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Preparados para lo peor

Marc Bergman
Estados Unidos

Hace cuatro años tomé una decisión riesgosa: dejar mi trabajo de consultor ejecutivo en Tokio y mudarme al otro lado del mundo, a Washington, D.C., para hacer una segunda maestría en una especialidad diferente, la gestión de emergencias y la seguridad internacional.

Preparing for the Worst, by Marc Bergman, U.S.A.

Mi interés en el tema había crecido en el transcurso de varios años al involucrarme en la organización de equipos de apoyo y seguridad para las reuniones de la SGI, en el Reino Unido, los Estados Unidos y el Japón. Además de proteger a los participantes, también debíamos mantener una postura servicial y atenta. Pero, finalmente decidí especializarme en la carrera luego de los ataques terroristas del 11 de setiembre. Tuve que hacer acopio de coraje para hacerlo, ya que me encontraba en medio de una terrible crisis familiar.

Una vez completados mis estudios de posgrado, comencé a trabajar en el campo de la gestión de desastres y seguridad para el gobierno de los Estados Unidos. Parte de mi labor consiste en coordinar las operaciones contra desastres y el terrorismo de mi agencia. Además, integro un grupo de alerta de desastres.

Establecer buenas relaciones de cooperación es importante en este campo. La falta de colaboración impide ayudar efectivamente a las víctimas de los desastres naturales o prevenir debidamente los ataques terroristas. Un aspecto importante de mi profesión es la prevención de crisis de la nación. Por ejemplo, recientemente se llevó a cabo un simulacro masivo de una supuesta explosión de bombas sucias o radiológicas en varias ciudades del país. También, se han realizado simulacros de huracanes que azotaron el litoral, o terremotos que afectaron la infraestructura básica de la nación. En tales ensayos, cada uno asume un rol diferente. La principal lección es “actúa como si fuese algo real y combatir como en la realidad”. Es decir, “actuar” o desempeñar papeles como si fuese verdad, de modo que, cuando tengamos que enfrentarnos a desastres naturales o humanos, estemos preparados para responder de la mejor manera. Lo más importante es la cooperación con entidades locales y nacionales y una buena relación personal con quienes se trabaja. De esa manera, se evita la pérdida de tiempo y se minimizan los obstáculos para responder a una crisis real.

Muchos consideran que las medidas que se tomaron cuando ocurrió el huracán Katrina, que azotó Nueva Orleans, fue un ejemplo de lo que no se debe hacer. A pesar de que la gente puso lo máximo de sí para ayudar a las víctimas del catastrófico desastre, el esfuerzo fue obstruido por el colapso de los sistemas a nivel local, estatal y nacional. Esto se debió, en parte, a la falta de cooperación y a una combinación de errores que se prolongaron durante un largo período de tiempo.

Mi práctica budista ha influenciado en mi postura de trabajo. Nichiren, el fundador de la escuela, enseña a ser considerado con las demás personas. Sus palabras son para mí una inspiración. Además, el presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, alienta constantemente a buscar siempre el diálogo y un punto de común acuerdo. Esto me ha ayudado a construir relaciones de cooperación y confianza. Cosa que apliqué recientemente, cuando surgió un desacuerdo entre mi equipo y otra agencia federal. Por primera vez en varios años, hemos alcanzado cierto consenso sobre la manera en que se trabaja, por lo que en el futuro, habrá una diferencia significativa. También, he enfrentado varias crisis personales. A pesar de ello, he podido superarlas con mi práctica budista; gracias a lo cual, estoy comprometido a proteger a otras personas con mayor valentía. El budismo me ha dado la fortaleza que se requiere para hacerlo. Hoy enfrento los desafíos con felicidad.

[Nota: Un artículo relacionado fue publicado en el número de abril de 2008 de la revista SGI Quarterly.]

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