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Felicidad para mí y los demás

Janaía Cristina Bandettini
Brasil

Mis padres se divorciaron cuando yo tenía catorce años y, al momento en que mi madre volvió a contraer matrimonio, me fui a vivir con mis abuelos. Fue durante esta época, en 1985, que el vecino de mi abuela nos habló, a mi madre y a mí, sobre el budismo de Nichiren, asegurándonos que podríamos transformar nuestra situación y vencer nuestra desesperanza e infelicidad a través de la práctica. La entonación del Nam-myoho-renge-kyo me infundió entusiasmo y energía. Comprendí que dependía de mí hacer realidad mis sueños largamente anhelados.

Desde temprana edad aprendí a responsabilizarme por el bienestar de otras personas. Comencé a trabajar cuando tenía catorce años. Justo antes de cumplir los dieciséis, empecé a trabajar para una de las compañías de seguros más grandes del Brasil con un excelente salario e importantes beneficios laborales. Así, a pesar de que era la única persona que brindaba sustento a la familia, podía ofrecer a mis abuelos la comodidad que se merecían. También asumí varias responsabilidades dentro de la SGI del Brasil (BSGI), particularmente, cuidando a las miembros más jóvenes.

Happiness for Myself and Others, by Janaía Cristina Bandettini, Brazil

En 2000, terminé una relación romántica turbulenta con la que había venido sufriendo durante más de diez años y decidí que sería verdaderamente feliz. Al año siguiente, participé en un curso de capacitación para los jóvenes de la SGI en el Japón. Ésta se convirtió en una de las experiencias más extraordinarias de mi vida. Quedé conmovida por la atención y la calidez que todos allí me brindaron; en particular, las del presidente de la SGI, Daisaku Ikeda. En sus palabras y su comportamiento, advertí que se preocupaba de nuestra felicidad y nos alentaba a desarrollar fortaleza y sabiduría para superar las dificultades de la vida. De vuelta al Brasil, el estrés y la inestabilidad emocional causada por el fin de una larga relación sentimental terminaron causándome una seria depresión. Aunque, siempre me mantuve fuerte y risueña, esta vez, me sentía fatigada y sin esperanzas. Perdí peso y mi salud se deterioró. Sentía que había perdido el control de mi vida. Además, me invadía la vergüenza porque pensaba que una líder de la BSGI no debería estar tan decaída. Posteriormente, atravesé tres crisis graves y fui atendida en una clínica de primeros auxilios psiquiátricos. Incapaz de desempeñar el trabajo de corredora de seguros, comencé a acumular deudas.

A pesar de todo, traté de cumplir con mis responsabilidades en la División Juvenil Femenina de la BSGI. Durante ese período, las jóvenes habíamos iniciado una campaña para promover el diálogo y dar a conocer la filosofía budista. Yo, sin embargo, sentía que ya no podía más e incluso estaba cuestionando mi fe.

Gracias al aliento de una amiga miembro, decidí no rendirme y persistir. El propósito de nuestra meta, me recordó ella, era ayudar a otras personas que estaban sufriendo. Cuando empecé a contar a otros acerca de mi práctica budista y del potencial innato que posee cada persona para transformar su vida, comenzó a ocurrir un cambio. A medida que alentaba y trataba de dar esperanza a otras personas, yo empecé a sentirme esperanzada y con más energía. Mientras más me esforzaba para que otros sean felices, más feliz me sentía yo. Al cabo, mi depresión se convirtió en cosa del pasado. Logré volver a mi trabajo y a relacionarme con las personas como lo había hecho antes. Completé un curso de posgrado en administración y, en 2006, abrí mi propia compañía. Ahora siento que el sufrimiento al que estuve sometida me dio una comprensión más profunda de la vida. Gracias a estas dificultades, hoy puedo apoyar mejor a mis compañeras a superar sus propios problemas. Mi deseo es ayudar a que cada joven irradie esplendor en su vida y que sea capaz de transformar la adversidad en felicidad. Gracias a los sufrimientos, hoy aprecio más el dulce sabor de la victoria en la vida.

[Nota: Un artículo relacionado fue publicado en la edición de octubre de 2007 de la revista SGI Quarterly.

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