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El cambio comienza conmigo

Aurélie Neame Koueli
Costa de Marfil

Aurélie Neame Koueli
Aurélie Neame Koueli

Conocí el budismo de Nichiren Daishonin en 1992. Al comienzo, yo fui la única de mi familia que no se mostró a gusto con la práctica budista. Pero después, en 1996, decidí ingresar en la SGI. Solía sufrir de terribles migrañas y los sedativos que tomaba no aliviaban el dolor. Una noche en la que tuve verdaderos problemas para dormir, mi hermano mayor me convenció probar la entonación del Nam-myoho-renge-kyo. Al hacerlo pude descansar apaciblemente.

Gracias a la oración y la filosofía budista empecé a cambiar muchas cosas en mi vida. Pude cambiar la relación con mi familia, especialmente, la relación conflictiva con mi padre, gracias a que comprendí que la verdadera causa de mi desdicha yacía en mi propia vida. Al orar por la felicidad de mi padre, mi padre y yo fuimos acercándonos cada vez más; ahora, me habla con una sonrisa en el rostro. Mis migrañas desaparecieron.

El cambio más notable fue en mis estudios. Aunque nunca había sido una buena alumna, redoblé mis esfuerzos y, para sorpresa de mis padres, mejoré mis calificaciones al punto de recibir varios certificados de mérito. Posteriormente, me gradué en Administración de Empresas y Derecho Mercantil Internacional, presentando una tesis sobre Derecho del Mar, con énfasis en las leyes de protección del medio marítimo. Deseaba convertirme en alguien que pudiese contribuir al desarrollo de Costa de Marfil.

El budismo enseña el concepto de unidad de la vida y su entorno. Además enseña a crear valor en la vida, sobre la base del entendimiento de que el ser humano se desarrolla en estrecha conexión con el medio en que se encuentra. El bienestar del medio ambiente depende del cambio de conciencia de cada individuo.

Como había estudiado sobre las convenciones marítimas internacionales en la universidad, pude participar en la elaboración de los documentos que regirían el marco legal y administrativo de una nueva entidad creada en mi país: la Unidad de Policía contra la Contaminación (UNIPOL, por su acrónimo oficial). Al ver mi desempeño en dicho proyecto, mi tutor de tesis intercedió para que yo pudiese trabajar de tiempo completo en el Centro Marfileño para el Combate de la Contaminación (CIAPOL, por su acrónimo oficial), donde estaba haciendo mis prácticas. El trabajo en CIAPOL es todo un reto, pero me encanta lo que hago, ya que quiero ser una abogada especializada en medio ambiente.

Debido a la situación sociopolítica y económica de Costa de Marfil, la degradación ambiental está en un nivel muy avanzado. La contaminación de los tres elementos básicos de agua, suelo y aire ha llegado a un nivel tan grave que representa un riesgo para la vida de la población. En CIAPOL estamos haciendo todo lo posible para que nuestros connacionales puedan vivir en un entorno más saludable y equilibrado. A veces, uno vacila y se siente desfallecer cuando no puede comprobar los efectos positivos de los esfuerzos que hace. Pero el budismo enseña que uno es protagonista de su propia vida y que uno puede abrir nuevos caminos. Soy responsable de mi vida. Por eso, sigo esforzándome al máximo, en donde estoy ahora, para contribuir al futuro de mi país.

[Fuente informativa y fotográfica: SGI Quarterly, abril 2012.]

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