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Puente entre credos

Danielle Richards
Reino Unido

Danielle RichardsDanielle Richards

Cuando tenía doce años, solía ponerme a pensar sobre el sentido de la vida. Me preguntaba por qué estaba aquí y cuál era mi papel en el universo. Quería ser feliz, porque había tenido experiencias perturbadoras durante mi niñez. En dicha búsqueda existencial acudí a los videntes, y a los diecinueve años, fui a clases de meditación. Pero nada de eso me permitió encontrar lo que buscaba.

A los veinte años, conocí el budismo de Nichiren a través de mi maestra de redacción. Sentí claramente que era lo que estaba buscando desde mi adolescencia. Todo tenía sentido. Por eso me dediqué sinceramente a la práctica budista y eso cambió mucho mi vida.

Históricamente, la religión es un aspecto importante de la identidad de mi ciudad, Liverpool. Cuando se creó un grupo de representantes femeninas de diversos credos con el objetivo de fomentar el diálogo y la amistad entre religiones, decidí unirme al grupo para dar a conocer lo que hace la SGI y así contribuir más a la sociedad.

En 2010, fui despedida de mi trabajo de recursos humanos. Eso no me afectó mucho porque estaba dispuesta a involucrarme más activamente en la sociedad. El mismo día que recibí el aviso oficial de despido, recibí también una oferta de proseguir una carrera de maestría en desarrollo internacional, desde septiembre de dicho año.

Luego de orar mucho y esforzarme en las actividades budistas, encontré un trabajo que superó mis expectativas. A pesar de que había postulado a un puesto de desarrollo vecinal de beneficencia, para gran sorpresa mía, me ofrecieron un trabajo de asistencia comunitaria de religiones. Me dijeron que estaban seguros de que yo desempeñaría un buen trabajo debido a que tenía experiencia en voluntariado interreligioso. El hecho de ser miembro de la SGI fue un factor determinante porque había pocos budistas involucrados en las actividades interreligiosas de Liverpool. A pesar de que no reunía los requisitos, sería remunerada con el salario ideal y tendría tiempo para hacer mi maestría.

Mi tarea era desarrollar servicios públicos para los grupos y ciudadanos de fe de la comunidad. Esto implicaba trabajar con instituciones públicas, ediles y entidades de gestión vecinal para impulsar conjuntamente la regeneración de localidades específicas. Por ejemplo, en un proyecto, serví como puente entre un doctor que contaba con un fondo para la prevención de enfermedades y una organización cristiana dedicada al empoderamiento infantil a través del teatro. Gracias a ello, se ofrecieron actuaciones de niños en un nuevo centro de salud en beneficio de los vecinos. Además, coordino encuentros mensuales entre religiones, reuniendo a delegados de grupos comunitarios religiosos. Actualmente, nuestro registro de redes incluye ciento cincuenta entidades religiosas.

También sirvo como puente entre el sector público, las entidades estratégicas y los practicantes de diversas religiones. Por ejemplo, he mantenido reuniones mensuales con la policía para recaudar información sobre los delitos de odio contra las agrupaciones religiosas y transmitírsela a la asociación con el fin de evitar mayores incidentes de xenofobia. Asimismo, he organizado encuentros entre credos y trabajadores del ámbito de la salud, médicos, la policía y empleados públicos que estaban interesados en mejorar la comunicación con los diversos sectores de la colectividad. Estos encuentros fueron positivos especialmente para las religiones minoritarias que dependían de sus líderes para canalizar información. La cultura también es un aspecto importante cuando, por ejemplo, se promueve una campaña de salud.

Mi jefe me apoya cuando me invitaban a participar en eventos a título personal, como budista. Un día, participé en un evento interreligioso en una escuela. Un niño me preguntó sobre Dios. Como yo era la única entre los panelistas que no creía en un dios, tuve que hacer acopio de coraje para explicarle que yo no creía en una fuerza superior externa. En otra ocasión, mantuve una maravillosa conversación con un musulmán muy activo en la comunidad. Eson nos permitió descubrir los aspectos comunes de nuestras creencias. Luego, lo invité a ser parte de la asociación interreligiosa.

Uno de los eventos que me trajo mayor satisfacción fue la organización de un día dedicado a elevar la conciencia ciudadana durante la Semana de las Religiones. Escogimos el título "Fe en la vida cotidiana: Desarrollo de la conciencia religiosa". Nuestra meta fue fomentar la comprensión y la confianza entre los profesionales de la salud, la policía y los trabajadores públicos, ya que en nuestra sociedad prevalece la reserva y la desconfianza hacia las religiones desconocidas. Lo que me pareció importante transmitir era que la fe es el pilar de la vida de muchos, pero que ésta no representa necesariamente el conjunto completo de un sistema religioso.

Pienso que la SGI puede jugar un valioso rol en el desarrollo de la comprensión mutua entre religiones. El budismo de Nichiren es una filosofía centrada en el respeto a la vida, lo cual permite reconocer las diferencias; insta al ser humano a transformar su interior para cambiar la sociedad. A partir de la comprensión de que toda persona tiene la capacidad de lograr la Budeidad, el budismo enseña a desarrollar un profundo respeto por la vida de uno y de los demás. Sin temor o autocomplacencia, no hay separación ni división.

En el libro Civilización global: Diálogo entre el budismo y el islam de Majid Tehranian y Daisaku Ikeda, David Chappell escribe el siguiente prefacio: "Más allá de las expectativas de descubrir aspectos comunes entre personas con un trasfondo religioso e histórico radicalmente diferente, el diálogo interreligioso ha generado también una transformación mutua, en la que los participantes profundizan y renuevan sus prácticas religiosas. Como resultado de ello, el diálogo interreligioso entre cristianos y budistas, especialmente, ha sido reconocido en las últimas décadas como una vía que permite mejorar la vida religiosa individual y una etapa importante de una nueva historia de las religiones".

Personalmente, experimenté lo que dice Chappell cuando hablé dos horas con una persona de la fe Bahá'í. Le conté que el budismo me permitió transformar mi vida y asumir la decisión de concretar metas inalcanzables. Él también me habló sobre su creencia. Al final, me dijo: "Al hablar contigo, me han dado ganas de regresar a casa y profundizar mi propia fe".

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