Budismo en acción: promoviendo la sostenibilidad ecológica

por Joan Anderson, Japón (Reino Unido)

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En los siguientes extractos, editados a partir de su documento “Valores budistas, acción para la sostenibilidad y la Carta de la Tierra”, Joan Anderson, de la Oficina de Información Pública de la Soka Gakkai Internacional, se basa en las observaciones de miembros de la SGI involucrados en el activismo ambiental, para mostrar cómo su participación se ve influenciada por sus valores budistas, creencias y práctica. El documento fue presentado en septiembre de 2013 en un simposio sobre medioambientalismo budista organizado conjuntamente por el Centro de Religiones y Cultura Japonesa de la Universidad del Sur de California, y el Instituto de Filosofía Oriental, con sede en Tokio.

Foto de jacinta lluch valero CC BY-SA[Foto de jacinta lluch valero CC BY-SA]

El budismo hace hincapié en tres tipos de relaciones: las existentes entre los seres humanos y la naturaleza, las existentes entre los seres humanos, y la relación existente con uno mismo. Como practicantes del budismo Nichiren, los miembros de la SGI consideran que todas estas entidades están interconectadas en la dimensión más profunda, son interdependientes y están indisociablemente vinculadas.

El sacerdote japonés del siglo XIII, Nichiren, fundador del budismo Nichiren, escribió: “[…] si el corazón de las personas es impuro, su tierra también lo es, pero que si su corazón es puro, igualmente puro es el sitio en que viven. No existen, en sí mismas, una tierra pura y otra impura; la diferencia solo reside en el bien y el mal que hay en nuestro interior”. Cambiar nuestro “corazón” se convierte entonces en el principal desafío para nosotros como practicantes.

Aurélie Neame KouneliAurélie Neame Kouneli

Citando a Aurélie Neame Kouneli, miembro de la SGI de Costa de Marfil, África, que trabaja en el Centro Antipolución de Costa de Marfil (CIAPOL):

“El budismo enseña el concepto de unidad entre el individuo y el ambiente, el proceso mediante el cual la vida humana y su entorno, mutuamente relacionados, operan juntos de una manera creativa. Esto me hizo comprender que la salud del medioambiente depende del cambio en la conciencia de cada individuo”.

La transformación a la que aspiramos es el desarrollo de lo que llamamos el “yo superior”, emulando el ideal del bodhisattva del budismo Mahayana, fortaleciendo de forma constante nuestra compasión y llevando a cabo acciones para aliviar los sufrimientos de los demás. En el mundo actual, el abrazo del bodhisattva necesita expandirse para ser lo suficientemente grande como para incluir no sólo a otros seres humanos, sino a todo el planeta.

Shin Won-sukShin Won-suk

Shin Won-suk, un miembro de la SGI de Corea comprometido con la limpieza de un río local, comenta:

“Cada noche, mientras practico tras volver a casa después de un día de trabajo voluntario, siento una profunda sensación de plenitud que, a su vez, se convierte en una fuente de energía para continuar con mis esfuerzos. Tal y como Nichiren Daishonin señala en sus escritos, ‘[…] quien enciende un farol para alumbrar a otros ilumina su propio camino’. Es profundamente gratificante saber que el pequeño paso de decidir hacer algo positivo así como mis esfuerzos para transmitir a los demás el espíritu de convivir con la naturaleza, han dado lugar a un resurgimiento del medio ambiente y de la vida de los que me rodean”.

Los miembros de la SGI describen este proceso de cambio interno como “revolución humana”. En palabras del presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, “la gran revolución humana de un solo individuo propiciará un cambio en el destino de una nación, y más aun, permitirá cambiar el destino de toda la humanidad”.

Amy Yomiko VittorAmy Yomiko Vittor

Amy Yomiko Vittor, miembro de la SGI de EE.UU que trabaja en el ámbito de la salud pública y la ecología, con experiencia en África y América Latina, comenta:

“A medida que fueron apareciendo los retos, mis padres me enseñaron el concepto budista de la unidad de la vida y de su entorno que explica la forma en que nuestras vidas y nuestro medioambiente están íntimamente conectados. A veces, cuando estoy esforzándome duramente, siempre resulta más fácil culpar a las circunstancias externas; sin embargo, el aspecto empoderador de esta enseñanza revela que un profundo cambio en nosotros mismos da lugar a un cambio en nuestro entorno”.

Interconexión

La interconexión de toda vida, descrita en el budismo Nichiren como “engi" (en japonés) u origen dependiente, se hace marcadamente patente en problemas globales como el cambio climático y la deforestación.

Los miembros de la SGI tienden a aplicar su perspectiva y valores budistas a su trabajo.

Fung LingFung Ling

Citando a Fung Ling, un miembro de la SGI que trabaja en planificación urbana en Hong Kong:

“La filosofía budista, basada en el respeto y la preocupación por toda clase de vida, concuerda muy de cerca con el concepto de desarrollo sostenible (...) Significa crear armonía social e igualdad, protegiendo el medioambiente y garantizando la prosperidad económica. El budismo en sí mismo trata esencialmente de poner todos estos elementos de la vida en equilibrio, ya sea a nivel personal, a nivel comunitario o a nivel global (…) Esto significa básicamente que no podemos construir felicidad o prosperidad sobre la destrucción o la indiferencia hacia otras formas de vida, incluyendo el entorno natural, pues, en última instancia, seremos nosotros quienes sufriremos las consecuencias”.

Si examinamos la forma en la que la SGI se compromete con la sostenibilidad del mundo actual, vemos que los escritos del presidente Ikeda son una influencia clave.

Cada año desde 1983, ha redactado propuestas de paz que ofrecen alternativas inspiradas en el budismo con las que observar los problemas actuales, así como sugerencias de propuestas concretas para avanzar en su solución.

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“La desertificación externa del planeta se corresponde precisamente con la desertificación espiritual de la fuerza de la vida. Las relaciones humanas con la naturaleza están íntimamente ligadas con las relaciones interpersonales y con la relación de cada individuo con su vida interior. El egoísmo de los seres humanos cuyo entorno interior está contaminado y desolado, invariablemente se manifiesta en la dominación, la privación y la destrucción del entorno externo”.

El presidente Ikeda subraya constantemente la importancia de la educación y, en particular, la educación enfocada en el empoderamiento. En una propuesta redactada con ocasión de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible celebrada en 2002, Ikeda pidió el establecimiento de una Década de las Naciones Unidas de la Educación para el Desarrollo Sostenible, y comentó:

“[…] en el caso del tema ambiental, que puede ser tan vasto y complejo, […] la información y el conocimiento por sí solos no bastan ya que pueden generar grandes interrogantes en la gente al no brindar una noción clara de los pasos que se deben seguir. Para combatir esos sentimientos de impotencia y de desconexión, la tarea educativa debe ser capaz de transmitir la manera en que los problemas ambientales están íntimamente conectados a nuestra vida cotidiana. Debe además inspirarnos la confianza de que cada uno de nosotros tiene el poder y la responsabilidad de efectuar un cambio positivo a escala global”.

Mientras que en algunos planteamientos más extremos sobre ecología los seres humanos son percibidos como parásitos no deseados que solo ocasionan daño a la Tierra y a otras formas de vida, la perspectiva de la SGI es que los seres humanos, responsables y conscientes, comprometidos con la creación de valores positivos, son los protagonistas más prometedores del cambio.

Barbara PatersonBarbara Paterson (derecha)

Esta perspectiva positiva fue reiterada en la propuesta del presidente Ikeda, realizada en 2012 con ocasión de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, la Conferencia Río + 20:

“Aunque los recursos físicos son limitados, el potencial humano es ilimitado y nuestra capacidad de crear valor es infinita. La verdadera sostenibilidad implica un concepto dinámico en el que existe una lucha o competencia para generar valor positivo y compartirlo con el mundo y con el futuro.”

Barbara Paterson, una miembro alemana de la SGI que trabaja en Namibia en la gestión de la pesca, se hace eco de esta perspectiva en sus comentarios acerca de cómo convertirse en budista ha influido directamente en su aproximación a su trabajo:

“El pensamiento occidental tiende a considerar a los seres humanos y a la naturaleza como algo separado, hasta el extremo de que hay quienes creen que los seres humanos son perjudiciales para la naturaleza. En cambio, el budismo se refiere a la vida y a su entorno como a algo profundamente interconectado (…) Para mí, el concepto budista de la unidad del individuo y su entorno, y la idea de que nada puede existir en forma aislada, proporcionan la base filosófica para mi investigación sobre un enfoque holístico de la gestión de la pesca, que puede contribuir a que la sociedad humana recupere la armonía con la naturaleza”.

Educación para el desarrollo sostenible

Foto de USFS Región 5 CC BY[Foto de USFS Región 5 CC BY]

Además de las actividades basadas en la promoción de una mejor comprensión de los antecedentes históricos y teóricos del budismo, la SGI ha llevado a cabo de forma continuada actividades de educación pública y sensibilización, a menudo centradas en torno a exposiciones. En el ámbito de la sostenibilidad, el foco está siempre puesto en el impacto positivo que pueden generar las acciones de una persona. Este es el caso de la muestra “Semillas de Esperanza”, exposición creada en 2010.

En lo referido a la contribución a la sostenibilidad, la SGI está activa en diversos niveles. La SGI dispone de oficinas de enlace con las Naciones Unidas, donde nuestros representantes contribuyen a los diálogos y debates mundiales. También existen iniciativas a nivel nacional en muchos países, desde la plantación de árboles hasta la limpieza de parques, entre otras.

En Brasil, la SGI realiza actividades muy amplias relacionadas con la sostenibilidad. La más visible de éstas es el Centro de Conservación Ecológica del Amazonas [rebautizado en 2016 con el nombre de Instituto Soka-CEPEAM (Centro de Proyectos y Estudios Ambientales del Amazonas)] cerca de Manaus, inaugurado en 1993. El centro ha restaurado zonas degradadas de bosque, poniendo énfasis en métodos de siembra que permitan coexistir a la población humana y al bosque; se ejecutan también amplios programas de educación ambiental. También se trabaja con las comunidades indígenas locales para ayudarles a desarrollar sus propios medios de vida de forma sostenible.

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Sobre todo, sin embargo, donde creo que la SGI está contribuyendo más a la sostenibilidad es a través de nuestros miembros individuales y sus contribuciones en sus comunidades y en sus lugares de trabajo. Es ahí donde la filosofía de la SGI se convierte en una realidad.

Estos esfuerzos individuales ejemplifican de forma directa la “revolución humana” en acción, un proceso constante de crecimiento y desarrollo de la mejor versión de nuestro ser, en la que los miembros de la SGI se embarcan idealmente a través de su práctica.

Julie BygravesJulie Bygraves

Julie Bygraves, una miembro de la SGI del Reino Unido que trabaja para prevenir la tala ilegal, describe este proceso:

“Yo sabía que el cambio tenía que empezar por mí. Empecé a desarrollar la actitud de que mi vida no consiste sólo en sobrevivir o en resolver los problemas que se presentan, consiste también en tener un enfoque proactivo hacia la vida; entonces me puse a hacer algo y a continuarlo, pasara lo que pasara, centrándome todo el tiempo en mis objetivos a largo plazo y viendo también los retrocesos en su contexto de largo plazo”.

Esto mismo se describe en el libro Chanting in the Hillsides: The Buddhism of Nichiren Daishonin in Wales and the Borders (Practicando en las laderas: El budismo Nichiren en Gales y en las fronteras), de Jeaneane y Merv Fowler, de la siguiente forma: “La iluminación en el budismo Nichiren no es la supresión de los deseos sino la implicación en el mundo, vivir de forma comprometida, con el verdadero espíritu de los bodhisattvas del budismo Mahayana”.

Leyendo las consideraciones de estos miembros de la SGI, comprometidos en el campo de la sostenibilidad, me impactó la forma en la que las personas que practican tienden a estar más involucradas en su contribución a medida que se desarrolla su práctica budista.

Todo lo expuesto representan viajes individuales que van desde la falta de esperanza y la impotencia hasta el empoderamiento y la acción. Ilustran la determinación de tomar la responsabilidad de iniciar el cambio y la negativa a renunciar a la esperanza, a pesar de todos los contratiempos.

Creo que el verdadero legado de Nichiren y el espíritu de la SGI se encuentran en este sentimiento personal de contribución.

Joan AndersonJoan Anderson

Joan Anderson trabaja actualmente para la Oficina de Información Pública de la Soka Gakkai Internacional en Tokio, Japón, donde es responsable de la relación con los medios de comunicación internacionales. También ha participado en iniciativas de educación ambiental de la SGI.

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