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Descendiente de las naciones originarias

Larry Loyie
Canadá

Larry Loyie (izquierda)Larry Loyie (izquierda)

Crecí en los bosques del norte de Alberta, Canadá, como miembro de la Nación Cree (el pueblo indígena más grande de Norteamérica). Mi abuelo, Edward Twin, me enseñó las tradiciones de mis ancestros y todo lo que debía hacer para vivir una vida digna. De él aprendí a amar los bosques y nuestra cultura.

A la edad de nueve años, fui separado de mi familia y la hermosa vida de los cree para ser puesto en un internado para aborígenes. El gobierno canadiense había establecido más de ciento treinta escuelas residenciales de ese tipo, las cuales eran administradas por las iglesias y tenían como objetivo despojar a los niños aborígenes de su cultura, su lengua y sus tradiciones. Cada año, yo vivía diez meses separado de mi familia y mi gente. Era duro, pero inevitable: si los padres se oponían eran encarcelados. La existencia de estos lugares fue ocultada durante casi cien años al resto de la población. Innumerables familias fueron privadas de su derecho a criar a sus propios hijos. Los hijos fuimos víctimas de una tenebrosa historia; nos avergonzaba hablar de nuestro pasado y de lo que habíamos sufrido, temerosos de que no nos creyeran y se burlaran de nosotros.

Dejé la escuela a los trece años y comencé a trabajar picando piedras en una finca. Durante los siguientes cuarenta años, realicé toda clase de oficios. Cuando cumplí los cincuenta y tantos, decidí concretar mi sueño de ser escritor. Fue en esa época que conocí a Constance Brissenden, que era mi profesora de redacción y miembro de la SGI. Ella me habló de la SGI y del budismo de Nichiren, y eso cambió mi vida. Comencé a leer las obras del presidente de la SGI, Daisaku Ikeda. Todo era nuevo para mí. Quería estar seguro si podía confiar en Daisaku Ikeda. Al cabo de cierto tiempo, tras entrar en contacto en sus amplios conocimientos sobre el budismo y su postura en defensa de los derechos humanos, quedé totalmente convencido de que sí podía. Lo primero que me sorprendió del budismo fue la similitud con lo que me había enseñado mi abuelo.

Al leer los escritos de Nichiren, comprendí que las respuestas no estaban fuera de mí mismo. La filosofía de Nichiren se convirtió en mi fuente de valentía. La entonación del Nam-myoho-renge-kyo se convirtió en mi sostén en los momentos más cruciales. Esto sucedió cuando, por ejemplo, escribí mi primer libro infantil As Long as the Rivers Flow (Mientras los ríos sigan fluyendo), en el que narré mi doloroso pasado en la escuela residencial. El budismo, además, se convirtió en mi fuente de esperanza. Así, escribí el libro Goodbye Buffalo Bay (Adiós a la Bahía Búfalo), en el que relaté mi último año en la escuela y los dos años posteriores.

El 11 de junio de 2008, el primer ministro de Canadá, Stephen Harper, expresó las disculpas oficiales del gobierno a las Naciones Originarias (entre las que se incluían los grupos étnicos de los métis e inuit) por los daños infligidos durante un siglo a causa de las escuelas residenciales. Las disculpas constituyeron el reconocimiento gubernamental de la existencia de dicha historia oculta. Fue un momento sumamente significativo para las víctimas. Finalmente, podíamos contar nuestro pasado sin temor a la incredulidad de la gente o a las represalias. Ya no tengo que soportar preguntas de gente que duda sobre la verdad y la gravedad de los delitos cometidos hacia los pueblos aborígenes.

Aunque el sistema de escuelas residenciales destruyó muchas familias y se cobró numerosas vidas, me enorgullece afirmar que no consiguió destruir nuestras culturas. En la última década, he realizado más de mil doscientas presentaciones en establecimientos educativos de todo el Canadá y he recibido una impresión favorable de los programas y planes académicos que se están introduciendo ahora para enseñar sobre los aspectos positivos de la vida aborigen. Hoy puedo hablar abiertamente sobre la escuela residencial. La verdad ha quedado expuesta, y yo abrigo esperanzas para el futuro. Los niños de nuestros pueblos, finalmente, son recordados y honrados.

[Nota: Un artículo relacionado fue publicado en la edición de octubre de 2011 de la revista SGI Quarterly.]

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