Volver a la lista

Cumplí mi sueño

Erendro Leichombam Singh
Estados Unidos (India)

Erendro LeichombamErendro Leichombam

Yo nací y crecí en el estado de Manipur, en el nordeste de la India. Mis padres eran muy trabajadores y tenían una pequeña fonda dentro en una universidad. Mi padre era una persona violenta y tenía problemas de alcohol. Mis padres peleaban constantemente, por lo que fui un niño malhumorado y conflictivo.

En 1999, cuando tenía dieciséis años, un amigo de la familia me habló sobre la SGI. A partir de ello, empecé a practicar esporádicamente.

En 2001, mi vida llegó a un punto verdaderamente difícil. Debido a mi bajo rendimiento en la secundaria, no pude ingresar en la universidad deseada. Mi padre se puso furioso. Por las condiciones en que vivió, mi padre quería que yo lograra lo que él no había podido conquistar en la vida. Una noche se emborrachó y me pegó a pesar de que mi madre le rogó a llantos que no lo hiciera.

Para librarme de dicho infierno decidí abandonar mi familia y empezar una nueva vida. Con el poco dinero que me dio mi madre me fui a Nueva Delhi. Me encontraba a miles de millas de mi hogar, solo y desorientado. Hubiese sido mucho más duro para mí sin el apoyo de los miembros de la SGI. Ellos oraron conmigo y estudiamos juntos las enseñanzas de Nichiren y los escritos del presidente de la SGI, Daisaku Ikeda. Su sinceridad, valentía y amor compasivo me infundieron aliento y esperanza.

Me preguntaba constantemente "¿Qué quiero hacer con mi vida?", y busqué respuestas en las orientaciones del presidente Ikeda. Y, estas palabras me llegaron al corazón: "Desafíense en algo, sea lo que fuere. Cuando se pongan en marcha, el camino se irá abriendo naturalmente ante ustedes. De aquí se desprende un punto importante: hay que tener el coraje de preguntarse qué debería estar haciendo uno a cada instante". (IKEDA, Daisaku: "Las inquietudes y los sueños que abriga la juventud", Conversaciones sobre la juventud: Para los protagonistas del siglo XXI, Koko Shimpo, 28 de agosto de 1996.)

Seis meses después, supe sobre la recién inaugurada Universidad Soka de los Estados Unidos. Surgió en mí el deseo de estudiar en una universidad fundada por mi maestro. Pero me dije a mí mismo: "Jamás tendrás la oportunidad… Quién sabe, en la próxima existencia…". Cómo podría osar estudiar en Norteamérica cuando tenía problemas para costear el pasaje del autobús.

Sin embargo, mis aspiraciones crecieron en la medida que fui practicando el budismo. Me dediqué a las actividades con mayor seriedad, oré fervientemente y decidí lograr mis sueños con valentía. Luego de dos años de sinceros esfuerzos, logré hacer todos los trámites de postulación. En marzo de 2003, recibí el aviso de la Universidad de los Estados Unidos de que había sido aceptado como alumno de la tercera promoción, con beca completa incluida.

En la Universidad Soka de los Estados Unidos conocí a jóvenes brillantes y comprometidos con el género humano, con quienes establecí amistad de por vida. Los profesores nos incentivaban a reflexionar, esforzarnos arduamente y crear valor en cualquier circunstancia. Al graduarme, decidí que quería trabajar en el ámbito del desarrollo socioeconómico para ayudara a solucionar la pobreza y la inestabilidad del nordeste de la India, donde provengo, basándome en el ideal de paz y empoderamiento humano que aprendí de Daisaku Ikeda. Quería ir a alguna institución educativa que reuniese a los mejores expertos de desarrollo, un sitio que me permitiese capacitarme adecuadamente para cumplir con mi cometido: el Programa de Desarrollo Internacional de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad Harvard. Me desafié con coraje gracias al budismo. En 2010, logré ingresar en la Universidad de Harvard y, además, conseguí una beca completa.

En marzo de 2012, antes de egresar, fundé una organización sin fines de lucro llamada Centro Internacional de Manipur, cuya misión institucional es contribuir a consolidar la paz y el desarrollo de Manipur y del nordeste de India. Dirijo esta entidad de acuerdo a los principios budistas de la no violencia, el diálogo valiente y el respeto de los derechos humanos y la santidad de la vida.

También he logrado reconstruir la relación con mi padre. Antes él era negligente, pero ahora es un padre cariñoso que se preocupa mucho por su familia. Con la fe budista, uno puede transformar cualquier circunstancia.

[Fuente informativa y fotográfica: SGI Quarterly, julio 2012.]

▲ Arriba