Volver a la lista

Tengo una misión

Margie Hunt
Estados Unidos

Por mucho tiempo, Margie Hunt, miembro pionera de la SGI de los Estados Unidos, ocultó sus recuerdos de la bomba atómica de Hiroshima, incluso a su hijo, a pesar de que había reconocido ser oriunda de aquel lugar y haber estado ahí el 6 de agosto de 1945. 

Margie recuerda que inmediatamente después de la explosión, vio a incontables víctimas errantes que caminaban desnudas con la piel quemada caída en tiras. Luego, en el hospital en donde estaba su hermana, los agonizantes pedían la muerte, y en las calles, el suelo estaba cubierto de cuerpos y trozos humanos que brillaban fosforescentes por la radiación.

La guerra marcó la vida de Margie. Su padre le había ofrecido establecer una tienda de confección, pero, en su afán de distanciarse de aquella terrible pesadilla, ella decidió emigrar al sur de los Estados Unidos en 1955.

En 1965, comenzó a practicar el budismo de Nichiren y entendió dicha filosofía en un sentido textual. En 2006, un encuentro con el alcalde de Hiroshima hizo que brotaran sentimientos reprimidos. Se dio cuenta de que mucha gente desconocía lo que había sucedido. Lloró y decidió que, finalmente, luego de sesenta años, ella debía contar su historia. Ella dice: “Siento que tengo la misión de compartir mi experiencia de guerra. El valor de la vida es inexpresable”. Ahora, ella insta a los demás basándose en las palabras del presidente Ikeda de la SGI: “Derriba las paredes de tu corazón. Si cambias tú, todo lo que te rodea también cambiará”.

[Nota: Un artículo relacionado fue publicado en la edición de julio de 2007 de la revista SGI Quarterly.]

▲ Arriba