Una cultura de los derechos humanos tejida con los hilos de una alegría colectiva

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Apartado siete de trece de la propuesta de paz de 2018 del presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, “La construcción de un movimiento popular hacia una era de los derechos humanos.”

Zeid Ra'ad Al Hussein, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos Zeid Ra'ad Al Hussein, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos [Foto de UN Photo/Violaine Martin/CC BY-NC-ND]

El tercer tema que quiero plantear es que los hilos que forman una cultura de los derechos humanos se tejen entrelazando experiencias de alegría compartida con los semejantes.

Con motivo del septuagésimo aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, el 10 de diciembre de 2017 se presentó públicamente una campaña alusiva en el Palais de Chaillot de París —el mismo lugar donde se promulgó en 1948 la DUDH—. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, señaló: «Debemos adoptar una postura decidida y rotunda: cuando apoyamos resueltamente los derechos humanos de los demás, también proclamamos nuestros propios derechos y los de las generaciones venideras». [32]

La conciencia que subyace a esta exhortación también se aprecia en otras campañas de las Naciones Unidas. Se advierte, por ejemplo, en JUNTOS, la campaña de las Naciones Unidas dedicada a mejorar la calidad de la vida de los refugiados y los migrantes, y en las actividades llevadas a cabo por HeForShe, el movimiento de solidaridad de las Naciones Unidas para la igualdad de género. Como sugieren los nombres de estas campañas, expandir las redes de solidaridad interseccionales es decisivo para construir una cultura de los derechos humanos realmente auténtica: algo intrínsecamente distinto de la tolerancia pasiva en la cual nadie comprende de verdad las dificultades experimentadas por el otro.

La tolerancia pasiva está muy lejos de la coexistencia en el sentido real del término; genera el peligro de que las acciones de la gente se mantengan en un nivel mínimo y superficial, limitadas a permitir que otros vivan en el vecindario de uno o a acatar lo que dictan las leyes y normas, sin ir más lejos de esto. La tolerancia pasiva no ayuda a las personas a reconocer activamente la humanidad de otras a quienes se percibe como «diferentes»; por ende, no es una práctica eficaz para contrarrestar las fuerzas de exclusión en períodos de tensión social exacerbada. Esto ha promovido un nuevo enfoque, liderado por las Naciones Unidas, que pretende crear una cultura de los derechos humanos basada en el trabajo conjunto, para orientar la conciencia de la gente hacia una sociedad donde todos puedan vivir con dignidad.

En el budismo encontramos la frase: «La alegría auténtica es la que secomparte con los demás». [33] A partir de este principio, creo que la fuente para crear una sociedad de convivencia mutuamente enriquecedora se encuentra en una forma de vida que nos permita alegrarnos de corazón cada vez que vemos a otra persona irradiar dignidad y expresar su máximo potencial.

El Sutra del loto describe una serie de escenas en que los discípulos de Shakyamuni, conmovidos al escuchar su enseñanza sobre la dignidad de la vida, comienzan a expresar en voz alta, uno tras otro, su juramento de vivir basados en ese principio. Esto genera una reacción en cadena de regocijo —enunciada en frases como «Mi mente se colmó de inmenso júbilo» [34] o «siente que su alma baila de alegría» [35] — que permite a todos sentir más profundamente la dignidad de la vida y su valor supremo.

El movimiento ciudadano de la SGI está impulsado por ese mismo sentimiento de alborozo compartido. Dicha alegría nace del trabajo por apoyar a cada individuo por encima de las diferencias, para que todos puedan desarrollarse mientras confrontan los desafíos de la vida; es lo que sentimos cuando vemos a nuestros amigos irradiar el brillo de su dignidad aun mientras batallan con las dificultades, y lo que uno mismo experimenta cuando celebra los progresos del otro como si fueran su propio avance. Este gozo recíproco, que se vive y se comparte con otros, es la fuente de la que mana nuestro movimiento.

artículo relacionado La llama de la bondad humana La llama de la bondad humana A pesar del cruel trato recibido, Mandela nunca dejó que decayera su confianza en la humanidad. Esta fe en la dignidad inherente de los demás es también el espíritu esencial del humanismo budista. Los derechos humanos -el imperativo de proteger esta dignidad- surgen del hecho de que cada persona es irremplazable, escribe Daisaku Ikeda en su propuesta de paz de 2018. Esta imagen de la celebración conjunta trae a cuento la experiencia del doctor Vincent Harding (1931-2014), quien me refirió, en nuestro diálogo, su participación en el movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos. En su época como estudiante de posgrado, el doctor Harding conoció personalmente a Martin Luther King (h) (1929-1968), quien lo recibió en su propia casa.

Este encuentro decisivo, que marcó su compromiso vitalicio con la causa, ocurrió en un período de gran convulsión para la sociedad estadounidense, cuando el boicot a los autobuses había despertado una marea de repudio al racismo institucional. Se vivía en bajo una tensión constante, sobre todo en los estados del sur. Allí, el malestar social recrudeció cuando a un estudiante afroamericano le prohibieron asistir a clase en la universidad, en un contexto en que esa misma exclusión, además, se repetía a diario en las escuelas secundarias.

El doctor Harding, que en esos años vivía en Chicago, comenzó a considerar la idea de crear una comunidad cristiana inclusiva, donde blancos y negros pudieran asistir juntos a la iglesia. En este proceso, sus camaradas se preguntaron:

¿Qué haríamos si estuviéramos en el sur, donde no solo es peligroso sino incluso ilegal que los blancos y negros vivan y trabajen juntos como hermanos? ¿Insistiríamos en vivir tal y como creemos, y seríamos fieles a nuestras relaciones, si ello nos metiera en graves problemas? [36]

Después de este debate, cinco amigos —dos negros y tres blancos— decidieron poner a prueba esta proposición viajando juntos al sur. Lo hicieron a las rutas en un viejo furgón y su primera escala fue en Arkansas; allí visitaron a las figuras centrales del movimiento que prestaba asistencia a los estudiantes de escuelas integradas (multirraciales) cuyo derecho a estudiar se estaba coartando. Allí, vieron con sus propios ojos las espantosas amenazas que recibían estos líderes.

Luego, viajaron a través de Mississippi, donde nada parecía contener la violencia contra los opositores a la supremacía blanca y a la segregación, y de allí fueron a Alabama, donde el doctor King se estaba recuperando, en su hogar en Montgomery, de una puñalada sufrida en un ataque reciente. Pese a la situación de salud del líder, su esposa Coretta Scott King (1927-2006) recibió hospitalariamente al grupo en su hogar y los condujo al encuentro con su marido.

El doctor Harding me contó lo ocurrido en la reunión:

Durante ese primer diálogo, se mostró impresionado de que nosotros cinco —dos negros y tres blancos— viajáramos juntos como hermanos.

Uno de sus objetivos principales, más allá de establecer derechos jurídicos para los negros, era crear lo que él denominaba una «comunidad amada» cuyos integrantes redescubrieran los lazos que nos unen fundamentalmente como seres humanos. [37]

No hace falta decir que, en opinión del doctor King, la adopción de nuevas leyes que enmarcaran una sociedad justa e igualitaria era una meta de enorme importancia que debía conquistarse con lucha. Los marcos jurídicos, como las leyes de derechos civiles, crean el marco para contrarrestar la discriminación y la opresión imperantes en la sociedad; en tal sentido, son absolutamente necesarios. Y sin embargo, el doctor King puso la mira en algo más elevado; buscó erradicar por completo los prejuicios y el resentimiento, y aspirar a lo que el doctor Harding describió como «una nueva América, donde blancos y negros, y las personas de cualquier color, puedan unirse y hallar una base en común para el bien común». [38]

En agosto de 1963, cinco años después de ese encuentro inicial entre ambos, el movimiento por los derechos civiles y su proceso de expansión culminaron en la marcha de Washington, que atrajo a multitudes de todas las etnias y orígenes. En su autobiografía, el doctor King narra los acontecimientos de esa jornada con palabras que captan el sentir de los participantes:

Entre las casi 250 000 personas que ese día viajaron hasta la capital, había muchos dignatarios y celebridades, pero el sentimiento estremecedor provino de las multitudes de personas comunes que, allí de pie, con majestuosa dignidad, descubrieron su propia determinación inamovible de lograr la democracia en el transcurso de su propia generación. [39]

El Dr. Martin Luther King (h) durante la Marcha por los Derechos Civiles en Washington El Dr. Martin Luther King (h) durante la Marcha por los Derechos Civiles en Washington [Public Domain]

Estoy seguro de que el sentimiento de los presentes era de indivisible alegría al ver que el afán colectivo de libertad y de igualdad provocaba un cambio tras otro en la sociedad. Su alegría no era solo el producto de ese viaje concreto a Washington, sino el fruto de un largo y arduo proceso, y de la acumulación de duras batallas que habían, finalmente, hecho eclosión ese día.

La marcha de Washington no solo fue histórica por la solidaridad que gestó entre personas de todos los orígenes, incluida una importante población blanca, sino también, como bien destacó el doctor King, porque unió a las tres principales religiones del país más que ninguna otra cuestión en la historia de los Estados Unidos en tiempos de paz. [40]

De manera similar, las gestiones de la SGI en pos de la abolición nuclear, entre las cuales se destaca nuestra reciente labor con diversas organizaciones religiosas para redactar y presentar declaraciones conjuntas, surgen de la determinación enfocada y sincera de crear una ola de cambio mediante la solidaridad entre ciudadanos comunes. El punto de partida de esta iniciativa fue un simposio interreligioso celebrado en Washington DC en abril de 2014, donde se reunieron representantes de las corrientes cristiana, islámica, judía y budista para debatir el problema de las armas nucleares. De esta contribución surgió un comunicado conjunto firmado por integrantes de catorce organizaciones confesionales distintas.

Desde entonces, esta red interreligiosa ha mantenido su reclamo en pos de la abolición nuclear y ha emitido ocho declaraciones conjuntas en fechas y eventos relevantes, como la Conferencia de Viena sobre el Impacto Humanitario de las Armas Nucleares, [41] en 2014; la Conferencia de las Partes Encargada del Examen del TNP, [42] en 2015; el segundo período de sesiones del Grupo de Trabajo de Composición Abierta de las Naciones Unidas, [43] en 2016, y las sesiones de negociación que dieron lugar al Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, en 2017. [44]

Estos lazos solidarios no solo existen en el reconocimiento de una misión común que enlaza las tradiciones religiosas; se manifiestan, también, en la profunda dicha de poder avanzar conjuntamente para resolver dificultades humanas cruciales.

En noviembre de 2017, la SGI participó en el simposio internacional «Perspectivas para un mundo libre de armas nucleares y para el desarme integral», realizado en el Vaticano. En una audiencia con los participantes de la conferencia, el papa Francisco denunció tanto el uso de las armas nucleares como su posesión. Tras declarar que estos armamentos creaban un engañoso sentido de seguridad, agregó que solo una ética de solidaridad podría dar sustento real a una convivencia pacífica. Asimismo, reconoció la importancia de esgrimir un «sano realismo» como el que exhibieron los numerosos Estados que respondieron a la naturaleza inhumana de las armas nucleares durante las deliberaciones que dieron lugar al TPAN. [45] Estoy completamente de acuerdo con estas ideas.

Hace cincuenta años, presenté mi primera declaración pública exhortando a establecer un consenso internacional sobre la prohibición de las armas nucleares; fue un mes después del asesinato del doctor King. Hasta el día de hoy, tengo presente la frase de su último discurso, donde se preguntaba en qué época de la extensa historia humana él elegiría vivir. Aunque destacó el interés de períodos como el Renacimiento, o de la época en que Abraham Lincoln (1809-1865) firmó la Proclamación de Emancipación, explicó que el presente era el momento histórico que él siempre escogería:

Sé que es una extraña afirmación, porque el mundo está revuelto. Tenemos una nación enferma; una tierra atormentada; y una confusión que nos rodea en todos los frentes. Es una extraña afirmación. Pero sé, de algún modo, que solo pueden verse las estrellas cuando reina la oscuridad. […]

Otra razón por la cual me alegra vivir en este período es que hemos llegado, forzosamente, a un punto donde no nos queda más remedio que afrontar los problemas que hemos querido resolver durante toda la historia. La supervivencia nos dicta el imperativo de solucionarlos. [46]

Prestemos atención a las palabras del doctor King. Adquieren suma relevancia, ahora que se está construyendo un fuerte consenso hacia una cultura de los derechos humanos, gracias a la tarea colaborativa de las Naciones Unidas y la sociedad civil, y, además, justo cuando entra en una fase crucial el movimiento para ratificar y poner en vigor el Tratado de Prohibición de las Armas Nucleares, que protegerá el derecho a la vida de todas las personas del mundo.

Lo que se erige ante nosotros es una labor que quedará grabada en los anales de la historia humana. El desafío de crear la nueva realidad de una sociedad global donde todos podamos vivir en paz y gozando de nuestra dignidad, no está fuera de nuestro alcance. Estoy firmemente convencido de que las redes solidarias entre personas comunes serán la fuerza motriz de esta construcción.

Notas

32. OACNUDH: «Values Enshrined in Universal Declaration of Human Rights».
33. Nichiren: Nichiren Daishonin gosho zenshu, 761.
34. Véase Comité de Traducción del Sutra del loto al español (trad.): El Sutra del loto, 48.
35. Ib., 57.
36. Ikeda y Harding: America Will Be!, 50.
37. Ib., 54.
38. Ib.
39. King: The Autobiography of Martin Luther King, Jr., 221-222
40. Véase ib., 222.
41. Ministerio Federal de Austria para Europa, Integración y Asuntos Exteriores: «Faith Communities on the Humanitarian Consequences of Nuclear Weapons».
42. ONU: «Faith Communities Concerned about the Humanitarian Consequences of Nuclear Weapons».
43. SGI: «Public Statement to the Open-ended Working Group».
44. Reaching Critical Will: «Public Statement to the First Negotiation Conference».
45. Francisco, S. P.: «Discurso del Santo Padre Francisco a los participantes».
46. King: The Autobiography of Martin Luther King, Jr., 360-222

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