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Una convicción inamovible

Shikha Singh
India

Shikha Singh y su familiaShikha Singh (derecha) y su familia

Conocí el budismo a los veintiséis años de edad. Estaba casada y tenía dos hijos. Mi esposo había recibido una buena educación, pero su salario alcanzaba a duras penas para la mantención de la familia. Una amiga llena de convicción y espíritu jovial me habló sobre la SGI, y decidí convertirme al budismo en 1994. Pronto me sentí plena y con el deseo de triunfar en todos los aspectos de mi vida cotidiana. Al ver mi cambio, mi esposo e hijos decidieron ingresar a la SGI también.

Empecé a estudiar ávidamente las orientaciones del presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, y los escritos de Nichiren movida por el intenso deseo de comprender el lazo de mentor y discípulo expuesto en el budismo. En abril de 2009, participé en un curso de capacitación de la SGI que se realizó en el Japón donde conocí al presidente Ikeda. Fue inolvidable. Al regresar a la India, puse todo de mí en las actividades de la SGI teniendo como norte a mi maestro.

Gracias a la filosofía del budismo, nació en mí el agradecimiento hacia mi familia, en especial, el respeto hacia mis hijos como personas con un infinito potencial. El principio de eternidad de la vida me permitió ampliar mi forma de pensar.

Un día, mi esposo fue despedido de su trabajo a pesar de su esfuerzo sincero. Se sintió desdichado e iracundo ante la injusticia que había sufrido. Pero decidimos enfrentarnos a la adversidad estudiando juntos los escritos de Nichiren. Una carta que Nichiren había dedicado a su discípulo Shijo Kingo atrajo la atención de mi esposo. Shijo Kingo fue una persona responsable pero temperamental, por lo que tuvo muchos problemas de relaciones humanas en su vida. Mi esposo se identificó con la personalidad de Shijo Kingo, por lo que decidió que cambiaría para actuar con mayor sabiduría mediante la profundización de su fe y conocimientos del budismo. Así, mi esposo encontró un nuevo empleo en donde se ganó la confianza de sus colegas trabajando con el tesón de tres personas, tal como lo orienta el presidente Ikeda.

A la par, otro escrito de Nichiren atrajo mi atención: "Lo que determina el vuelo de la flecha es la potencia del arco (…) y lo que guía los actos del marido es la fortaleza de la esposa". Este fragmento me permitió comprender que los problemas de mi marido se debían a mi propio karma, por lo que decidí que me desafiaría ante la adversidad, asumiendo los problemas como mis propios problemas, profundizando mi fe y consagrándome a la práctica budista. Pronto, mi esposo y yo empezamos a realizar actividades de la SGI juntos, visitando a los miembros en sus hogares para alentarlos.

Posteriormente, en 2001, reconocieron el dedicado trabajo de mi esposo, y él fue designado gerente general de una de las más grandes empresas de informática de la India. A esto, le siguieron varios otros cargos ejecutivos de gran importancia. En 2011, fue nombrado presidente ejecutivo de la filial india de una empresa transnacional con base en los Estados Unidos. La compañía opera en ciento veinte países y se jacta de seiscientos millones de dólares en ventas anuales. A pesar de sus responsabilidades profesionales, mi esposo continúa trabajando arduamente por los miembros de la Bharat Soka Gakkai y por la promoción de la paz.

En 2001, nos mudamos a Bombay, en donde vivían ochocientos miembros de la SGI. Ahora (en 2011), hay más de nueve mil miembros. Más de treinta amigos míos también decidieron ingresar a la organización. Todo este desarrollo es fruto del esfuerzo sincero de mis compañeros de la Bharat Soka Gakkai. Como discípula del presidente Ikeda, mi lema es "La derrota, ¡jamás!". Con esa consigna, seguiré luchando consagradamente en aras de la felicidad de la humanidad y la paz mundial, junto a mi familia y mis compañeros miembros.

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