Los diez factores de la vida

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En muchas enseñanzas del budismo, el Buda se presenta como un ser cuyas habilidades y sabiduría superan con creces a las de la gente común. El Sutra del loto, sin embargo, invalida por completo esta percepción, aclarando que las personas comunes poseen inherentemente los mismos atributos que el Buda y son iguales en su capacidad para manifestar las cualidades más profundas y positivas de la vida.

[© ALBERTO GHIZZI PANIZZA/SCIENCE PHOTO LIBRARY/Getty Images]

Los “diez factores de la vida”, expuestos en el segundo capítulo del Sutra del loto, son un componente clave de la explicación teórica de esta verdad. Analizan la vida en función de los elementos que son comunes a todos los fenómenos. Los diez factores forman parte del sistema teórico más amplio y abarcador de los “tres mil aspectos contenidos en cada instante vital”, establecido en China por el maestro budista del siglo VI Zhiyi (el Gran Maestro Tiantai, o T’ien-t’ai). Esta enseñanza constituye la base de la filosofía del budismo Nichiren y aclara que el potencial de la Budeidad es inherente a todas las cosas. Esto, dice el Sutra del loto, es algo difícil de entender y de creer.

Los diez factores se presentan en un pasaje del sutra que dice: “El verdadero aspecto de todos los fenómenos sólo puede ser comprendido y compartido por budas. Esta realidad consiste en apariencia, naturaleza, entidad, poder, influencia, causa interna, relación, efecto latente, efecto manifiesto y su coherencia del principio al fin”.

Elementos comunes a toda vida

Los primeros tres factores describen el marco básico de la vida. La apariencia se relaciona con las características físicas y los atributos, aquello que se puede ver. La naturaleza se refiere a aquellos aspectos de la vida que son esencialmente no físicos, nuestra disposición inherente y nuestro potencial latente. La entidad es la vida misma expresada como apariencia y naturaleza. Si la apariencia es una cara de la moneda y la naturaleza es la otra, la entidad es la moneda misma. Los tres aspectos son inseparables.

artículo relacionado La unidad de la vida y su entorno La unidad de la vida y su entorno El principio budista de la unidad del sujeto y el entorno (esho funi) significa que la vida (sho) y su medio ambiente (e) son inseparables (funi). Los siguientes seis factores describen las funciones y el funcionamiento de la vida, la forma en que la ley de causa y efecto opera en la vida. El poder describe el potencial para actuar o crear un efecto, y la influencia representa la acción o efecto producido cuando se activa este poder inherente. La causa interna es la causa latente en la vida. La relación se refiere a las condiciones internas y externas que desencadenan la causa interna, produciendo un efecto latente en las profundidades de la vida. El efecto manifiesto es el resultado perceptible que finalmente aparece. Por ejemplo, cuando una persona con tendencia a deprimirse (causa interna) sufre una decepción (relación), esto puede desencadenar su tendencia depresiva (efecto latente) y llevarla a un estado de depresión (efecto manifiesto). Su estado depresivo afectará a los que la rodean (influencia). La fuerza de tal influencia es una función de su poder.

El décimo factor, la coherencia de principio al fin, indica que los otros nueve factores están interrelacionados y son perfectamente consecuentes al expresar la misma condición de la existencia en un momento determinado. El efecto manifiesto de la depresión, en el ejemplo anterior, es coherente con la causa interna, la relación, etc…, del terrible estado de la depresión, que se percibirá en la apariencia de la persona y en la disminución de su energía. Una coherencia similar podría aplicarse a cualquier otra condición, como la alegría, la ira o la compasión.

Los diez estados

La tradición a la que pertenece el budismo Nichiren categoriza todas estas condiciones en diez estados de vida, o “diez mundos”, desde el infierno hasta la Budeidad, inherentes por igual a todas las personas. Estos diez mundos definen todo el espectro de la vida. Toda vida y todo fenómeno, en cualquier momento dado, manifiestan uno de estos diez mundos, no quedando ninguna expresión de vida al margen de estos diez mundos. En el estado de vida de infierno, la vida está colmada de frustración y sufrimiento; en el estado de vida de Budeidad, la vida está colmada de sabiduría, compasión e ilimitadas posibilidades. La vida manifiesta esta variedad de potenciales (los diez mundos) y es sinónimo de lo que Nichiren llamó la Ley Mística o Myoho-renge-kyo.

Las personas comunes poseen inherentemente los mismos atributos que el Buda.

Los diez factores explican de forma coherente el modo en el que la causa y el efecto actúan en la vida de las personas dando lugar a los diferentes estados de vida. El budismo Nichiren expone de forma explícita la ley de causa y efecto con el fin de manifestar el estado de vida de la Budeidad. En otras palabras, cualquiera que practique como Nichiren enseñó, experimentará el efecto de la Budeidad, independientemente de su capacidad o circunstancia.

La base de esta práctica es tener fe en que nuestras vidas en sí mismas son la Ley Mística y poseen inherentemente el espectro completo de las posibilidades de la vida.

Tal y como escribe Nichiren: “Cuando veneramos el Myoho-renge-kyo inherente a nuestra propia vida como objeto de devoción, la entonación de Nam-myoho-renge-kyo hace surgir y despliega nuestra naturaleza de Buda interior. A esto se refiere el término «Buda»”.

Recitar Nam-myoho-renge-kyo es un acto de afirmación de nuestra fe en nuestra naturaleza de Buda. Al mismo tiempo, la enseñanza de Nam-myoho-renge-kyo es la relación (en términos de los diez factores) que permite que el estado de vida de la Budeidad se manifieste en nuestra vida.

Nichiren instó a sus seguidores a comprometerse firmemente con su práctica budista y a triunfar en medio de las duras realidades de la vida. Su propia existencia se caracterizó por la lucha feroz y el esfuerzo constante en aras de la felicidad de las personas. Es a través de esta práctica continua, para nosotros y para los demás, como podemos aprovechar en su totalidad el maravilloso funcionamiento de nuestra naturaleza de Buda, saboreando un amplio estado de vida, libre de temores y en libertad.

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