Los niños y niñas migrantes y su acceso a la educación

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Apartado diez de trece de la propuesta de paz de 2018 del presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, “La construcción de un movimiento popular hacia una era de los derechos humanos.”

Niño sentado sobre un colchón enrollado, mientras, detrás, otro permanece sentado sobre una mesa Niños esperando a ser acogidos en el campo de refugiados de Imvepi en el norte de Uganda [Foto de UNMISS/CC BY-NC-ND]

La segunda área temática que hoy quisiera abordar son los derechos humanos. La primera propuesta que quiero elevar se refiere a mejorar las condiciones de los infantes refugiados y migrantes.

Hasta fines de 2018, en las Naciones Unidas se está trabajando con miras a la aprobación de dos acuerdos: un pacto mundial para las migraciones y otro para los refugiados. Me permito exhortar a reconocer los derechos humanos como el hilo conductor que une cada uno de los elementos individuales de estos pactos, y a que la comunidad internacional se comprometa a garantizar oportunidades educativas para los niños refugiados y migrantes, como un compromiso compartido y un objetivo prioritario.

Actualmente, en el mundo hay 65,6 millones de personas desplazadas por fuerza mayor, y la mitad de los refugiados del mundo son niños y niñas menores de dieciocho años. [61] Muchos de ellos sufren diversas formas de maltrato a causa de los prejuicios y de la discriminación.

Las circunstancias más graves son las que afectan a los niños migrantes que han sido separados de sus padres o de adultos que se hagan responsables de ellos. Según un informe de UNICEF de 2017 sobre el período 2015-2016, este número casi se ha quintuplicado desde 2010; hoy hay más de 300 000 niños que viajan solos, sin el cuidado de un adulto, en ochenta países. [62]

A tono con el título del informe de UNICEF «Ante todo son niños», los derechos y la dignidad de todos los niños y niñas deben ser protegidos por igual, sin que su condición de migrantes o refugiados justifique ninguna diferencia. Este es el principio rector de la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) y de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño.

La importancia de mejorar las condiciones de la población infantil fue comentada en reiteradas oportunidades en la Declaración de Nueva York adoptada en la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Refugiados y los Migrantes, en 2016. Allí se lee: «Protegeremos los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos los niños refugiados y migrantes, independientemente de su condición, teniendo en cuenta en todo momento el interés superior del niño como consideración principal». [63] La Declaración también expresa la voluntad de «asegurar que todos los niños estén estudiando en un plazo de unos meses después de su llegada» [64]a los países de acogida.

Para dar expresión concreta a esta voluntad, los dos pactos mundiales deberían incluir el compromiso de los Estados de implementar políticas que garanticen a todos los niños y las niñas el pleno acceso a la educación. Adicionalmente, deberían establecerse marcos operativos tales que los Estados que solo acogen a un número pequeño de refugiados y migrantes suministren diversos tipos de apoyo a los que abren sus puertas a grandes cantidades de personas.

Yusra Mardini con Rami Anis, su compañero de equipo del Equipo Olímpico de Refugiados Yusra Mardini (izquierda) con Rami Anis, su compañero de equipo del Equipo Olímpico de Refugiados [Foto de Andy Miah/CC BY-NC]

Como se hace constar en la Declaración de Nueva York, el acceso a la educación no solo ofrece protección básica a los niños en circunstancias adversas, sino que también nutre la esperanza en el futuro de las jóvenes generaciones.

Vienen a cuento las palabras de Yusra Mardini, refugiada siria y atleta designada Embajadora de Buena Voluntad por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en 2017: «Los refugiados podemos subsistir con comida en el estómago. Pero para desarrollarnos, necesitamos algo que nutra nuestras almas». [65]

El bote que llevaba a Yusra y a otros refugiados se averió entre Turquía y la isla griega de Lesbos durante el largo viaje desde su tierra, devastada por la guerra. Ella y su hermana se arrojaron al mar para empujar la barca hasta un destino seguro; nadaron durante horas y arriesgaron la vida para salvar a los otros veinte pasajeros. Una vez en Alemania, la joven se entrenó como nadadora y fue integrante del primer equipo olímpico de refugiados de la historia, que se presentó a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016. Hoy se dedica a estudiar en su país de acogida y, además, sigue esforzándose en la natación con el anhelo de competir en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Yusra insiste: «Los refugiados son solo personas normales que pasan por circunstancias traumáticas y devastadoras, capaces de cosas extraordinarias si se les da una chance». [66]

Creo que es la educación, más que ninguna otra cosa, lo que creará esa oportunidad.

También es mi sincero deseo que esta experiencia educativa, tan esencial para el futuro de los niños refugiados, se extienda también a los jóvenes que estudian con ellos en las comunidades de acogida, para fomentar sanos lazos de convivencia.

Resulta de especial interés, sobre este tema, la experiencia de Beatrice Fihn, directora ejecutiva de ICAN, de su niñez en Suecia:

Crecí en una comunidad con numerosos inmigrantes. Cuando tenía siete años, en mi escuela ingresaron, de pronto, muchos niños de los Balcanes que habían experimentado vivencias horrorosas. También tenía amigos cuyos padres habían migrado de Somalia, huyendo de la sequía. Conocerlos y escuchar sus historias, y luego conocer a sus padres, que habían vivido en carne propia esos relatos, me hizo comprender la realidad de los conflictos y crisis que atraviesan otras naciones. [67]

artículo relacionado El poder de la educación en derechos humanos El poder de la educación en derechos humanos En un mundo cada vez más interconectado, el desafío de los derechos humanos es unir a las personas a través de las diferencias. La educación en derechos humanos nos ayuda a reconocer y a estar alerta ante actitudes que obstaculicen la vivencia de la dignidad humana en otras personas. Estos encuentros con refugiados y niños migrantes de todo el mundo fueron para ella una motivación que la impulsó a dedicar su trabajo a la resolución de graves problemas globales.

El ACNUR está promoviendo la integración de las personas refugiadas en los sistemas educativos nacionales. Los lazos de amistad que construyen los niños y las niñas en el ámbito escolar pueden ayudar de manera significativa a profundizar los intercambios entre familias y con la comunidad que les brinda acogida. Además del sistema escolar, los espacios educativos no formales ofrecen importantes oportunidades de aprendizaje a los niños refugiados; en tal sentido, la SGI trabajará en estrecha colaboración con otras organizaciones en apoyo a estas iniciativas.

Notas

61. Véase ACNUR: «Datos básicos».
62. Véase UNICEF: «El número de niños refugiados y migrantes».
63. ONU. Asamblea General: «Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes», 8.
64. Ib.
65. ACNUR: «Yusra Mardini nombrada Embajadora de Buena Voluntad de ACNUR»
66. Ib.
67. Fihn: «Aikyan jimukyokucho intabyuu».

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