Dile sí a la vida
Christopher Larkin
Estados Unidos
Yo me crié en una granja de las afueras de Londres. De niño fui desobediente. A los doce años, fui expulsado del internado en el que estudiaba, situado en High Waycombe, Buckinghamshire, cerca de mi hogar. Luego, fui expulsado nuevamente del siguiente colegio. Así pasé dos años fuera de la escuela, imbuido en las drogas y el delito, castigándome a mí mismo, llegando a robar dinero de mis padres para comprar narcóticos, e incluso, llegando a atacarlos con tanta violencia que tuvieron que recurrir a la policía.
Fue en tales circunstancias que conocí el budismo de Nichiren. Un amigo me dijo que el Nam-myoho-renge-kyo cambiaría mi vida; así que lo entoné, pero sólo por unos minutos.
A los 15 años de edad, mis padres me echaron de casa. En el desamparo, viví en una carpa bajo un puente y me dediqué a la venta de drogas para subsistir. Finalmente, quedé inmerso en una vida de crimen y estupefacientes, y fui confiscado en prisión durante ocho meses. El consumo de drogas causó estragos en mi salud. Poco antes de cumplir diecisiete años, sufrí una crisis que me confinó en un hospital psiquiátrico durante tres meses. Mi amigo me visitó en el sanatorio. Me obsequió una liturgia y un rosario budistas, oramos juntos Nam-myoho-renge-kyo, y leímos escritos de Nichiren y del presidente de la SGI, Daisaku Ikeda.
Un mes después, me dieron de alta. Tenía una alternativa: volver a las drogas, lo cual me causaría indudablemente la muerte, o hacer algo con mi vida. Mi opción fue regresar a High Waycombe y practicar el budismo, por lo que participé en todas las actividades de la SGI posibles. La calidez y el amor compasivo de los miembros de la SGI me hicieron sentir esperanza.
En el verano de 2006, conocí a una alumna de la Universidad Soka de los Estados Unidos, que me contó que la universidad había sido creada sobre los principios de la paz y la santidad de la vida. Así, mi sueño se convirtió en estudiar algún día ahí. Como no me había graduado de la secundaria, me preparé para rendir exámenes de matemáticas e inglés que me permitirían tener los requisitos para ingresar en una universidad. A la par, me dediqué a leer las obras del presidente Ikeda y a aplicar lo leído en mi vida. Además, traté de enmendar la relación con mis padres.
En septiembre de 2008, pude matricularme en el Instituto Universitario de Aylesbury, que ofrece programas para adultos sin educación intermedia. En esa época, me permitieron integrar y oficiar como vicepresidente del Panel Nacional de Estudiantes, creado por el gobierno para rescatar la opinión de los alumnos en la política educativa. Como miembro del panel, trabajé con funcionarios del estado como el Ministro de Educación, a quien entregué un libro del presidente Ikeda.
En 2009, fui aceptado en la Universidad Soka de los Estados Unidos y en cuatro universidades famosas de Inglaterra. Mi gran sueño estaba a punto de concretarse. Ahora debía obtener la visa norteamericana y cartas de recomendación de empleadores, profesores, y del Ministro de Educación. Finalmente, luego de tres meses de preparativos, me presenté a la entrevista en la Embajada de los Estados Unidos. Sin embargo, mi solicitud fue denegada tajantemente. Al salir, sin poder contener las lágrimas, acudí a mis compañeros de la SGI. Ellos me alentaron cálidamente y me invitaron a orar juntos. Así, mientras oraba encontré el siguiente escrito de Nichiren: "Debe tener una férrea determinación. […] Y no dependa de los demás ni albergue inquietudes. Simplemente decídase.
Observe lo que ha ocurrido este año en el mundo como si fuera un espejo. […] Y de ello dependerá que usted adquiera honor o deshonre su nombre. A esto se hace alusión cuando se afirma que es difícil nacer como ser humano, y que es difícil creer en el Sutra del loto". Comprendí que era cuestión de determinación y oré con mayor fuerza con la decisión de contribuir a la paz y hacer realidad mi sueño.
Al poco tiempo, conocí a una abogada especializada en inmigración que me facilitó una nueva entrevista en la embajada. La fecha de la cita era el 3 de agosto, día en que los nuevos alumnos de la Universidad Soka de los Estados Unidos arribaban al campus. Finalmente en la entrevista, la agente me preguntó acerca de la Universidad Soka de los Estados Unidos y cómo había cambiado mi vida desde 2004, año en que había cometido el último delito. Después de escuchar mi historia, sonrió y me dijo: "Buena suerte. Dispondrá de su visa hoy mismo". Así, llegué a la Universidad Soka de los Estados Unidos el 27 de agosto.
Hoy, estoy decidido a estudiar para convertirme en alguien que contribuya realmente a la paz, con el mismo espíritu de Walt Whitman, el poeta norteamericano, que declaró: "[M]i yo real no se ha mostrado aún".
[Nota: Un artículo relacionado fue publicado el 5 de marzo de 2010, en el World Tribune, periódico de la SGI de los Estados Unidos. Crédito fotográfico: Mitsu Kimura.]


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