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Lucha contra el VIH/SIDA

David Le Page
Sudáfrica

David (segundo de la izquierda) con un equipo de filmación e investigadores
David (segundo de la izquierda)
con un equipo de filmación e investigadores

Sudáfrica aún está luchando contra la epidemia del SIDA, que cambió drásticamente la demografía desde 1994. Se estima que cinco millones de habitantes han sido afectados por el VIH, mil personas mueren diariamente y medio millón necesitan medicamentos antirretrovíricos. Pero la gente todavía tiene esperanzas.

Yo nací en Sudáfrica y me convertí al budismo en Ciudad del Cabo, en 1989. Mi trabajo como periodista de un diario nacional a finales de los 1990, me permitió conocer más sobre la enfermedad. En 2001, me mudé a Londres, pero jamás olvidé a los convalecientes que morían sin que nadie se percatara.

Basado en el principio budista de que toda enfermedad puede ser transformada en medicina, llegué a la conclusión de que el VIH/SIDA era una oportunidad sin igual para que la población del continente uniera sus esfuerzos, su talento y su valentía para enfrentar la pandemia y demostrar al mundo la apertura de una Centuria de África, como lo ha denominado el presidente Ikeda de la SGI. Teníamos que enfrentar el miedo a la muerte, atesorar cada día, reconocer nuestros lazos con el prójimo desconocido y superar nuestra debilidad como sociedad.

A comienzos de 2003, creé un sitio en la Internet para publicar mis reflexiones. Por ese intermedio, conocí a la Campaña de Acción para la Cura (Treatment Action Campaign) y su presidente Zackie Achmat, los cuales fueron nominados para el Premio Noble de la Paz en 2004. Achmat me invitó a trabajar con él en Sudáfrica, y lo hice. Me convertí en investigador y actué en un programa televisivo sobre el SIDA presentado por gente VIH positiva. Eso me permitió viajar por toda Sudáfrica; fui testigo de una ignorancia y un terror mortíferos, pero también de personas comunes que estaban luchando con un extraordinario coraje, y de la fuerza transformadora de la educación humanística.

Los activistas de la campaña usan ropa en la que se lee “VIH positivo”. Declarar dicha condición requiere valor, ya que en ciertas comunidades se desprecia a los infectados. Los participantes en la campaña se dedican a transmitir conocimientos básicos sobre la salud y promover los derechos humanos; esta labor ha ayudado incluso a bajar el costo de los medicamentos antirretrovíricos, los cuales son limitados y caros, y dio impulso a una campaña gubernamental para combatir la enfermedad. Por ser portadores del virus, varios cientos de ellos mueren cada año. Muchos piensan que mi trabajo es depresivo. Por supuesto, en muchas ocasiones siento ira y desesperación. Pero mi experiencia me dice que si actúo y soy participe de dicho ambiente, aplicando la filosofía de la esperanza del budismo, podré persistir en esta lucha con gran fortaleza.

[Nota: Un artículo relacionado fue publicado en la edición de enero de 2005 de la revista SGI Quarterly.]

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