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Diseñador gráfico sobre ruedas

Shohei Yasuda
Japón

"Desde que me hice miembro de la Soka Gakkai, hace diez años, mi actitud hacia la vida ha cambiado totalmente", dice Shohei Yasuda, a quien aquejó un tumor cerebral en 1986. Shohei, de 40 años de edad, un líder de los jóvenes de la Soka Gakkai en su organización local. 

De joven me destaqué como un buen atleta, llegando a competir en el Campeonato Nacional de Kendo. Sin embargo, a los 19 años cuando me mudé a Tokio desde Akita para estudiar diseño, comencé a notar cambios en mi salud. Tropezaba sin razón y me agotaba mucho. Tras varios exámenes, hallaron varios tumores cerebrales que fueron removidos en dos operaciones de veinte horas y quedé con dificultades motrices por debajo de las rodillas. 

Shohei y su esposa Emiko
Shohei y su esposa Emiko

Recobré la vida cotidiana normal al cabo de dos años de rigurosa rehabilitación, pero en silla de ruedas. Pude superar la amargura y la frustración gracias a mis compañeros de la escuela de diseño, entre las que se encontraba Emiko, con quien me casé en 1994. Ella era budista y trajo su altar cuando empezamos a vivir juntos en Akita. Gradualmente fui conociendo más sobre el budismo. Emiko me llevó a ver vídeo de una reunión de responsables de la Soka Gakkai, donde el presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, dio un discurso. Me impactó la calidez del presidente Ikeda y descubrí que había algo en esa religión. En la Soka Gakkai, sentí esperanzas. Un escrito de Nichiren decía: "Nam-myoho-renge-kyo es como el rugido de un león. Por lo tanto, ¿qué enfermedad puede ser un obstáculo?". Pensé. "Tal vez yo también pueda vivir de esa manera", pero, a la vez, mientras más pensaba en probar la práctica, más dudaba. Sin suficiente valentía para decidir por mí mismo, esperé que mi esposa me lo preguntara.

De esa manera, en nuestro tercer año de matrimonio, decidí practicar el budismo y convertirme en un diseñador capaz de conmover a la gente. Me esforcé en todos los proyectos de trabajo que recibía con convicción en la oración. Eventualmente, conocí a un diseñador de Tokio que me confió un proyecto para una empresa importante, y eso trajo consecutivamente nuevas ofertas de trabajo importantes para mi carrera.

Al cabo del tiempo, Emiko empezó a manifestar problemas de salud por el frío, característico de la región en que vivíamos. Luego de orar mucho con firme convicción, nos mudamos a Matsudo, Chiba, la tierra natal de mi esposa. Luego, a pesar de mi discapacidad física, conseguí un trabajo en una empresa de diseños, con extraordinarias condiciones laborales, incluida una playa de estacionamiento especial para mí. Ya han pasado cinco años desde que nos mudamos. Hemos vivido varias pruebas, como una montaña rusa;  hemos llorado y reído, pero también triunfado. En enero de 2005, di un gran paso con coraje y establecí mi propia empresa de diseño. He tenido la suerte de trabajar para importantes proyectos, tales como la creación de una página web para un museo de arte, gracias a lo cual gané un premio de la Comisión de Turismo de Shizuoka. A través de mi trabajo, he logrado mi mayor ambición: llegar al corazón de muchas personas. Siento mucho agradecimiento por la filosofía budista, ya que a pesar de mis condiciones físicas, soy más libre que cualquier otra persona. Junto con mi esposa, estoy decidido a desarrollarme aún más y a dedicar mi vida a contribuir a la sociedad con mis compañeros de la SGI y mi maestro Ikeda, quien me enseñó a poner en práctica el budismo de Nichiren. 

[Nota: Un artículo relacionado fue publicado el 6 de septiembre de 2006, en el Seikyo Shimbun, diario de la Soka Gakkai.]

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