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Por la cura del sida

Michele Di Mascio
Estados Unidos

Michele Di MascioMichele Di Mascio

Conocí el budismo en 1999, a los veintiocho años de edad, cuando me encontraba en Roma. Pasaba por momentos difíciles, de inseguridad y miedo, porque había decidido manifestar abiertamente mi homosexualidad en la sociedad, y mi pareja, quien me había hablado sobre budismo, era portador del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Pero, encontré aliento en las reuniones budistas, en donde los miembros contaban cómo habían superado el temor, la enfermedad o los problemas económicos.

Yo acompañaba a mi pareja en sus citas mensuales con el médico, con el deseo de apoyarlo a vivir y a luchar contra el sida. Un día, volví a casa deprimido por los resultados del examen de monitoreo virológico de mi compañero. Yo estaba haciendo un doctorado en farmacología, pero deseaba tan intensamente hacer algo para combatir el VIH, que me armé de valor y envié un correo electrónico a uno de los científicos más reconocidos del campo, en mi defectuoso inglés, expresándole que yo también quería contribuir en algo. Para mi sorpresa, me respondió al día siguiente, invitándome a ir a los Estados Unidos como investigador asociado postdoctoral.

En octubre de 1999, ya estaba trabajando con especialistas importantes en el Laboratorio Nacional de Los Álamos, Nuevo México. Me había propuesto erradicar el VIH. Era una meta tan colosal, de la cual ni la comunidad científica se atrevía a hablar abiertamente en aquellos tiempos. Por supuesto, yo tampoco me atrevía a mencionarlo a mis compañeros, pero nunca desistí de la idea.

En los once años siguientes experimenté éxitos y derrotas, tanto en lo personal como en lo profesional. En 2011, me designaron integrante de un grupo de trabajo internacional para la cura del VIH, creado por la Sociedad Internacional del Sida (IAS, por su acrónimo oficial).

Puedo decir que el experimento más estimulante que estoy haciendo es el del impacto del budismo en mi vida. El budismo me ha permitido vivir con mayor sabiduría y amor compasivo; y ha encauzado mi vida por un camino enriquecedor que supera lo científico. Aunque aún no he podido encontrar la cura del VIH, tengo la convicción de que la determinación de crear valor es la clave de cualquier logro científico. Y, pienso que me están permitiendo realizar este trabajo tan significativo, no por mi capacidad intelectual, sino por la postura de desafío y lucha que aprendí del budismo.

La persona que me dio a conocer el budismo se encuentra muy bien. Su sistema inmunológico es como el de un joven saludable.

[Fuente informativa y fotográfica: SGI Quarterly. Un artículo relacionado fue publicado en el número de enero 2012 de dicha revista.]

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