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El propósito de mi vida

Fernanda Baumhardt
Brasil

Fernanda Baumhardt (derecha)
Fernanda Baumhardt (derecha)

A comienzos de 2006, cuando me encontraba en lo mejor de mi carrera profesional como ejecutiva de publicidad, me mudé de São Paulo a Los Ángeles para trabajar para la división de proyectos digitales de una importante cadena mundial de televisión. Siendo una mujer del sur del Brasil, con treinta y seis años de edad, había llegado bastante lejos profesionalmente. Podía ver el letrero de Hollywood desde la ventana de mi oficina. Manejaba el automóvil de mis sueños, comía en restaurantes caros y vestía ropa de diseñador.

A pesar de todo eso, empecé a sentirme vacía y deprimida. Fue entonces que una amiga me llevó a una reunión budista de la SGI. Ahora, tras varios años de práctica budista, me siento realizada. He encontrado un sentido de propósito en la vida.

En enero de 2007, decidí dejar el trabajo que tenía. Era como empezar a escribir una nueva historia en una hoja blanca de papel. Mi tema era abrir un nuevo camino para resolver los problemas humanitarios y planetarios. Quería generar un cambio en el mundo, así sea este pequeño.

Así que hice el cambio. Me trasladé de Beverly Hills a las aulas del Instituto de la Tierra de la Universidad Libre de Ámsterdam. Decidí hacer la maestría para comprender mejor los desafíos más graves que debe sortear la Tierra. Antes, manejaba un vehículo deportivo y comía en restaurantes de moda en la soleada ciudad de Los Ángeles; ahora, concurría al comedor estudiantil y pedaleaba una bicicleta por las calles congeladas de Ámsterdam… No tenía idea a dónde me llevarían estos nuevos rumbos. Sin embargo, gracias a la práctica del budismo, desarrollé la fortaleza interna y la confianza que me permitió dominar el miedo. Estaba decidida a lograr el propósito de mi vida, sea cual fuere este.

Mientras hacía la maestría, fundé una organización denominada Proplaneta, cuyo objetivo es fomentar la reflexión y la conciencia hacia los problemas sociales y medioambientales, y promover la acción y el cambio. Visité Trinidad y Tobago, Malawi, Etiopía, India, Egipto y Marruecos por un proyecto conjunto de filmación de vídeos, y trabajé con la Cruz Roja.

Para sorpresa mía, el proyecto conjunto de los vídeos que hicimos en Malawi recibió un premio internacional de la organización Imágenes Globales y Voces de Esperanza, otorgado a profesionales que utilizan los medios masivos en beneficio de la humanidad.

En esta etapa de nuevas exploraciones, tuve que detener mi avance para luchar por mi propia vida y vencer el cáncer de mama. De acuerdo al budismo, solo hay dos formas para lidiar con los obstáculos: triunfar o perder. En mi caso, ser vencida significaba morir. Mi batalla incluyó encarar una operación y un tratamiento bastante delicados que duró seis meses.

Para sentirme normal en medio de todo eso, trabajé como voluntaria de la oficina de la Carta de la Tierra de Brasil, cada vez que me lo permitían los tratamientos en el hospital. Con el apoyo de una querida amiga, pudimos impulsar la primera campaña publicitaria de la Carta de la Tierra de Brasil, que tenía como objetivo fomentar la comprensión ciudadana hacia nuestro movimiento. Pude sentirme viva trabajando apasionadamente para difundir los principios de la Carta de la Tierra.

En mayo de 2009, los médicos declararon que me había curado completamente. Y, en la más perfecta sincronía, volví a encontrar lo que más me apasiona en la vida. En 2010, encabecé una nueva campaña publicitaria de la Carta de la Tierra de envergadura internacional, dirigiendo a un grupo de voluntarios del equipo de comunicación de la Carta de la Tierra. La campaña de difusión masiva logró recaudar diecinueve millones de dólares en donaciones. Pudimos difundir el mensaje de la Carta de la Tierra por el orbe entero: “Comienza contigo, transformándote para transformar el mundo. (…) Todos somos ciudadanos de la Tierra y soñamos con un mundo que sea más justo, sostenible y pacífico. (…) Carta de la Tierra. Se empieza con uno”.

Recientemente, me casé. Mi esposo y yo vivimos ahora en Río de Janeiro, cerca de mucho verdor. Proplaneta también se mudó a una nueva oficina en las faldas de las elevaciones tropicales. El paisaje es verdaderamente inspirador: infunde esperanza y llama a la acción para vencer los interminables problemas y construir un mundo mejor. Hay mucho que hacer todavía.

[Fuente informativa y fotográfica: SGI Quarterly, abril 2012.]

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