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Por agradecimiento a mi madre

Hisako Nojo
Japón

Repaying My Debt of Gratitude, by Hisako Nojo, JapanEn una fría noche de invierno de 1974 volví a la casa de mi madre. Acababa de divorciarme. Mi hijo era aún un bebé. Así, mientras yo trabajaba, mi madre si hizo cargo del hogar y de la crianza de mi hijo. Cuando él cumplió seis años, le diagnosticaron una enfermedad congénita desconocida que le causó hipotiroidismo. Se nos dijo que esta condición podía afectar su desarrollo corporal y producir una serie de complicaciones. De hecho, su crecimiento físico era lento en comparación con los niños de su edad. Fue en tales circunstancias que mi hermana me habló del budismo de Nichiren, y comencé a orar y a participar constantemente en las actividades de la Soka Gakkai. Poco después, encontré un reconocido médico que se especializaba en enfermedades de la tiroides. Gracias al tratamiento recomendado por este doctor, mi hijo logró recuperarse y librarse de los efectos secundarios. Hoy, es un joven que goza de buena salud.

Mi madre se opuso cuando me convertí al budismo. Pero con el tiempo, ella también comenzó a practicar el budismo con entusiasmo. Le complacía apoyarme para que yo me dedicara a las actividades de la Soka Gakkai. Como yo era encargada de Distrito de la División Femenina, ella me alentaba a que cumpliera con mis responsabilidades de la organización. Sin su apoyo, no hubiera podido cuidar sola de mi hijo ni llevar a cabo una vida tan exigente.

Cuando mi hijo estaba en sexto grado de primaria, él se propuso ingresar en la Universidad Soka y empezó a prepararse con gran esmero con dicho objetivo. Nunca olvidaré la resplandeciente sonrisa de júbilo de mi madre cuando recibió la noticia de que su nieto había ingresado a la universidad de sus sueños. Sin embargo, la alegría duró poco. Una noche, mi madre no volvió a casa. La policía y los vecinos nos ayudaron a buscarla por todas partes. Al cabo de tres días, la encontramos agachada en una cabaña pequeña y aislada, exhausta y desarreglada. Así comenzó nuestra batalla contra la enfermedad del Alzheimer. Como en dicha época, el apoyo a las familias de los pacientes afectados por dicho mal era casi nulo, me vi obligada a regresar a la casa todos los días del trabajo a la hora del almuerzo, que quedaba a diez kilómetros, para alimentar a mi madre y asegurarme de que tomara sus medicinas y fuera al baño; luego, volvía volando al trabajo. Mientras trabajaba no podía alejarla de mi mente, ya que me preocupaba que saliera y se perdiera otra vez. Cada noche me desvelaba a su lado. No podía bajar la guardia, ni descansar un solo instante. Con pocas horas de sueño y agotada física y anímicamente, terminé profiriendo agravios contra mi madre en más de una ocasión. Su mirada triste y asustada permanece indeleble en mi memoria. Después de un tiempo, encontré una agencia que se encargaría de la asistencia de mi madre durante el día, la cual, al ver la situación de estrés en que me encontraba, accedió extender el servicio a tiempo completo.

En 1994, mi madre falleció pacíficamente a los ochenta y dos años. Antes de irse, me dio las gracias con voz tenue. Yo la estaba sosteniendo en mis brazos y le rogué que me perdonara por no haber sido más gentil con ella. Después de su muerte, en medio de la tristeza, me invadió aún más el sentimiento de culpa, pero la práctica budista me permitió superarlo y sentir que debía extraer algo positivo de dicha experiencia. Así, decidí hacer algo para aliviar la carga de las familias que se encuentran en situaciones similares. Luego de estudiar mucho, aprobé el examen nacional de trabajador social de asistencia geriátrica. Una vez obtenido el título, trabajé cuatro años para un hospital, y luego, en 2004, establecí una empresa especializada en servicio domiciliar para personas en situación de dependencia. Actualmente, somos un equipo de seis que atendemos a treinta pacientes. Siento que es la misión y la profesión de mi vida. Y, no la hubiera encontrado si no fuese por mi madre. Por eso, hoy me dedico a apoyar a otros con entusiasmo para retribuir mi deuda de gratitud.

[Nota: Un artículo relacionado fue publicado en la edición de enero de 2009 de la revista SGI Quarterly.]

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