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El cartel de la esperanza

Ken'ichi Kurosawa
Japón

Ken'ichi Kurosawa y su esposaKen'ichi Kurosawa y su esposa

La empresa para la cual trabajaba desde que tenía veinticuatro años quebró por la recesión en la década de 1990. Luego, la segunda compañía para la cual trabajé también cayó en bancarrota. Lo mismo pasó con mi tercer empleo. Pero pude seguir avanzando gracias al budismo. En mayo de 2005, me independicé por recomendación de uno de mis clientes, y establecí una plomería que prosperó rápidamente. En diciembre de 2009, concreté mi sueño de remodelar mi casa a modo de sala de exhibición de nuestros servicios.

Sin embargo, el 11 de marzo de 2011, el terremoto y el tsunami destruyeron y se lo llevaron todo. La ciudad de Ishinomaki, en donde vivía, quedó completamente devastada. Yo sobreviví al maremoto trepando a lo alto de un pino. Tuve que pasar aquella oscura y fría noche arriba del árbol. Apenas bajó el nivel del agua al amanecer, busqué a mi esposa Kayoko en medio del lodo y los escombros, sin poder ver bien por el humo de los incendios ocasionados por el tsunami y por las lágrimas de frustración. Pero, la encontré. Y estaba viva.

A los diez días, fui a buscar si había quedado algo de lo que teníamos en donde supuestamente estaba nuestra casa. Al llegar, divisé un asa entre los escombros. Era mi antiguo taladro portátil. Tenía la caja quebrada y estaba lleno de tierra. Le quité el lodo con profunda emoción. La desolación del desastre desapareció gracias a ese hallazgo, y sentí que renacía en mí la esperanza.

Para vencer la impotencia, decidí construir un cartel enorme que demostrara mi determinación de reconstruir mi vida. Dos amigos me ayudaron a hacerlo con la madera, los clavos y los tornillos que rescatamos de los escombros. Y orando sinceramente por la reconstrucción de nuestro pueblo, trazamos las palabras Gambaro! Ishinomaki (¡Adelante, Ishinomaki!). Finalizamos nuestro trabajo el 11 de abril, justamente un mes después del fatídico día. El cartel de 1.8 por 10 metros se erigía en medio de las ruinas de la devastación, sobre el terreno donde estaba mi antigua casa. Mi pueblo estaba sumido en el dolor, la desesperación y el desamparo. Quería que, siquiera uno de nuestros habitantes, recobrase la esperanza con el mensaje del letrero.

Cartel de aliento erigido por K. KurosawaCartel de aliento erigido por K. Kurosawa

Al principio, no me había dado cuenta del alcance que tendría el cartel. Lo único que quería era corresponder al aliento que me había brindado mi maestro, el presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, quien, comprendiendo nuestro sufrimiento, nos pidió que perseveráramos con la tez en alto. A lo largo del año que ha transcurrido, mucha gente me ha expresado su agradecimiento, diciéndome que el cartel les infundió la valentía para seguir adelante. Fotos del letrero también han aparecido en muchos diarios nacionales, como símbolo del inquebrantable espíritu del pueblo de Ishinomaki. Esto me ha permitido comprender lo importante que es dar un paso adelante en los momentos más adversos.

Ahora tengo un nuevo empleo y he conseguido un crédito bancario. Ha pasado un año del maremoto y estoy muy ocupado trabajando como plomero, regulando termas y atendiendo a los clientes de toda la ciudad. Mi próxima meta es reconstruir mi casa y la sala de exhibición.

Después de todo lo que ocurrió, he podido armarme de una inamovible determinación de que no permitiré que el sufrimiento continúe. Transformaré mi sufrimiento en fortaleza. Esa es mi misión.

[Fuente informativa y fotográfica: SGI Quarterly, julio 2012.]

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