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El planeta de los títeres

Lesley Butler
Reino Unido

Lesley Butler

Uno de los motivos por los que comencé a practicar el budismo era para hacer feliz a las personas, pero pronto me di cuenta de que debía comenzar por mi propia felicidad, ya que tenía una actitud muy cínica y negativa ante la vida. Poco a poco, comencé a asumir la responsabilidad de mi vida y a cambiar mi actitud, adquiriendo una mentalidad más abierta.

La autoexpresión no se veía con buenos ojos ni en casa ni en la escuela, pero tanto sola como con mis amigos creaba juegos basados en fantasías. Así, nos hacíamos preguntas como "¿y si…?", y luego esperábamos a ver qué respuestas y acciones surgían. Otra frase que solíamos utilizar era "imaginemos que…". Sigo disfrutando de la misma forma al dar vida a distintos objetos de uso cotidiano. Me siento afortunada de pertenecer a una generación en la que el juego, por lo general, era "casero" y "práctico", ya que creo que esto contribuye a desarrollar una inteligencia más creativa.

Siento que el acto de jugar es una parte fundamental del crecimiento y el desarrollo humano. Una persona solo puede saborear la plenitud de la vida si está preparada para soltar las riendas de los desenlaces predeterminados y compartir la maravilla de los encuentros imprevisibles con objetos, personas (¡u otros animales!). Jugar no es simplemente una actividad superficial; es más, la verdadera espontaneidad se forja a través de la disciplina, una intención clara y una puesta en práctica asidua.

Con respecto a manifestar mi propio potencial, las siguientes palabras de mi maestro –el presidente de la SGI, Daisaku Ikeda– me llegaron al corazón: "Nunca debes disminuir los esfuerzos para construir una nueva realidad para ti mismo. La creatividad significa abrir con fuerza las pesadas puertas de la vida. No es un desafío fácil, es más, puede ser la tarea más dificultosa del mundo, ya que abrir las puertas de la propia vida es más difícil que abrir las puertas a todos los misterios del universo".

Mi vida rezuma estas palabras y, gracias a ellas, en un principio comencé a trabajar en películas de la cadena BBC dirigidas a personas o grupos que no se sentían representados o correctamente representados por los medios de comunicación.

En la actualidad trabajo como artista –titiritera, clown, cuentacuentos y "profesora" de Punch and Judy (la más célebre obra de teatro de títeres de la tradición inglesa)–, ¡y llevo la sonrisa a los rostros de la gente! Además, tengo una tienda de marionetas en Londres donde vendo muñecos nuevos y antiguos de todo el mundo. El local también cuenta con espacio para un taller donde puedo ensayar, representar con y crear títeres, además de rodar películas que los tienen a ellos como protagonistas. El nombre que he escogido para la tienda es Puppet Planet (El planeta de los títeres), ya que somos nosotros, los seres humanos, quienes "manejamos los hilos" del planeta Tierra según el principio budista de la inseparabilidad entre el sujeto y su ambiente.

En mi opinión, la alegría de jugar es la presencia de ánimo para transformar al instante cualquier acontecimiento u objeto, independientemente de las circunstancias. Así fue como descubrí la fuerza del arte de titiritera: utilicé dos envases de yogures, convertí las esquinas en bocas "parlantes", los llamé "Bill y Suzy" y descubrí que mis dos hijos hacían todo lo que estos personajes les decían, incluso si les pedían que se lavasen los dientes y se fueran a dormir.

La magia del teatro comienza cuando el público cree lo inverosímil; comienza cuando empiezo a mostrar y no me limito a decir, ya que a nadie le gusta que le digan lo que tiene que hacer. Sigo disfrutando haciendo que distintos objetos cobren vida; por ejemplo, un sombrero amarillo que utilizo se puede convertir en el Sol, y una sencilla bufanda de color azul, pasar a ser un riachuelo.

Asimismo, utilizo los títeres de forma terapéutica cuando trabajo con adolescentes que han sido expulsados de la escuela por mala conducta. A veces, se encuentran en centros de seguridad donde acudo a representar Punch and Judy, una obra bulliciosa y bufonesca. Después del espectáculo, los animo a debatir si representar la violencia puede ser liberador o no y, seguidamente, les entrego las marionetas para que puedan contar su propia historia.

Soy testigo de cómo diversas personas encuentran su voz, al decir a través de los personajes de las marionetas cosas que, de otro modo, no se habrían dicho a sí mismas. El arte de titiritero proporciona la libertad de expresar ideas y sentimientos y es una manera perfecta de transmitir información, además de verdades espirituales.

Durante un reciente viaje financiado en parte por una beca del Arts Council England (Consejo para las Artes de Inglaterra) para hacer un estudio sobre el arte del titiritero en la India, tuve la oportunidad de encontrarme con maestros del mismo y de aprender numerosas técnicas. Gracias a la SGI y a mi maestro, Daisaku Ikeda, he podido hacer pleno uso de mi talento y capacidad.

[Fuente informativa y fotográfica: SGI Quarterly, edición de julio de 2013]

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