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Tiempos de crisis

Andy Bastable
Reino Unido

Andy BastableEn mi primer año en la universidad, cuando el profesor preguntó a los alumnos qué estaríamos haciendo dentro de diez años, yo respondí: “Abasteciendo de agua a los pueblos de los países en desarrollo”.

Conocí el budismo en 1984 y tres meses después, luego de orar mucho, conseguí un trabajo en la India, con una ONG en Maharashtra, con la cual trabajé tres años en la construcción de represas y pozos de sondeo de agua para las comunidades marginadas. Luego, trabajé en Tanzania, Burundi, Congo, Somalilandia y Ruanda. En 1990, empecé a trabajar para Oxfam.

Baby in a bucket bath in Aceh Indonesia

Cuando ocurrió el genocidio de Ruanda, en 1994, ayudé en una tarea de rescate de los hutus conducida por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Una noche, nos pidieron que vayamos a donde se encontraba un tren de carbón que llevaba a los “últimos hutus ruandeses” a tomar un avión. El tren había sido detenido por otro grupo de hutus que huían blandiendo machetes. La avalancha de gente asfixió a quienes estaban en el fondo de los vagones. Mi tarea consistió en sacar los cuerpos; les tomaba el pulso y colocaba a los muertos a la derecha y a los vivos a la izquierda. Los sobrevivientes sólo miraban. Habían sobrevivido, ¿pero para qué? Para ser llevados de vuelta a Ruanda y ser juzgados por crímenes de guerra. Tenían una mirada sumisa y vacía, una total falta de esperanza. A partir de dicha experiencia, estoy convencido que inspirar esperanza es la clave para un mejor futuro para todos. Por ello me esfuerzo en mi trabajo y en mi práctica budista.Displaced people in a camp in Darfur Sudan

Luego, me dediqué a proyectos de agua y salubridad en Asia, América Latina, África Occidental y la ex Unión Soviética. Ahora, promuevo también la educación en salud pública y servicios sanitarios. Con proyección en el futuro, en Oxfam, nos estamos preparando para las más severas condiciones climáticas, tales como inundaciones, huracanes y sequías, el aumento poblacional y los conflictos civiles. El problema global del agua va a requerir que los gobiernos, la ONU y las ONGs trabajen juntos con un mayor grado de cooperación y coordinación. Para que cualquier sistema gubernamental logre cambios e impida mayores catástrofes, es preciso que un cambio de paradigmas. Es decir, que las personas desechen la codicia, el odio y la insensatez. La esperanza en el porvenir yace en el poder del ser humano de cambiar. Cuando cambiemos nosotros, el mundo cambiará.

[Nota: Un artículo relacionado fue publicado en el número de julio de 2008 de la revista SGI Quarterly.]

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