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Encontrando el enfoque

Nitin Upadhye
India

Nitin Upadhye[Crédito fotográfico: Yamini Upadhye]

Abandoné el instituto, discutí con mis padres, me escapé de casa y viví en las calles de Bombay, todo persiguiendo mi sueño de lograr un futuro como fotógrafo. Sin embargo, muy pronto, al no tener ningún éxito y estando desesperado, regresé a casa de mis padres. Para mi sorpresa, fue mi madre quien me alentó a no rendirme. Por eso, volví a Bombay para intentar concretar mi sueño una vez más.

Hace diecisiete años era un joven resentido y frustrado que intentaba desesperadamente hacer algo con mi vida. En esa época, mientras trabajaba en un encargo con una compañera, esta interrumpió una conversación para preguntarme: "¿Por qué estás tan enfadado?".

Le aseguré que mi enfado se debía a que era incapaz de lidiar con mi propia vida.

Me dijo que podía transformar mi vida mediante el budismo, pero le respondí que ese tipo de filosofías eran meras teorías y que la verdad era que en la vida real nada funcionaba. Sin embargo, continuó hablándome sobre las enseñanzas de Nichiren; sus palabras me conmovieron y decidí comenzar a practicar.

En las reuniones de la SGI de la India (BSG), me sorprendió encontrar personas que hablaban acerca de su vida y de sus desafíos de una manera sincera y abierta con el fin de inspirar a otras a ser más felices. Su amabilidad y sincera calidez hicieron que reflexionara acerca de mi propia actitud.

No obstante, no fue hasta tres años más tarde que quedé realmente impresionado. Me habían pedido que realizara una presentación sobre la historia de la Soka Gakkai durante la posguerra en una reunión de diálogo. Para ello, leí acerca del tema, y me llamó mucho la atención la increíble dedicación durante esos años del hoy presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, y de su maestro, Josei Toda, además de su pleno compromiso con el trabajo en bien de la felicidad de todas las personas.

Jóvenes de Cachemira realizando prácticas de fotografíaJóvenes de Cachemira realizando prácticas de fotografía [Crédito fotográfico: Nitin Upadhye]

Me invadió una nueva e intensa emoción: la preocupación por el sufrimiento humano.

Entre 1999 y 2001 participé en actividades de ayuda humanitaria de la BSG tras varios desastres naturales ocurridos en distintos lugares de la India. El trabajo que realicé en estos proyectos fortaleció mi deseo de contribuir al mundo en el que vivo, un sentimiento que se reafirmó cuando viajé a Cachemira a tomar fotos para un libro. Lo que más me llamó la atención fue la falta de espontaneidad entre los niños de la región. Las niñas caminaban casi en silencio, hablando en voz baja entre ellas; los niños mayores parecían estar perdidos. Sus rostros me angustiaban.

Cinco años más tarde, me puse en contacto con la Fundación por un Mundo sin Fronteras (BWF por sus siglas en inglés), una ONG con sede en Pune que entonces atendía dos –ahora ya son cuatro- hogares para niñas huérfanas y desplazadas por el conflicto armado en Cachemira. Rodé una película sobre estos hogares titulada Basera-e-Tabassum (La casa de las sonrisas) que sirvió para dar difusión y obtener apoyo al proyecto.

Agentes de cambio

Comencé a preguntarme qué pasos podía dar para implementar el intercambio cultural y de ideas del que habla el presidente Ikeda en sus propuestas de paz. Pensé en su ensayo "Profesores de mi infancia", en el que describe la emoción que sentía al ir de excursión con el colegio. También recordé haber visto una fotografía, tomada en 1928, del primer presidente de la Soka Gakkai, Tsunesaburo Makiguchi, con alrededor de cincuenta alumnos de la escuela primaria Shirokane durante una excursión al Monte Takao, cerca de Tokio.

Inspirado por estas ideas, propuse que las jóvenes de Basera-e-Tabassum protagonizaran un intercambio cultural y educativo recorriendo distintos pueblos y ciudades durante las vacaciones de invierno. Al principio, la idea encontró cierta resistencia. Sin embargo, finalmente la comunidad local aceptó el proyecto y las niñas pudieron viajar acompañadas por dos profesores locales. El primer grupo, formado por veintisiete niñas en edades comprendidas entre los nueve y los catorce años, realizó una excursión de cinco semanas a Pune y sus alrededores. Pude grabar una película de once minutos sobre esta excursión.

Estudiando las imágenes antes de iniciar el proyectoEstudiando las imágenes antes de iniciar el proyecto
[Crédito fotográfico: Adhik Kadam]

Al regreso, proyectamos la película durante un almuerzo al que asistió todo el pueblo, que no pudo parar de aplaudir. El grupo ha ido creciendo año tras año. Además, en octubre de 2008 comencé a impartir clases de fotografía a varias jóvenes. En 2009, cinco de ellas ganaron premios nacionales por sus fotos y al año siguiente se realizó una exposición de sus fotografías en Nueva Delhi. Actualmente, estas niñas están trabajando en un libro sobre Cachemira y se encargan tanto del texto como de las fotos. Tenemos el deseo de realizar una exposición itinerante de sus fotos por todo el mundo.

En 2011, la Sociedad de Cine para Niños de la India invitó a un grupo de trece niñas de diez a catorce años a su festival internacional. Por primera vez, las jóvenes pudieron ver películas protagonizadas por niños y realizadas por personas de religiones, idiomas y culturas diferentes. Tras esta experiencia, constantemente tenían nuevas ideas. Ahora, quieren rodar películas y contar su propia historia.

Desde 2008, mi vida y las de las niñas de Basera-e-Tabassum han cambiado mucho. La fundación BWF ahora tiene grupos de voluntarios en distintas ciudades. Además, los viajes culturales y los talleres de fotografía se han convertido en proyectos consolidados de la fundación. Desde el principio, el objetivo de estos proyectos ha sido el de empoderar a las huérfanas, despertar su infinito potencial y permitir que participen en una amplia variedad de actividades tanto dentro como fuera de Cachemira, y a través de ello ayudarlas a manifestar en sus vidas sus habilidades, su potencial y su fortaleza. Nuestro deseo es que en el futuro todas las niñas se conviertan en agentes de cambio en Cachemira.

Mi determinación es desarrollar el proyecto para involucrar a la comunidad en su totalidad. Actualmente estamos en proceso de abrir una biblioteca para los niños del pueblo, y organizamos revisiones médicas para las mujeres. Ponemos todo de nuestra parte para que expertos de distintas universidades e integrantes del gobierno participen en nuestros proyectos.

Mi determinación es sencilla: utilizar mi vida y mis habilidades para implementar las ideas del presidente Ikeda en las comunidades en zonas de conflicto.

[Fuente informativa y fotográfica: SGI Quarterly, enero de 2014]

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