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Contra el abuso de la mujer

Kate Wiggins
Canadá

Kate Wiggins

Practico el budismo de Nichiren desde 1980. Trabajo como directora ejecutiva del albergue más grande de Canadá para mujeres y niños víctimas del abuso, desde 2003, y soy presidenta del comité directivo de Changing Ways, una agencia sin fines de lucro dedicada a erradicar la violencia contra la mujer.

Yo misma he sido víctima del abuso. Mi padre era alcohólico y estuve sometida por mucho tiempo a agravios físicos y psicológicos. En adición, una semana antes de ingresar en la SGI, fui víctima de una violación sexual. Pero encontré una fuente de esperanza en el budismo, que enseña que todo ser humano puede ser feliz y puede contribuir a la paz mundial. Los miembros de la SGI me alentaron cálidamente compartiendo mis penas. Con su apoyo y la oración logré superar mis problemas y el sentimiento de vergüenza.

Tengo un hijo y tres nietas, quienes me incentivan a trabajar por la creación de un mundo más pacífico y seguro.

Incursioné en la rama del servicio social, en especial en el de la erradicación de la violencia contra la mujer, tras obtener el título de maestría en Trabajo Social. Hace poco, participé en un proyecto de asesoramiento para los integrantes masculinos de familias de alto riesgo, que fue llevado a cabo por la asociación de entidades de apoyo a las víctimas de la violencia, la policía y una sociedad dedicada a brindar apoyo en el ámbito judicial, el cual produjo excelentes resultados.

Mi afán en este oficio relacionado directamente a la comunidad es establecer un sistema de apoyo efectivo de entidades gubernamentales y especializadas para las víctimas de la violencia y el abuso. No es una tarea fácil. El desafío más grande es aunar los esfuerzos de cada sector de la sociedad, a pesar de que no siempre sean compatibles en términos de responsabilidad, directriz, sistema de financiamiento, estructura de servicios, etcétera.

El presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, escribió en 2004: "La paz no es un concepto abstracto, alejado de nuestra vida cotidiana. Se engendra en medio de la realidad de nuestro diario vivir, cuando sembramos, en lo más recóndito de nuestro ser, las semillas que le dan vida y las hacemos germinar a lo largo de nuestra existencia. Sé, sin el menor asomo de duda, que ese es el camino que conduce a una paz imperecedera".

Aún existen mujeres que son víctimas de la agresión. Todavía, en muchos lugares, la mujer no puede hacer oír su voz en la creación de leyes; su trabajo no es apreciado, valorado ni pagado. Pero a pesar de ello, la mujer tiene la capacidad de aunar sus fuerzas, mancomunar esfuerzos, apoyarse mutuamente y resurgir del dolor. La mujer tiene el poder de cambiar el mundo a través del diálogo. Lo que debemos hacer es construir un mundo de comprensión y respeto mutuo, en el que las personas se traten mutuamente tendiendo en consideración la dignidad suprema de la vida. La única forma de lograrlo es que cada uno ponga de su parte y aporte con su grano de arena, en el lugar que se encuentre. Soy afortunada de poder dedicarme a un trabajo en donde mi experiencia es útil para los demás y en donde puedo apoyar directamente a muchas personas. Como budista, siento que mi tarea es compenetrarme y comprender sinceramente a cada una de ellas. Junto a ellas, deseo crear un futuro mejor.

[Nota: Un artículo relacionado fue publicado en la edición de enero de 2011 de la revista SGI Quarterly.]

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