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Visión de la vida

Raymond Tam Kim Teck
Singapur

Raymond Tan Kim Teck

En 1977, fui diagnosticado con tuberculosis, después de graduarme de la Universidad Politécnica de Singapur como ingeniero mecánico. El tratamiento incluyó inyecciones diarias durante tres meses, al cabo de los cuales mi visión quedó permanentemente borrosa debido a una reacción alérgica. Fue en esa época angustiosa que mi madre conoció el budismo a través de mi tía, y yo comencé a practicar el budismo.

El primer beneficio de la fe, fue que pude terminar en un año un tratamiento de un año y medio de duración. Posteriormente, en febrero de 1980, comencé a trabajar como operador telefónico de uno de los bancos más importantes del mundo, tras recibir entrenamiento en la Asociación de Discapacitados Visuales de Singapur. Tuve la suerte de tener jefes comprensivos en dicha empresa. Por mi parte, me esforcé en superar mis limitaciones y vivir una existencia plena y valiosa.

En septiembre de 1999, cuando mi vida marchaba maravillosamente, descubrí un bulto en mi cuello. Una semana después, fue extirpado, y me informaron que se trataba de un linfoma maligno que se había diseminado. Recibí durante un mes un tratamiento diario de radioterapia, cuyo único efecto secundario fue la pérdida del cabello.

Durante dicho período, entoné Nam-myoho-renge-kyo varias horas al día, estudié los escritos de Nichiren, leí las orientaciones del presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, y las experiencias de los miembros de la SGI. En especial, hubo una frase de Nichiren que se convirtió en mi fuente de aliento: "Una espada es inútil en manos de un cobarde. La poderosa espada del Sutra del loto debe ser blandida por alguien valiente en la fe. Quien así lo haga será invencible como un demonio armado con una vara de hierro". (NICHIREN: Los escritos de Nichiren Daishonin, Tokio, Soka Gakkai, 2008, pág. 433.) Me dije: "Si mi determinación es débil, mi cuerpo perderá la batalla. Debo tener valentía para triunfar". Por otro lado, un antecesor en la fe me que me apoyaba señaló: "Si mantienes una fe firme comprenderás el significado de tu enfermedad". Luego, me di cuenta de que la dolencia me había permitido profundizar mi fe en el Gohonzon y fortalecerme como persona. Gracias a ello, me recuperé rápidamente y volví a mi trabajo. Incluso, mi familia y yo hicimos un viaje a Hong Kong para celebrar nuestra victoria sobre el cáncer.

A mediados de 2001, surgió otro problema. El banco donde trabajaba empezó a reducir su plantel de operadores telefónicos. En dicho momento, mantuve mi puesto gracias a que me había capacitado en la rama de la informática. Pero, en mayo de 2003, el departamento de operadores telefónicos fue cerrado y los empleados de dicha sección fuimos transferidos a otro centro de atención. Luego de tres meses, me pidieron que considerara jubilarme.

Como deseaba trabajar en la sección de ventas, oré mucho para demostrar que si tenía las aptitudes, y logré mi cometido. A pesar de que es una sección que demanda mucho de sus empleados, cumplí con cada norma mensual y recibí varios premios como el mejor agente de ventas telefónicas en 2004. Todo eso se lo debo al Gohonzon, y la convicción de que poseo la naturaleza de buda. Gracias a eso vencí cada desafío con coraje.

En octubre de 2005, me hospitalizaron por dolores estomacales. El médico no pudo determinar la causa, ni siquiera luego de una cirugía. Sin embargo, sentí un gran alivio al saber que no se trataba de un rebrote de cáncer. A pesar de que había descansado un mes, mis ventas superaron el objetivo mensual de mi sección.

En noviembre de 2006, mi gerente me nombró entre los candidatos al Premio al Mejor Vendedor de la empresa. De veinticuatro personas, quedamos cinco finalistas, los cuales fuimos entrevistados por el gerente general. Durante la entrevista mencioné unas palabras del presidente Ikeda. Gané el Premio al Mejor Vendedor y me nombraron representante del banco durante una convención que se realizó en Dubái.

Cuando reflexiono sobre los últimos treinta años, recuerdo las palabras del presidente Ikeda que nos enseña la importancia de perseverar con sinceridad en la fe durante diez, veinte y treinta años, para que la buena fortuna eche raíces en nuestras vidas y florezca la felicidad.

[Fuente informativa y fotográfica: World Tribune. Un artículo relacionado fue publicado el 22 de junio de 2007 de dicho periódico.]

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