Gratitud

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Nuestras vidas se sostienen por una compleja red entrelazada por el esfuerzo y consideración de incontables personas. Los esfuerzos diarios e inadvertidos de los demás se encuentran tras los innumerables elementos que sustentan y realzan nuestra existencia diaria, desde los alimentos que comemos hasta los productos y servicios que utilizamos. A cada momento, el medio ambiente natural apoya y posibilita nuestras vidas. La gratitud es el jubiloso reconocimiento de este hecho.

Si bien la afirmación “considerarse afortunado con lo que uno tiene” puede parecer banal, en tiempos de dificultad, un sentido de agradecimiento por lo que está bien en nuestras vidas puede cimentar y proporcionar una base para hacer frente y superar las dificultades. En este sentido, la gratitud es la clave para descubrir una perspectiva de vida más abierta y provechosa. El sentimiento de agradecimiento siempre viene acompañado por el hecho de elevar el estado vital y por la ampliación de la perspectiva de uno mismo. Y, cuanto más se expande nuestra vida, más profundo se vuelve nuestro sentido de agradecimiento, hasta el punto en el que podemos sentir agradecimiento, incluso, por los problemas que enfrentamos en la vida.

Daisaku Ikeda, presidente de la SGI, a menudo exhorta a los jóvenes a asumir desafíos difíciles para poder crecer. Ser capaces de volver la mirada atrás sobre los propios desafíos con agradecimiento es muestra de la victoria espiritual. Ser capaces de recibir, incluso, la más severa de las dificultades con un sentido de gratitud, arraigada en la firme seguridad de victoria absoluta, es una expresión de la condición vital libre e ilimitada de la Budeidad.

La gratitud es la clave para descubrir una perspectiva de vida más abierta y provechosa.

Es por eso que el sacerdote budista del siglo XIII, Nichiren, pudo declarar que sintió profunda gratitud hacia Hei no Saemon-no-jo, un funcionario gubernamental que le persiguió e intentó asesinarle. Fue precisamente debido a la persecución de Hei no Saemon-no-jo que Nichiren pudo comprobar y demostrar el poder de sus convicciones, dando lugar a una profunda fuerza y sentido de propósito desde el interior de su vida.

Las cartas de Nichiren a sus seguidores casi siempre comienzan con una detallada y cordial expresión de agradecimiento por las ofrendas y por el apoyo. Citando varios ejemplos de la historia, Nichiren escribe sobre la gratitud como componente esencial de nuestra humanidad. Daisaku Ikeda lo ha descrito como la esencia del budismo.

artículo relacionado La juventud La juventud El budismo enfrenta de lleno la realidad de los “cuatro sufrimientos” del nacimiento, envejecimiento, enfermedad y muerte, pero como comenta Daisaku Ikeda, presidente de la SGI, “Sin duda hay muchas personas que, a medida que maduran, se vuelven cada vez más vigorosos y enérgicos”. En cambio, la ingratitud es un resultado de la arrogante ilusión de que somos fundamentalmente indiferentes y diferentes unos de otros y de nuestro entorno. Perder de vista la realidad de la interdependencia mutua nos hace víctimas de los impulsos destructivos de la envidia y de la codicia.

Nichiren describe tres categorías de personas de quienes nuestras vidas dependen y a las que debemos nuestra gratitud. Estas son, en palabras de su época, el soberano, el maestro y el padre. Nuestra gratitud hacia nuestros padres es elemental, ya que a través de ellos surgió nuestra vida individual, conectados al mismo tiempo a la mayor red de la existencia. El maestro, en el contexto budista, se refiere concretamente al maestro que uno adopta para su práctica y fe. En un sentido más amplio, se refiere al papel indispensable de la educación en la vida humana y de todos aquellos que ayudan a moldear el desarrollo de nuestra personalidad a través de sus influencias positivas. El soberano, en el contexto contemporáneo, se refiere a la sociedad en sí.

En este sentido, el soberano, el maestro y el padre, todos ellos funcionan para realzar la vida. Estos incluso se pueden entender como representación de la naturaleza fundamentalmente compasiva del universo, el principal impulso evolutivo para avanzar hacia la expresión y cumplimiento de su potencial.

Mantener un sentido de agradecimiento conecta nuestras vidas con este impulso. Para honrar y actuar sobre ese sentido de agradecimiento –el “saldar las deudas de gratitud”– es un acto acorde con la dirección central del cosmos. Es para realizar esfuerzos en pos del desarrollo de nuestra personalidad, de apoyar lo que nos mejora y oponerse a lo que disminuye nuestra vida, de accionar basados en un espíritu valiente y humanitario –esto es lo que otorga una plena y hermosa expresión a nuestra humanidad y a la dignidad inherente a la vida. Esto podría considerarse como el espíritu esencial de la religión. Es el enfoque principal del movimiento de la SGI, que se centra en las cuestiones de lo que cada uno de nosotros puede hacer ahora para beneficiar a los que nos rodean. La paz y la transformación de nuestra sociedad comienzan por la puesta en práctica de este espíritu en nuestro entorno más próximo.

[Cortesía de la revista SGI Quarterly, julio de 2009].

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