La iluminación de la mujer

5962

popularidad

[© ZenShui/Eric Audras/Getty Images]

Numerosos sutras budistas enseñaron que la mujer jamás podría ser un buda. Uno de ellos afirma: “Aunque los ojos de los budas de las tres existencias cayeran al suelo, ninguna mujer en ninguno de los ámbitos de la existencia podría jamás lograr la Budeidad”.

Esto sin duda refleja la visión imperante de la mujer en el siglo V a.e.c. en India, donde en cierto modo se les consideraba propiedad de sus esposos. Sin embargo, se dice que, en respuesta a petición de su tía y otras mujeres, Shakyamuni permitió que las mujeres se convirtieran en monjas y llevaran a cabo una práctica monástica tras establecer ocho reglas de obligado cumplimiento. De acuerdo con el especialista en estudios hindúes, el Dr. Hajime Nakamura, “La aparición [en el budismo] de una orden de monjas supuso un desarrollo asombroso para la historia de la religión en el mundo. Por entonces, no había existido tal orden religiosa de mujeres ni en Europa, ni en el norte de África, ni en Asia occidental ni el este de Asia. El budismo fue la primera tradición en crear una”.

Sin embargo, en los siglos sucesivos, la percepción predominante sobre la mujer empezó a reafirmarse, y comúnmente se creía que la mujer tendría que renacer como hombre y desempeñar interminables prácticas difíciles antes de poder lograr la budeidad. El bhikshuni sangha, u orden budista de monjas, declinó y casi desapareció.

Nichiren, monje budista del siglo XIII cuyas enseñanzas practican los miembros de la SGI, fue un firme creyente de la igualdad entre el hombre y la mujer. Escribió: “Entre aquellos que propagan los cinco caracteres de Myoho-renge-kyo en el Último Día de la Ley, sean hombres o mujeres, no debería existir ningún tipo de discriminación”. Esto fue una declaración revolucionaria para su época, en la que las mujeres eran casi totalmente dependientes de los hombres. Las “tres obediencias” dictaron que una mujer japonesa debería primero obedecer a sus padres; luego debería obedecer a su marido; y, finalmente, en la tercera edad, debería obedecer a su hijo.

artículo relacionado La juventud La juventud El budismo enfrenta de lleno la realidad de los “cuatro sufrimientos” del nacimiento, envejecimiento, enfermedad y muerte, pero como comenta Daisaku Ikeda, presidente de la SGI, “Sin duda hay muchas personas que, a medida que maduran, se vuelven cada vez más vigorosos y enérgicos”. Nichiren envió cartas de aliento a muchas de sus seguidoras mujeres y dio a algunas el título de “Shonin”, o “venerable”. La fuerza de la fe y la independencia del espíritu que muestran estas mujeres lo impresionaron profundamente. A Nichimyo Shonin, le escribió: “Con todo, nunca he sabido de una sola mujer que recorriera mil ris en busca del budismo como lo hizo usted. … De todas las mujeres del Japón, usted es la más sobresaliente devota del Sutra del loto”.

En el capítulo 12.º o “Devadatta” de la versión del Sutra del loto citado por Nichiren, Shakyamuni demuestra que la budeidad está al alcance “incluso” de una mujer. Se revela que una mujer dragona de ocho años ha sido capaz de lograr la budeidad rápidamente a través de practicar el Sutra del loto.

La niña, a menudo conocida como la hija del rey dragón, aparece y demuestra de manera dramática su logro de la budeidad, ilustrando el principio de convertirse en buda en la forma que uno posee. Revoca el pensamiento predominante de que la iluminación solo se puede lograr después de haber llevado a cabo interminables y difíciles prácticas por un periodo de tiempo extremadamente largo. La niña dragona posee la forma de un animal; es mujer; y es muy joven. Y que ella debería ser la primera en demostrar el logro inmediato de la budeidad es sorprendente, incluso impresionante.

De todas las enseñanzas contenidas en el Sutra del loto, la primordial es la que establece el logro de la budeidad en las mujeres.

Nichiren enfatiza: “…de todas las enseñanzas contenidas en el Sutra del loto, la primordial es la que establece el logro de la budeidad en las mujeres”. Y en otra carta, escribe: “Cuando yo, Nichiren, leo todas las demás enseñanzas excepto el Sutra del loto, no siento el menor deseo de ser mujer. Un sutra repudia a las mujeres por ser mensajeras del infierno. Otro las describe como enormes serpientes… Sólo en el Sutra del loto leemos que la mujer que abraza este sutra supera a las demás mujeres y prevalece, incluso, sobre todos los hombres”. Nichiren juró compartir el mensaje esperanzador del Sutra del loto con todas las mujeres del Japón.

El budismo considera las diferencias de género, raza y edad como diferencias que existen para enriquecer nuestra experiencia individual y sociedad humana en su conjunto. Al Sutra del loto a veces se lo conoce como la enseñanza de la no discriminación, porque revela que el estado de budeidad es inherente a todos los fenómenos. No hay diferencia entre hombre y mujer en términos de su capacidad para lograr la budeidad, ya que ambos son manifestaciones de la realidad última por igual. Si consideramos la eternidad de la vida, es también claro que podríamos nacer como hombre en una vida, y como mujer en otra.

El presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, declara: “Lo importante es que los hombres y las mujeres sean felices como seres humanos. El objetivo está en la felicidad verdadera; todo lo demás es un medio. […] La declaración de los derechos de la mujer implícita en el Sutra del loto afirma que cada persona posee el potencial y el derecho innato de construir un estado de vida de felicidad absoluta”.

[Cortesía de la entrega de SGI Quarterly de abril 2000].

─── otros artículos ───

Nuestro mensaje