Las fuentes espirituales de las leyes sobre derechos humanos

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Apartado dos de trece de la propuesta de paz de 2018 del presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, “La construcción de un movimiento popular hacia una era de los derechos humanos.”

Eleanor Roosevelt, quien supervisó la redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos, con un póster de la declaración Eleanor Roosevelt, quien supervisó la redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos, con un póster de la declaración [Foto de UN Photo/CC BY-NC-ND]

El primer tema que quiero recalcar es que en el corazón de los derechos humanos yace el juramento de no permitir jamás que otro deba sufrir lo que uno mismo ha padecido.

El año pasado, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, creó un nuevo cargo dentro del organismo —representante especial del secretario general sobre la migración internacional— con la función de atender asuntos vinculados a los refugiados y a los migrantes. Hoy, en un mundo con 258 millones de migrantes [4] y un número cada vez mayor de refugiados, el énfasis en los estereotipos negativos —como los que consideran a estas personas una carga o una amenaza— está aventando un clima de creciente exclusión social.

Louise Arbour, la primera funcionaria en asumir dicho cargo, ha afirmado lo siguiente:

Algo que debemos poner de relieve es la necesidad de que se respeten y se protejan los derechos humanos básicos de los migrantes, como los de cualquier otra persona, sin que sufran discriminación alguna a causa de su situación. [5]

Este criterio debe ser la base para solucionar la crisis de los refugiados y de los migrantes.

Como muestra la historia del siglo XX y de sus dos guerras mundiales, la incitación al desprecio y al odio dirigida a ciertos grupos de personas puede eclosionar en tragedias de magnitud impensada. En la DUDH, aprobada en diciembre de 1948, tres años después del establecimiento de las Naciones Unidas, cristalizó la sabiduría adquirida a fuerza de muy dolorosas lecciones. Por ende, es fundamental reafirmar el espíritu de esta Declaración para resolver las diversas situaciones lesivas de los derechos humanos que hoy padece la humanidad, entre las cuales se destaca la discriminación contra los migrantes y personas refugiadas.

En junio de 1993, tuve oportunidad de dialogar con el doctor John P. Humphrey (1905-1995), el primer director de la División de Derechos Humanos de la ONU, quien colaboró en la redacción de la DUDH. A la hora de describir el significado de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el doctor Humphrey narró en términos conmovedores su experiencia personal habiendo sido él mismo objeto de tratos discriminatorios.

Nacido en Canadá, conoció la desdicha a muy temprana edad, cuando sus padres enfermaron y murieron. A su vez, sufrió graves quemaduras en un incendio y debieron amputarle un brazo. Huérfano y con una discapacidad, fue separado de sus hermanos e internado en una institución donde soportó repetidos abusos y maltratos a manos de sus compañeros. A poco de haberse graduado de la universidad, estalló la Gran Depresión, cuando llevaba apenas un mes de casado. Aunque tuvo la suerte de conservar su trabajo, para él fue una agonía ver las multitudes de personas sin empleo que había en las calles. Años más tarde, a fines de la década del 30, fue testigo presencial de la opresión fascista durante su permanencia en Europa como investigador; esto le hizo comprender la necesidad de dar un marco de protección internacional a los derechos de todas las personas.

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Observó, además, que la DUDH era el resultado de un trabajo colaborativo y que debía parte de su prestigio e importancia al hecho de que sus autores hubieran conservado el anonimato. Tal vez por eso las aportaciones que él hizo permanecieron lejos del conocimiento público, incluso luego de haberse retirado como director de la División de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, al cabo de veinte años de carrera. [7]

Aun así, cuando el doctor Humphrey me obsequió una copia facsimilar del manuscrito de la Declaración, cada letra en tinta parecía irradiar la oración de quien siembra las semillas de un mañana de dignidad para todas las personas. A lo largo de los años, la SGI ha exhibido este manuscrito de la DUDH en su exposición «Hacia un siglo de la humanidad: El panorama de los derechos humanos en el mundo actual», y en otras actividades similares.

En setiembre de 1993 me reuní con el doctor Humphrey por segunda vez, durante la primera exhibición de esta muestra en Montreal, Canadá. Ese día, le prometí transmitir a las generaciones venideras el espíritu de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Y puedo decir que ese compromiso se ha mantenido vivo hasta el día de hoy.

Notas

4. Véase UN DAES: «Population facts», 1.
5. Arbour: «Highlighting ‘positive impact’ of migration».
6. Seikyo Shimbun: «Kokka no shimin kara sekai no shimin e».
7. Véase Humphrey: «The Dean Who Never Was», 197.

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