Respetando los preceptos

1977

popularidad

El budismo se percibe a menudo como una religión regida por estrictas normas de autodisciplina, y el arquetipo del practicante es visto como alguien que soporta enormes austeridades. Ciertamente, en el budismo temprano, se desarrollaron normas elaboradas para la conducta diaria de monjes y monjas quienes habían hecho sus votos y se habían consagrado a la vida monacal. Existían 250 normas para los hombres y, reflejando el prejuicio social de la época, 500 para las mujeres. Estas normas regulaban aspectos como la dieta, horas de vigilia y de sueño y alentaban a una rutina diaria saludable y bien regulada. En muchas tradiciones budistas, estas reglas, llamadas vinaya en sánscrito, conservan una gran importancia.

Sin embargo, en su sentido original, los preceptos –shila en sánscrito- indican normas básicas del comportamiento humano a las que todas las personas aspiran por naturaleza. Los principales se formularon como los cinco preceptos: (1) no matar; (2) no robar; (3) no mantener relaciones sexuales ilícitas; (4) no mentir; (5) no consumir bebidas tóxicas. Aunque se hayan fijado como normas, más que simplemente prevenir ciertos actos, la meta de estas guías de comportamiento ha sido siempre la de alentar a una vida interior más autorreflexiva, fijando las condiciones para una práctica religiosa hacia el logro de la iluminación.

El cumplimiento estricto de los preceptos, en el sentido condicional de la conducta humana, ha sido suplantado por el ideal de la práctica del amor compasivo del bodhisattva.

Shila y vinaya se tradujeron al chino, y sus caracteres en japonés se pronuncian kai y ritsu. En el proceso de traducción, la combinación de estos dos caracteres, kairitsu, pasó a ser considerada como un único concepto y la acepción original se perdió.

La tradición Mahayana siempre ha hecho hincapié en un enfoque flexible de los preceptos. El cumplimiento estricto de los preceptos, en el sentido condicional de la conducta humana, ha sido suplantado por el ideal de la práctica del amor compasivo del bodhisattva –acciones motivadas por los creyentes laicos integrados plenamente en su comunidad, quienes alivian los sufrimientos y contribuyen al bienestar de los miembros de esa comunidad. Por ello, la aplicación específica de los preceptos debe ser regida según la época y el lugar. Por ejemplo, cuando el presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, viajó fuera de Japón por primera vez, sorprendió a algunos miembros japoneses de la Soka Gakkai que lo acompañaban, al decir que era correcto y natural para los miembros de Hawai participar en las reuniones con ropa informal y sentarse en sillas para orar, en lugar de estar arrodillados en el suelo como era la costumbre japonesa. Este enfoque demuestra el respeto por la diversidad cultural.

artículo relacionado La juventud La juventud El budismo enfrenta de lleno la realidad de los “cuatro sufrimientos” del nacimiento, envejecimiento, enfermedad y muerte, pero como comenta Daisaku Ikeda, presidente de la SGI, “Sin duda hay muchas personas que, a medida que maduran, se vuelven cada vez más vigorosos y enérgicos”. Muchos preceptos determinados fueron reemplazados por lo que se conocía como el precepto del cáliz de diamante. Este es un precepto que, como un cáliz de diamante, es imposible de romper. Esto, para las distintas escuelas, a menudo significaría una dedicación incondicional a un sutra o a una enseñanza en particular. El compromiso de los practicantes del budismo Nichiren al Sutra del loto puede interpretarse en términos contemporáneos, como la determinación de mantener la fe, en última instancia, creer en el potencial positivo tanto en uno como en los demás, y llevar a cabo esfuerzos constantes hacia su concreción. Desde la perspectiva del budismo Nichiren, nuestro máximo potencial –la capacidad ilimitada de sabiduría, amor compasivo y coraje, expresado como la Budeidad– es indestructible como un cáliz de diamante. Nuestra propia ignorancia y un comportamiento autodestructivo que crece desde esa ignorancia con una consecuente desesperanza podría ensombrecerlos, pero nunca hacerlos desaparecer. Este es el mensaje central del Sutra del loto.

Despertando desde el interior a un firme sentido de la dignidad inviolable de la vida, que se fortalece a través de la práctica diaria budista, nuestro comportamiento llega a reflejar de manera natural esta convicción a medida que nos distanciamos de acciones que degradarían nuestra propia humanidad o la de los demás. La experiencia de numerosos miembros de la SGI alrededor del mundo sirve como prueba de esta fórmula. Personas que antes estaban sumidas en ciclos de conducta que involucraban, por ejemplo, el abuso de drogas, conductas sexuales irresponsables o violencia (o menos dramáticas pero, en última instancia, conductas no menos destructivas basadas en la falta de autoestima) han reconectado con su verdadero sentido del valor interior. A medida que esta conciencia se arraiga, naturalmente se toma conciencia en la misma dignidad inherente en la vida de las demás personas. Sin la necesidad de un esfuerzo deliberado por seguir normas de conducta concretas, la determinación de poner en práctica este respeto por la santidad de la vida conducirá a una forma de vida que se ajusta a los ideales reflejados por los preceptos.

[Cortesía de la revista SGI Quarterly, julio 2004].

─── otros artículos ───

Nuestro mensaje

arriba