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Descubriendo mis capacidades

Blandina Happiness Sembu
Tanzania

Happiness (a la izquierda de la primera fila) con compañeros de la SGI en TanzaniaHappiness (a la izquierda de la primera fila) con compañeros de la SGI en Tanzania

Fui muy afortunada al conocer el budismo de Nichiren en 1996 en Malindi, una ciudad de Kenia en la costa del océano Índico. Al inicio tenía muchas inquietudes acerca de la práctica, pero aun así sentí algo en lo más profundo de mi vida que hizo que comenzara a practicar.

A pesar de que me llamo Happiness (Felicidad), no había felicidad en mi corazón. Diez años atrás, había perdido el brazo derecho en un accidente. Era madre soltera de una niña pequeña y mis padres se habían separado. Además, no tenía trabajo ni dinero y sufría severos ataques de asma.

Participar en las actividades de la SGI, recitar daimoku y estudiar las enseñanzas budistas era como una medicina para la tristeza que llenaba mi corazón. De esta manera, desarrollé confianza en mí misma y también valentía para lidiar con los obstáculos con todo mi ser. La práctica constante se convirtió en la base de mi vida, y tras unos pocos meses había logrado casi todas mis determinaciones, y el resto estaban en camino de concretarse.

Entonces, en 1998, mi padre me pidió que fuera a vivir con él, por lo que me trasladé con mi hija a la ciudad de Musoma, cerca del lago Victoria, en Tanzania. No tenía dinero y dependía completamente de él. Por otro lado, mi madre se enfadó a causa de esta decisión.

Recitaba daimoku sola en un nuevo entorno. En casa de mi padre vivía con parientes lejanos que no comprendían la práctica budista. Por ello oraba a escondidas; sin embargo, le mostraba materiales sobre el budismo a mi padre. Pronto pude comenzar a tomar clases de informática, y gracias a que era capaz de traducir del swahili al inglés, empecé a trabajar a jornada parcial con una monja católica de la localidad.

Seguía orando cuando los otros integrantes de la familia no estaban en casa, hasta que finalmente ahorré lo suficiente para ampliar la casa de mi padre con una habitación separada para mí, donde empecé a poder orar con tranquilidad.

En el año 2000, mi madre, que vivía en Kenia, tuvo un derrame cerebral mientras estaba de visita en Nairobi. Mi abuela, de edad avanzada, viajó a Nairobi para ayudarla pero también cayó enferma. En mis circunstancias y con una niña pequeña, recorrer el largo camino hasta Nairobi suponía un enorme desafío, pero de alguna manera logré hacerlo y llevar a mi madre y a mi abuela de vuelta a Malindi. Sentí que mi práctica budista me había proporcionado la fortaleza necesaria para hacerlo. Con el tiempo, mi padre invitó a mi madre a vivir en Tanzania, y en 2002 falleció pacíficamente en su casa.

Pasara lo que pasara, yo continuaba recitando daimoku. La experiencia de haber superado varias dificultades mediante la práctica budista me daba la confianza necesaria en mis capacidades y en mi porvenir. Ese mismo año, solicité y conseguí un puesto de trabajo estatal en una organización para personas con discapacidad en Tanzania. Me convertí en miembro de la junta y también en la coordinadora nacional para el departamento de mujeres y niños con discapacidad. Para poder ejercer este puesto, tuve que trasladarme a Dar es Salaam y comenzar una nueva vida. No tenía suficiente dinero para alquilar una casa allí, ya que era necesario pagar el alquiler de un año completo por adelantado. Tras hospedarme en una cabaña durante un tiempo, finalmente pude alojarme con un familiar. Allí podía orar, pero, una vez más, debía hacerlo en secreto.

Happiness compartiendo su experiencia en una reunión de la SGIHappiness compartiendo su experiencia en una reunión de la SGI

Desde mi llegada a Tanzania, había estado buscando otros miembros de la SGI y finalmente los encontré. Me alegraba mucho poder volver a recitar daimoku con compañeros y determiné conseguir mi propia casa. Poco a poco, comencé a comprar artículos para el hogar y trabajé para tener el dinero suficiente para alquilar una habitación donde poder realizar mi práctica budista con normalidad. Para ganar un poco más, hacía traducciones del swahili al inglés. En 2005, en mi décimo año de práctica, recibí el Gohonzon (el mandala inscrito por Nichiren, que es el objeto de devoción para la SGI) en Malindi, donde había comenzado a practicar.

Volviendo la vista atrás sobre los últimos veinte años de práctica, siento que toda mi vida se ha transformado. He recibido innumerables beneficios de la práctica, incluidos buena salud y resultados positivos por todo el arduo trabajo y los esfuerzos que he realizado. Además, he podido transformar mis tendencias negativas. También he logrado un empleo colaborando como presentadora de televisión en un programa dirigido a mujeres, que se realiza dos veces por semana, y en el que participo desde 2006.

En el movimiento centrado en las personas con discapacidad, he tenido la oportunidad de viajar a numerosos países para asistir a conferencias y sesiones y talleres de capacitación. Incluso, he podido visitar Suecia y Australia con mi hermana como asistente personal, práctica habitual durante las convenciones para personas con discapacidad. Siempre que viajo, en la medida de lo posible, procuro visitar el centro cultural de la SGI del país de destino, cosa que me alegra mucho.

Ahora soy independiente económicamente y puedo pagar las cuotas escolares de mi hija. También he comprado unos terrenos donde quiero construir una casa y acoger reuniones budistas.

El presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, afirma: "Hasta los lugares que han estado envueltos por la oscuridad durante millones de años pueden ser iluminados. Hasta una piedra extraída del fondo del río puede usarse para encender fuego. Nuestros sufrimientos actuales, por muy oscuros que sean, con certeza no han existido durante millones de años, ni perdurarán eternamente. El sol irrumpirá sin falta, de hecho ya ha comenzado a hacerlo".

Yo era como esa piedra procedente del fondo del río, pero ahora mi vida resplandece gracias a la práctica. Numerosos miembros de la SGI en África tienen dificultades económicas, pero mediante la fe, la práctica y el estudio firmes y una determinación inamovible, podemos convertirnos en piedras que producirán fuego.

[Fuente informativa y fotográfica: SGI Quarterly, edición de enero 2014]

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