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El desarrollo de la capacidad

Wing Lee
Estados Unidos

Mi padre falleció a causa de una enfermedad renal cuando yo tenía siete años. Fue un padre cariñoso, un esposo dedicado y un hombre sincero y genuino. Él administraba una pequeña imprenta, propiedad de mi abuelo, en Hong Kong. En los últimos tres años de su vida, su salud decayó y quedó postrado en cama. Mis abuelos, sin embargo, no nos ofrecieron ayuda y, como si eso fuera poco, dos días después de que murió mi padre, mi madre y yo fuimos desheredados. Nos quedamos sin nada, sin siquiera un lugar para vivir.

Wing Lee con su madre Woon-Yung, su esposa Carol y sus hijas, Vanessa (derecha) y Serena=
Wing Lee con su madre Woon-Yung,
su esposa Carol y sus hijas, Vanessa (derecha) y Serena

Cuando mi madre estaba buscando trabajo se encontró con una amiga. Ella, al enterarse de nuestra situación, no perdió tiempo en hablarle sobre la SGI. Mi madre ya había probado varias religiones por la enfermedad de mi padre y ya no quería intentar más, pero como no tenía nada que perder, decidió probar el budismo de Nichiren.

Poco después, unos antiguos socios de mi padre que se habían enterado del trato de mis abuelos se contactaron con mi madre diciéndole que querían ayudarla a abrir su propia imprenta. Los clientes de mi padre también llamaron y le dijeron que la apoyarían. En la primera mitad de la década de 1970 en Hong Kong, el hecho de que una mujer pusiese un negocio era algo audaz. Sin embargo, armada de convicción y sabiduría que le daba la fe, abrió su propio negocio. Para reconstruir nuestras vidas, mi madre trabajó interminables horas diarias, haciendo duras faenas manuales.

Debido a su ajetreado ritmo de trabajo, por lo general yo quedaba solo en casa. Así, incursioné en la fotografía, la lectura y la programación de computadoras. Pasaba tanto tiempo solo que me volví introvertido. Esquivaba las actividades sociales y tenía problemas para expresarme frente a otras personas. En este período, sin embargo, asistí a las actividades juveniles de la SGI de Hong Kong y recibí mucho apoyo de los miembros. Transcurrieron los años, y a pesar de que estaba a punto de cumplir la mayoría de edad, permanecía imbuido en un ambiente de total protección, con una postura pasiva ante la práctica budista.

Mi madre, al darse cuenta de mi naturaleza egocéntrica y de mi dependencia hacia ella, decidió enviarme a los Estados Unidos para que prosiguiese allí mi educación universitaria. Aunque estoy seguro de que le fue difícil enviar a su único hijo a un país lejano, sé que lo hizo por amor, deseando mi crecimiento y mi felicidad.

Asistí dos semestres en la Universidad de Oklahoma y después me transferí a la Universidad de Texas, en Austin, para estudiar ciencias de la computación. En ambas ciudades, los miembros de la SGI me acogieron cálidamente y me invitaron a las reuniones. Ahí, al escuchar las experiencias de una gran variedad de personas, de todas las esferas sociales, comencé a aprender más acerca de la práctica y la fe budista de Nichiren. Mis compañeros de práctica me dieron muchas oportunidades para encargarme de diversas actividades del distrito. Al comienzo, me sentía incómodo hablando frente a otras personas, pero debido a que los líderes eran tan sinceros y me apoyaban tanto, sentí que debía intentarlo. La primera vez que leí en voz alta un artículo de The World Tribune en una reunión, mantuve el periódico frente a mi cara para evitar que mis ojos se topasen con los de otros. Pero gracias al continuo desafío y la entonación del Nam-myoho-renge-kyo, la incomodidad de hablar en público fue desapareciendo, hasta que llegué a asumir responsabilidades como el de titular de la División Juvenil Masculina en el distrito.

Uno de los líderes juveniles de Austin, quien también era mi compañero de la universidad, se mostraba siempre con gran sentido de misión, comprometido a luchar en aras de la paz junto al presidente de la SGI, Daisaku Ikeda. Gracias a su influencia, empecé a tratar de profundizar mi comprensión de los escritos del presidente Ikeda y los fundamentos del budismo de Nichiren. Con paciencia, mi compañero me dedicaba su tiempo para explicarme lo que no entendía. Esta comprensión me permitió aplicar en mi vida diaria lo que iba aprendiendo.

Mientras me hacía más activo en la organización, me di cuenta de que lo que hacía “tras bambalinas” me permitía crecer en mayor grado. Como muchos otros jóvenes que formaban los grupos de apoyo a las actividades, me encargué de cuidar el estacionamiento de los locales de las reuniones y les daba la bienvenida a los miembros cuando llegaban y retornaban a sus casas. A través de ese tipo de esfuerzos, pude comprender mejor las acciones del presidente Ikeda; por ejemplo, la gratitud que muestra a los miembros; esto me permitió desarrollar mis aptitudes y aprender a preocuparme por las personas que me rodean.

Las actividades de la SGI me permitieron desafiarme constantemente. Me encargué de planificar mensualmente reuniones de oración por la paz mundial y coordinar la logística de eventos importantes. Con cada nueva responsabilidad, ganaba más confianza en mí mismo y aprendía a trabajar en equipo, cosa que no hubiese logrado estudiando solamente en el mundo académico. Gracias a mi práctica budista, logré obtener una doble titulación en Sistemas de Información y en Administración en la Universidad de Texas en 1990, y obtener un maravilloso trabajo. A pesar de la recesión económica en los Estados Unidos y a pesar de ser extranjero, tuve la oportunidad de presentarme a más de veinte entrevistas y lograr que me ofrecieran empleo cuatro empresas de gran prestigio.

He trabajado para una importante empresa de telecomunicaciones por casi catorce años disfrutando de una profesión de avanzada. He estado a cargo del desarrollo de la infraestructura informática de la empresa y, en 2001, desempeñé un importante rol en el lanzamiento de la primera red inalámbrica de datos de alta velocidad del país. Ahora me desempeño como supervisor a cargo de la innovación tecnológica de la empresa. Asimismo, he sido invitado a brindar unas cuarenta conferencias empresariales en cuatro continentes y soy asesor de numerosas compañías de alta tecnología. Tengo los derechos de seis patentes por mis invenciones en tecnología de comunicaciones, y estoy tramitando otras veinte más en la Oficina de Patentes de los Estados Unidos. Mi empresa, en reconocimiento a mis aportes, me distinguió con el Premio al Máximo Logro Tecnológico y el Premio al Liderazgo Empresarial, siendo el único empleado en haber recibido dos reconocimientos.

Uno de los reconocimientos profesionales más gratificantes fue el haber sido nombrado el Mejor Ingeniero Asiático de los Estados Unidos del Año 2002, por la fundación National Engineers Week, junto al nobel de Física, Leo Esaki, y al ex rector de la Universidad de California en Berkeley, Chang-Lin Tein.

Estoy seguro que la sabiduría y la buena fortuna que he obtenido apoyando a la organización local de la SGI en beneficio de los miembros es lo que me ha permitido concretar una carrera profesional tan importante. De la misma manera, los valores que aprendí del presidente Ikeda me han permitido actuar con humanismo en mis responsabilidades de liderazgo en el ámbito laboral. Y lo más importante es que he aprendido a superar los obstáculos mediante la oración y la acción concreta. Aprendí a ser victorioso en mi vida diaria mediante la práctica budista que me permite desarrollar la ilimitada capacidad inherente en mi vida.

La prosperidad no ha sido meramente profesional. Aquel hombre tímido e introvertido está casado ahora con una mujer comprensiva y hermosa llamada Carol y tiene dos hijas adorables, Vanessa y Serena. Mi esposa y yo sentimos profunda gratitud por nuestro mentor de la vida, el presidente Ikeda, por haber creado una maravillosa organización que lleva a la práctica el budismo de Nichiren y haber formado la familia global de la SGI. Asimismo, mi eterno agradecimiento a mi madre, por la sabiduría y el amor compasivo que mostró en los momentos más críticos de mi vida.

[Nota: Un artículo relacionado fue publicado el 21 de marzo de 2008 en el World Tribune, periódico de la SGI de los Estados Unidos. La fotografía es cortesía del World Tribune.]

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