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Resurgimiento a pesar del desastre

Shin'ichi Tanno
Japón

Shin'ichi Tanno en su trabajoShin'ichi Tanno (der.) en su trabajo

Actualmente, administro un negocio de la industria acuícola en Ishinomaki, prefectura de Miyagi. En la Soka Gakkai, me desempeño como coordinador de territorio de la División de Señores.

La ciudad de Ishinomaki y sus alrededores, en especial el área urbana, fueron gravemente dañados por la catástrofe sísmica del 11 de marzo de 2011, que registró 4,858 pérdidas fatales, 1,017 desaparecidos y la destrucción de 200 fábricas de procesamiento de frutos del mar que estaban situados en la zona portuaria.

Yo también perdí a miembros de mi familia, mi negocio y mi casa.

Ishinomaki después del tsunamiIshinomaki después del tsunami

En la mañana siguiente del terremoto, yo estaba ocupado ayudando a los evacuados del Centro de la Paz de la Soka Gakkai de Ishinomaki, cuando un miembro herido en la pierna nos informó que la región de Onagawa había "desaparecido completamente". La noticia me estremeció. Estábamos sin teléfono ni electricidad. Me preocupó terriblemente el bienestar de la gente que vivía en Onagawa, especialmente mi hermana menor y su familia.

Cuando llegué a Onagawa, el pueblo había desvanecido. Caminé entre los escombros y fui apuntando en una libreta los nombres de la gente que encontraba para tener datos de su paradero. La casa de cemento reforzado de tres pisos de mi hermana estaba hecha trizas. Llamé a mi hermana varias veces. Pero fue en vano porque el eco de mi voz se perdía entre las ruinas. Busqué a mi hermana en incontables refugios y morgues, y tuve que revisar miles de fotos de cadáveres. En todos esos sitios encontré a miembros de la Soka Gakkai tratando de ubicar a sus familiares. Lo único que podía hacer era decirles algunas palabras de aliento, para que mantuviesen las esperanzas de rencontrarse con sus seres queridos.

Cuando el diario Seikyo Shimbun de la Soka Gakkai llegó finalmente a nuestro centro cultural el 16 de marzo de 2011, sentí como si una luz de esperanza nos alumbrara. Todos leímos ávidamente el mensaje "¡No sean vencidos! ¡Tengan valor! ¡Tengan esperanza!" que el presidente de la SGI Daisaku Ikeda nos había dedicado a los damnificados, y conmovidos juramos una y otra vez salir adelante.

Shin'ichi Tanno conversa con miembros de su comunidadShin'ichi Tanno conversa con miembros de su comunidad

Mi familia cultivó algas marinas y ostras, generación tras generación. Cuando egresé de la universidad, me dediqué a trabajar como tramitador de derechos de pesca para la flota pesquera. Dos años atrás, me habían nombrado director ejecutivo de la empresa de mi hermana, donde nos dedicábamos a vender sardinas vivas para anzuelo de bonitos y a la piscicultura de alevines de salmón coho o plateado. Pero la empresa fue destruida por el tsunami, y mi hermana y su esposo, que eran los dueños, habían desaparecido. Tampoco pudimos encontrar a mi madre.

Tres meses después, cuatro propietarios de barcos pesqueros me visitaron. Me dijeron que habían solicitado a uno de sus clientes, que era propietario de barcos de captura de bonito, que me apoyara en el restablecimiento de mi empresa. Así, aunque la industria pesquera de Ishinomaki había sido diezmada, decidí dar la iniciativa por la reconstrucción de mi pueblo. Logramos que un grupo de operadores y pescadores de Kesennuma se aunara a nuestra iniciativa, y reiniciamos la pesca de sardinas para bonitos. La temporada de pesca de bonito del Pacífico se acercaba por lo que tuvimos que trabajar duro para que todo funcionase a tiempo. Tuvimos que navegar 400 kilómetros diarios para capturar sardina. A pesar de las adversidades, cuando terminó la temporada del bonito a finales de noviembre, los pescadores de Kesennuma habíamos registrado nuevamente la mayor cantidad de pesca de bonito de todo el Japón. Me sentí orgulloso de haber colaborado humildemente en este gran éxito.

Un día, visité un criadero de salmón plateado de la prefectura de Iwate. Los alevines medían un centímetro y medio cuando los sorprendió el terremoto, pero estaban creciendo sin problemas. Mi hermana había dedicado veinticinco años de su vida a la piscicultura. Cuando vi los peces, sentí que ella me decía que eran las semillas de la esperanza y que me pedía que me encargara de devolverlos al mar. Así que decidí hacerme cargo de poner en marcha dicha empresa en octubre. Cuando lo hice, los restos de mi hermana fueron hallados. Todavía no sabemos del paradero de su esposo y mi madre.

Con esfuerzo perseverante, nuestra granja hizo crecer 52 toneladas de ejemplares, los cuales fueron entregados en noviembre de 2011 a una empresa de piscicultura marina para su mayor desarrollo. Los peces saldrán al mercado en marzo de 2012, precisamente un año después de la catástrofe. El orgullo del pueblo de Miyagi es que ha sido el productor del 90% del salmón plateado del Japón durante mucho tiempo. Por eso, este logro es para nosotros el símbolo de la esperanza de la reconstrucción y el restablecimiento de nuestra colectividad y economía.

Está demás decir que la reconstrucción de Ishinomaki no se logrará sin la restauración de la industria pesquera y acuícola. Para honrar a nuestros preciados compañeros fallecidos, estoy decidido a vivir victoriosamente junto a los miembros de la Soka Gakkai de Ishinomaki, que viven todavía en albergues y en otros sitios del Japón.

[Fuente informativa: Soka Gakkai. Colaboración fotográfica: Shin'ichi Tanno.]

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