Los derechos humanos de las personas mayores

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Apartado once de trece de la propuesta de paz de 2018 del presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, “La construcción de un movimiento popular hacia una era de los derechos humanos.”

Abuela con un nieto a la espalda y otro en su regazo En un mundo que experimenta un rápido aumento de la población de personas mayores, los derechos de las personas mayores deben ser protegidos [Foto de Asian Development Bank/CC BY-NC-ND]

A continuación, me gustaría referirme a los derechos humanos de la población de edad, un tema acuciante que confronta a la sociedad contemporánea.

Según las Naciones Unidas, en el mundo actual hay más de 900 millones de personas mayores de 60 años. Se estima que esta cifra ascenderá a 1400 millones en 2030. [68] Muchos gobiernos, particularmente en los países desarrollados, tienen dificultad para responder a los cambios imprevistos en la estructura social producidos por el envejecimiento demográfico y por la rápida declinación en las tasas de natalidad.

Este fue uno de los temas que se debatió en la octava reunión del Grupo de Trabajo de Composición Abierta sobre el Envejecimiento, celebrada en las Naciones Unidas en julio de 2017. Allí se señaló que, pese a que la DUDH proclama que todos los seres nacen libres e iguales en dignidad y derechos, el goce pleno de los derechos humanos disminuye con la edad, debido a las representaciones negativas que muestran a las personas mayores como personas poco productivas o menos valiosas para la sociedad, o como una carga para la economía y las generaciones más jóvenes. Los participantes manifestaron su acuerdo en que estos prejuicios y esta discriminación estructural pueden conducir a la exclusión social de las personas mayores y, por ende, deben ser contrarrestados.

La necesidad de proteger los derechos de las personas de edad fue tratada en un proyecto de resolución presentado por la Argentina en 1948 ante la Asamblea General de las Naciones, poco antes que se promulgara en París la DUDH. Sin embargo, durante muchos años los derechos de la tercera edad no formaron parte del interés de los gobiernos; el discurso internacional sobre el tema adquirió relevancia solo en 1982, con la Asamblea Mundial de Viena sobre el Envejecimiento. A partir de ello, en 1991 se adoptaron los cinco Principios de las Naciones Unidas en favor de las Personas de Edad: independencia, participación, cuidados, autorrealización y dignidad. Si bien la independencia (respetar la voluntad del sujeto), los cuidados (preservar la salud y la vida diaria) y la dignidad (asegurar una existencia a salvo de abusos y de discriminación) son, obviamente, aspectos esenciales para este sector de la población, también es crucial recordar que, por sí solos, apenas constituyen un punto de partida.

Esto trae a colación el diálogo que mantuve con el doctor Ernst Ulrich von Weizsäcker, copresidente del Club de Roma. Uno de los temas sobre los cuales conversamos fue la importancia de que las personas mayores pudieran vivir con satisfacción interior y sentido de propósito. A partir de su propia experiencia, el doctor Weizsäcker destacó que sería muy beneficioso para la sociedad crear condiciones que permitieran a la gente mayor seguir trabajando, si ese es su deseo. [69]

Concuerdo plenamente con su opinión; creo, sin ninguna duda, que contribuir de algún modo a la felicidad de los demás y del mundo, ya sea mediante el propio trabajo o de otras maneras, produce alegría y satisfacción en la vida. En tal sentido, los otros dos principios enunciados por las Naciones Unidas —participación y autorrealización— son indispensables para permitir a las personas de edad experimentar esa plenitud y ese valor en sus quehaceres cotidianos.

Es indudable que recibir un trato correcto resulta fundamental para experimentar la propia dignidad. Pero más importante incluso es ser considerado por los semejantes una fuente irremplazable de apoyo espiritual. Esto hace que la dignidad brille mucho más aún. La riqueza de estos lazos se sostiene aun en presencia de la enfermedad o en situaciones de dependencia de cuidados asistenciales. El solo hecho de vivir rodeados de personas que se alegran de nuestra presencia y que la celebran es algo que nos dignifica.

Hace tres años, la Soka Gakkai del Japón organizó una exposición titulada «La esperanza y la cultura de paz», que se propone contrarrestar las imágenes negativas sobre la vejez presentando las historias de personas mayores que están contribuyendo activamente al bienestar de los jóvenes y de la sociedad. La muestra invita a crear una cultura de paz y una sociedad más humana, donde se valore la sabiduría y la amplia experiencia de los adultos mayores.

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En el temario debatido por el Grupo de Trabajo de Composición Abierta sobre el Envejecimiento, se mencionó la necesidad de promulgar un instrumento jurídico internacional que proteja los derechos de las personas mayores; en tal sentido, espero que las negociaciones con miras a una convención de esta índole comiencen lo antes posible. Asimismo, quisiera proponer la realización de una tercera Asamblea Mundial sobre Envejecimiento en el Japón, donde la incidencia de la población de edad es mayor que en ningún otro país del mundo.

La Declaración Política y el Plan de Acción Internacional de Madrid acordados en la segunda Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento afirman que las experiencias y recursos de las personas mayores pueden ser «una ventaja para el crecimiento de sociedades humanas maduras, plenamente integradas», [70] y que, además de su función como líderes de la familia y de la comunidad, ellas pueden contribuir de manera positiva en situaciones de emergencia, o en los procesos de rehabilitación y reconstrucción.

Esto ha sido, efectivamente, lo que ocurrió en el Japón en el proceso de reconstrucción posterior al terremoto del 11 de marzo de 2011 en Tohoku. El Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030, aprobado en la Tercera Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre el tema, menciona que la participación de las personas de edad es indispensable para mejorar la capacidad social de respuesta ante el riesgo de desastres. [71]

El tratado sobre los derechos de los adultos mayores deberá basarse en los Principios de las Naciones Unidas antes mencionados. Además, podría incluir cláusulas referidas al «envejecimiento en el entorno local», un enfoque que permite a las personas seguir viviendo con dignidad y sentido de propósito sin tener que abandonar la comunidad a la cual están hondamente arraigadas.

Un aspecto central en las actividades religiosas de la SGI es el relato de las experiencias personales frente a las dificultades inevitables de la vida; nuestras organizaciones locales trabajan activamente para crear ámbitos donde estos relatos puedan ser compartidos. Muchos miembros mayores han encendido una chispa de esperanza y de valentía en el corazón de las jóvenes generaciones con palabras que llevan el aval de una rica y profunda experiencia.

En 1988, tres años antes de que se aprobaran los Principios de las Naciones Unidas en favor de las Personas de Edad, propuse que en la Soka Gakkai se creara el Grupo Muchos Tesoros, formado por nuestros miembros más veteranos. Un capítulo del Sutra del loto describe la aparición de una enorme torre colmada de tesoros, adornada con innumerables gemas y alhajas. Dentro de esa torre aparece un buda llamado Muchos Tesoros, que se presenta para corroborar con su testimonio la veracidad de la enseñanza de Shakyamuni sobre la dignidad inherente a todas las personas. Con esta imagen en mente, propuse ese nombre para este grupo de apreciados compañeros que han acumulado experiencias invalorables en los ámbitos indisociables que constituyen la fe y la vida. Tras la formación del Grupo Muchos Tesoros, también se crearon otros similares en regiones específicas del Japón: el Grupo Tesoros Longevos en Tokio, y el Grupo Tesoros Dorados en Kansai. Hoy existen agrupaciones semejantes en el mundo, como el Goldener Herbst (Otoño Dorado) en Alemania y el Grupo Diamante en Australia.

Nuestros amigos de edad son verdaderos tesoros para nuestra organización budista y para las comunidades donde viven. Han transmitido a otros la historia de su desafío mediante la práctica de la fe, ante las aflicciones ineludibles de la existencia que el budismo define como el nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte. Su contribución ha sido invalorable para perpetuar el legado espiritual del activismo pacifista dentro de la SGI, mediante el relato de sus experiencias en la guerra e, incluso, como sobrevivientes de la bomba atómica. También han ayudado a mantener redes de apoyo y de aliento durante los procesos de reconstrucción y recuperación de desastres, con su profundo conocimiento de la historia comunitaria y de las relaciones humanas vecinales.

La SGI seguirá promoviendo el intercambio de narraciones personales que transmiten a las generaciones futuras las lecciones de la vida, la guerra y los desastres. Con este propósito, trabajaremos concertadamente con otras organizaciones religiosas para celebrar simposios que infundan a la sociedad una nueva ética de protección de los derechos humanos y de la dignidad de las personas mayores.

Notas

68. ONU. DAES: «Chair Summary».
69. Véase Ikeda y Weizsäcker: Knowing Our Worth, 131-134.
70. ONU: «Declaración Política y Plan de Acción Internacional de Madrid sobre el Envejecimiento», 4.
71. Véase UNISDR: «Marco de Sendai», 23.

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