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Enfermedad y el Camino Medio

Meri Everitt
Reino Unido

Meri EverittMeri Everitt

En 2004, me diagnosticaron fibromialgia, el cual es un trastorno caracterizado por el dolor crónico y la fatiga.

Siempre fui muy activa. Solía trabajar arduamente durante muchas horas y mantenía una vida social muy activa. Al enfermar, no pude cambiar ese estilo de vida. Me negué a aceptar mi condición y a buscar el apoyo apropiado. Perdí amigos, empleo y dinero.

Tenía dos años practicando el budismo de Nichiren cuando se manifestaron los síntomas. Así que oré Nam-myoho-renge-kyo para recibir el tratamiento médico adecuado. Fui a varios doctores y probé todo tipo de terapia alternativa. Como resultado de la oración y la acción, logré encontrar al mejor especialista. Aunque me habían recomendado varios doctores antes, no había acudido a ellos porque no me sentía lista para encarar la enfermedad… Mediante la oración, día a día, pude extraer sabiduría, valentía y amor compasivo.

Como cualquier otro síndrome complejo, la fibromialgia sigue siendo una enfermedad sin cura o tratamiento infalible. Por experiencia personal, creo que lo más difícil de mantener cuando uno padece una enfermedad, especialmente cuando la batalla es larga, son la determinación y la esperanza. Sin embargo, gracias a la práctica budista, he aprendido a enfrentar mi realidad sin perder las esperanzas de curarme. Hay un concepto budista que explica que el camino de la Budeidad yace en los dos elementos de "realidad" y "sabiduría". Por eso, ahora, acepto y respeto mi cuerpo. Estoy decidida a no rendirme y a luchar por la concreción de mis sueños. No pierdo el entusiasmo y tengo una visión de futuro.

La enfermedad me ha enseñado a buscar el equilibrio. Por ejemplo, a esforzarme en mantener el bienestar y reducir la frustración. Cuando oro encuentro el "camino medio" que enseña el budismo, pues veo que actúo con mayor optimismo y equilibrio. Me alimento de manera saludable (no aguantaría un día sin comerme una manzana o verduras) y priorizo el descanso cuando estoy fatigada. Actuar con sentido común y mantener una vida equilibrada son requisitos para disfrutar de bienestar. También me he dado cuenta lo importante que es eliminar las tensiones si queremos llevar una vida creativa.

Mi trastorno físico es difícil de comprender para amigos y familiares. Eso toma tiempo. La gente suele juzgar inadecuadamente mi condición y darme consejos inapropiados. Sin embargo, la enfermedad me ha enseñado a ser más fuerte y a comprender el significado profundo de la vida. Es cierto que, de vez en cuando, siento desesperación. Sin embargo, pienso que esto tiene sus aspectos positivos. He podido desarrollarme y quizás mi experiencia ayude a otros como yo. La enfermedad genera en la persona que la padece mayor amor compasivo y comprensión hacia el prójimo. Mucha gente que sufre dolencias no es comprendida por las personas que la rodean, por lo que la experiencia de alguien en condiciones similares puede ser valiosa.

Con la práctica budista he adquirido un enfoque más positivo de la enfermedad. Para mí, estar saludable significa no claudicar y mantener la esperanza en el futuro. Uno puede ser feliz y crear valor aunque esté enfermo.

[Fuente informativa: SGI Quarterly, abril de 2013.]

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