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Alianza contra el hambre

Huntley Nicholas
Japón (Estados Unidos)

De izq. a der.: Huntley Nicholas, Charles McJilton, Mary McJilton y Yusuke WadaDe izq. a der.: Huntley Nicholas, Charles McJilton, Mary McJilton y Yusuke Wada

Yo abracé el budismo de Nichiren en 1985. En marzo de dicho año, realicé un viaje a Etiopía con un colega para grabar un documental sobre la entrega de una cuantiosa remesa de harina y frazadas, que había sido donada por la federación de iglesias cristianas evangélicas afroamericanas más antigua de los Estados Unidos. Me vi en la situación en que yo, un budista de color oriundo de Boston, Massachusetts, estaba acompañando a una delegación de bautistas afroamericanos.

Como encargado de sonido, visité campamentos de refugiados en los que vivían personas tan desnutridas que ya no tenían fuerzas para ahuyentar las moscas que se posaban sobre sus caras. Las imágenes de la miseria causada por el hambre quedaron grabadas no solo en la película, sino también, de manera imborrable en mi memoria. Quedé profundamente impactado por el sufrimiento humano que vi en Etiopía. La crisis del pueblo etíope, aquejada por una grave hambruna que había sido acarreada por las sequías, las malas cosechas y la prolongada guerra civil en el norte del país, conmocionó a millones de personas en el orbe entero. Era evidente que una significativa parte de la población mundial carecía de la seguridad alimentaria más básica.

Cuando regresé a los Estados Unidos, cambié de trabajo. La experiencia en Etiopía me hizo reflexionar sobre la vida. Decidí que nunca más haría dinero del sufrimiento ajeno. Era algo que había tenido en mente durante mucho tiempo y, finalmente ahora, estaba dispuesto a cambiar, a hacer mi revolución humana.

En la primavera de 2003, cuando ya habían pasado nueve años desde que me había mudado a Tokio, me enteré de que un antiguo compañero de trabajo, Charles McJilton, había creado la organización benéfica Banco de Alimentos del Japón –la primera de su tipo en el país— con el afán de rescatar el comestible que se desechaba diariamente. Por aquella época en el Japón, se desechaban cinco a nueve millones de toneladas de comida excedente de manera anual, mientras innumerables desamparados vivían en parques, a la vera de los ríos o bajo puentes. En el Japón también había inseguridad alimentaria.

Así, empecé a ayudar como voluntario del banco de alimentos, todos los sábados por la tarde, empaquetando y distribuyendo víveres que habían sido donados por un hipermercado. Luego, estuve involucrado hasta seis días a la semana, ya que mi profesión me permitía disfrutar de un ritmo de trabajo independiente. Cotidianamente, ayudaba a descargar camiones, almacenar productos, entregar las donaciones a los necesitados y preparar las más de seiscientas porciones de sopa que se repartían cada sábado por la tarde en el Parque de Ueno de Tokio.

En 2006, fui designado vocal de la junta administrativa del Banco de Alimentos del Japón, que por entonces había adoptado otro nombre: Segunda Cosecha del Japón (2HJ, por su acrónimo oficial). En 2010, fundé con otros compañeros la organización Segunda Cosecha de Asia (2HA, por su acrónimo oficial) dedicada al aprovisionamiento de víveres y la asistencia alimenticia en el este de Asia. Ambas organizaciones trabajaron para ayudar a los damnificados por la catástrofe sísmica del Japón, de marzo de 2011. Aquel año, Segunda Cosecha del Japón distribuyó mil quinientas toneladas de alimentos (6.639 paquetes de comida), en las regiones más afectadas. Muchas personas, empresas y organizaciones de todo el orbe enviaron ayuda financiera y material. Innumerables personas vinieron hasta el Japón para apoyar como voluntarios las actividades que impulsaban entidades como Segunda Cosecha del Japón. Entre ellas, estuvieron también los miembros de la SGI.

La práctica para uno y para los demás es un aspecto elemental de la vida de un budista. De la misma manera, la lucha contra el hambre y la malnutrición, a la que me dedico a través de Segunda Cosecha del Japón y Segunda Cosecha de Asia, está también sustentada en el profundo deseo de hacer de este mundo, un sitio mejor para todos.

[Fuente informativa y fotográfica: Revista SGI Quarterly, enero de 2013.]

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