Coraje

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[Jacques Jangoux/Uniphoto]

Desarrollar la calidad del coraje es esencial para lograr cualquier cosa en nuestras vidas. Se requiere tener coraje antes de poder tomar una acción en cualquier empresa, y son las personas valientes en los diversos campos las que tienden a lograr sus metas y hacer realidad sus sueños.

Sin embargo, el coraje no siempre se entiende como una acción heroica en tiempos de peligro –puede consistir en el esfuerzo persistente y sin glamur de hacer lo que consideremos correcto.

En el budismo, el coraje o la intrepidez son muy valorados. En una de sus cartas, Nichiren, fundador en el siglo XIII del budismo practicado por los miembros de la SGI, instó a sus seguidores: “No sienta el más mínimo temor en su fuero interno. Lo que a uno le impide manifestar la Budeidad es la falta de valentía…”. (Los escritos de Nichiren Daishonin, pág. 668)

El budismo se originó en las enseñanzas de Shakyamuni hace unos 2.500 años, y los principios del Sutra del loto son los que subyacen concretamente en las enseñanzas de Nichiren. El Sutra del loto enseña que cada una de las personas posee un potencial infinito, y que a través de una práctica sincera, cada persona puede extraer ese potencial, permitiendo que su abundante creatividad florezca y contribuya al enriquecimiento de la sociedad.

artículo relacionado La juventud La juventud El budismo enfrenta de lleno la realidad de los “cuatro sufrimientos” del nacimiento, envejecimiento, enfermedad y muerte, pero como comenta Daisaku Ikeda, presidente de la SGI, “Sin duda hay muchas personas que, a medida que maduran, se vuelven cada vez más vigorosos y enérgicos”. Aunque sepamos intelectualmente que poseemos un gran potencial, a menos que reunamos el coraje para actuar desde este conocimiento, el potencial permanecerá sin materializarse. El budismo también enseña que los esfuerzos que realizamos para expandir y desarrollar nuestras vidas, inevitablemente harán frente a resistencias, en ocasiones severas, tanto desde dentro como desde fuera. Es a través de perseverar ante estos obstáculos y triunfar sobre ellos que podemos abrir muchas posibilidades de nuestras vidas y manifestar nuestra iluminación innata.

Naturalmente este proceso requiere coraje, pero también necesita tener fe. La práctica budista es un ejercicio continuo de la fe –fe, en definitiva, en nosotros mismos- en medio de la, muchas veces, dura realidad de la vida. Más aún, tiene su raíz en la comprensión de que la transformación positiva de nuestra propia vida provocará una consecuente transformación en la red de vida más grande en la que existimos.

Las enseñanzas budistas dan gran importancia a la sabiduría, y es fácil ver cómo, la simple falta de sabiduría es la causa de muchos de los problemas que acucian a la sociedad humana, tanto global como localmente. No obstante, a menudo se trata de la más fundamental falta de coraje lo que impide a las personas, especialmente a los líderes, actuar sobre lo que consideran correcto; por tanto, es una falta de coraje que está en la raíz de gran parte del sufrimiento que nos enfrenta como individuos y como sociedad.

Estrechamente relacionado con el ejercicio del coraje, está la convicción –la convicción en el derecho y posibilidad de que uno y los demás se sientan felices, libres y realizados. Tal convicción es la base para la justicia social y es la visión principal sobre la que se fundamenta el budismo. Se trata de un compromiso feroz e inflexible con una visión tal que dota al Buda con la calidad de la intrepidez.

Por tanto, el budismo ve el coraje como un elemento vital de la acción basada en el amor compasivo para ayudar a otros –así como la llave a nuestra habilidad para transformar nuestras propias vidas.

El proceso de reunir el coraje necesario para tomar acción es siempre el mismo, independientemente de cuán grande o pequeño pueda aparentemente ser un desafío.

Muchas personas viven sus vidas estancadas en una parálisis de temor, aparentemente incapaces de dar un paso adelante para superar un estancamiento o revelar el propio y verdadero potencial. Estos desafíos difieren para cada individuo, tanto en su naturaleza como en su magnitud. Lo que para una persona puede parecer un problema simple, otra lo podría experimentar como algo abrumador e insuperable. Pero el proceso de reunir el coraje necesario para tomar acción es siempre el mismo, independientemente de cuán grande o pequeño pueda aparentemente ser un desafío.

Además, en la medida en que sacamos provecho de esta fuente de coraje en nuestro día a día, afrontando sin temor los miedos que nos plantan cara en el aquí y ahora inmediatos, no solo transformamos positivamente nuestras propias vidas sino que también el mundo que nos rodea. Las posibilidades transformadoras del coraje existen alrededor y dentro de nosotros en todo momento. Como expuso el presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, “Esas cosas, que parecen insignificantes, tienen una gran importancia. Tal vez se trate de pequeños actos de valentía, pero no por ello pierden su valor. Y, precisamente esa resolución de avanzar siempre un paso más es lo que importa”.

[Cortesía de la revista SGI Quarterly, enero 2011].

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