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Medicina para el corazón

Christian Duncker
Alemania

Comencé a practicar el budismo en 1987 en Ulm, Alemania, donde estudiaba medicina y trabajaba en una producción de ballet. En mi tercer año en la Universidad de Ulm, uno de los bailarines me habló sobre el budismo y, aunque no entendí muy bien, decidí probarlo. La oración me permitió ser más alegre y abierto. Yo había decidido estudiar medicina porque me sentí aceptado cuando trabajé en un asilo de ancianos. Gracias al budismo, comprendí que quería ser doctor por inseguridad, para ser querido por los demás, y aprendí a contrarrestar dicha inseguridad fortaleciendo mi propia condición vital.

En mis primeros años en el Hospital Universitario de Ulm, trabajé en la sección de hematología y oncología, en el trasplante de médula y el tratamiento de leucemia y linfoma. El budismo me ayudó a ser más empático con los pacientes. Mi experiencia más trascendental fue con una paciente de leucemia de diecinueve años, llamada Stefanie, a quien traté por más de un año.

Stefanie recibió un trasplante de células de su hermana Margit y desarrolló posteriormente una reacción inmunológica por el injerto. Contrajo neumonía por infección micótica y fue hospitalizada nuevamente en febrero de 1999. Un día, me encontré con ella en el pasillo del hospital, cuando estaba por hacerse un estudio de rayos X. Quedé turbado por la gravedad de su condición; al ver su sufrimiento, por primera vez, no pude contener las lágrimas. Al día siguiente, Margit vino a decirme que ambas se preguntaban por qué yo no las visitaba. Reuní coraje y fui a su habitación después de mi turno. Stefanie no podía respirar y hablar simultáneamente. Sentí el deseo de hablarle sobre la eternidad de la vida y el budismo. Terminé conversando sobre la esperanza. Stefanie me dijo: “Por sus rostros, sé que los médicos han perdido la esperanza en que yo mejore. Pero yo todavía tengo esperanzas. Siempre he sido así. Jamás me rindo”. Esa misma noche, falleció cuando dormía. Fui la última persona con la que habló. El tratamiento médico que se le brindó fue el más correcto; fue imposible evitar su muerte.

Christian y su familia

Mi decisión es brindar lo mejor de mí a mis pacientes. Soy consciente de que hay una cosa que yo no puedo cambiar como médico: el karma o el destino. Sin embargo, la práctica del budismo me brinda la fortaleza, la valentía y el buen ánimo necesarios para ser un mejor médico. Cada paciente necesita ser alentado, y, al final de la jornada, un doctor se siente exhausto. Para mí, la práctica del budismo me infunde energía y misericordia. En la SGI, los miembros dan su mejor esfuerzo para trabajar por la felicidad de los demás, estudian el budismo y renuevan constantemente su deseo de superarse. Yo también, deseo llegar al corazón de mis pacientes para brindarles ánimo y esperanza. Ahora trabajo como especialista en medicina interna en Wuppertal. Me ofrecieron el trabajo por mis habilidades sociales. Mi objetivo futuro es abrir mi propia clínica y ayudar a enfermos terminales que luchan contra el cáncer. Siento que el budismo nos enseña a manifestar la energía vital necesaria para conectarnos con los demás, y ser personas más fuertes, alegres y misericordiosas.

[Nota: Un artículo relacionado fue publicado en el número de julio de 2001 de la revista SGI Quarterly.]

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