundo; historias que planten una semilla positiva en la vida de las personas.

Habéis citado varias veces a Daisaku Ikeda, ¿qué representa para vosotros?

Roser Vilajosana [© Lucila Rodríguez Canle]

Roser: Siento mucho agradecimiento por el trabajo hecho y por lo que hace. Yo creo que es como un espejo. Una vez me dijeron: si un actor te asombra, es que en realidad ves en él algo que tú también puedes hacer. Aplicando la misma idea, el presidente Ikeda me inspira. El representa algo que yo también puedo hacer.

Marina: Un maestro no te dice lo que hay que hacer o no hacer, sino que te habla de algo más allá, de la postura. Precisamente, de lo que Sensei habla es de que forjes tu propio criterio. Algunas personas piensan que tener un maestro representa un vínculo de dependencia, pero es al revés: se trata de dotar de autonomía.

Ferran: Creo que la relación mentor-discípulo no trata de lo que sientes, sino de lo que haces. He leído los escritos del presidente Ikeda durante años, estudiándolos e intentando ponerlos en práctica, y la universalidad de su propuesta sigue sorprendiéndome.

Para terminar, ¿queréis compartir alguna meta para el futuro?

Roser: Mi determinación es valorarme y tener un agente en una fecha determinada. Estoy en un momento de mi vida en el que no quiero limitarme, mi deseo es seguir aprendiendo y convirtiendo cada momento en un nuevo comienzo.

Marina: Lo que puedo verbalizar y creo que puede ser inspirador, es que lo que considero principal es la transformación interior que hacemos cuando desafiamos objetivos concretos. Y este año tengo algunos nuevos objetivos a los que me estoy dedicando para lograr.

Ferran: Mis recuerdos más preciados son los creados en medio de las pruebas concretas. Ahora, lo que más, más deseo, es seguir sorprendiéndome, descubriendo cada vez más, la capacidad de cambiar más allá de lo que imagino es posible.

[Adaptado de la entrevista publicada por Civilización Global, revista de la SGI de España de marzo de 2018].

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