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De corazón a corazón

Nomsa Mdlalose
Sudáfrica

Mi interés por la narración de historias empezó a través de mi afición al teatro. Ser contadora de cuentos era una representación artística más flexible, que podía realizar sola y a un ritmo diferente. En la República de Sudáfrica, hay mucha gente que practica la narración de relatos como parte de la literatura oral, más no como una profesión. Es una costumbre que tiene propósito educar, transmitir cultura e historia, e información. Aunque también es considerado un entretenimiento infantil, yo lo considero un requerimiento para los adultos. Creo que permite inculcar principios y valores morales, que a veces los niños comprenden mejor que los mayores.

Heart-to-Heart, by Nomsa Mdlalose, South Africa

Actualmente, me dedico a la transmisión de narraciones históricas y folclóricas, que tienen por tema la preservación del medio ambiente. He incorporado canciones que cuentan la tradición y las creencias populares, y ciertos movimientos corporales de las danzas que aprendí de niña. Aunque no me considero una poetisa, también incluyo composiciones líricas en mis actuaciones. A veces incorporo “odas a la estirpe”, ya que por lo general, las familias sudafricanas poseemos nuestros propios izithakazelo, es decir, versos apologéticos sobre nuestra genealogía, que se transmiten de generación en generación.

Ser artista implica desafíos y sacrificios. Cuando me inicié en el camino de narradora artista, siempre estaba constantemente abrumada de problemas, como si estuviese en medio de una encrucijada. En 2001, cuando un amigo me habló acerca del budismo, me encontraba en la disyuntiva de decidirme por un empleo a tiempo completo olvidando todo lo relacionado a la actuación, o continuar como narradora, que me apasionaba pero me dejaba con un ingreso inestable. Sin embargo, cuando empecé a practicar el budismo, comprendí que no tenía por qué rendirme ante una opción que no quería aceptar. Luego de este cambio de actitud, encontré un trabajo a tiempo completo, que me dejaba suficiente tiempo para seguir, de manera esporádica, con la narración de historias. Después, en el año 2005, me ofrecieron una oportunidad para hacer una maestría en narración de cuentos en los Estados Unidos.

Nuevamente, cuando regresé a Sudáfrica con un título de posgrado y casada, volví a verme en la disyuntiva, aparentemente sin solución, entre procurar una vida estable como profesora y seguir con la pasión de mi vida. Por entonces, en Sudáfrica no existían instituciones académicas que ofrecieran cursos de mi especialidad, donde pudiera dictar conferencias o actuar en mis tiempos libres. Sin embargo, una vez más, se me presentaron las oportunidades inusitadas. Me ofrecieron un puesto como profesora visitante en una de las universidades más prestigiosas del país, donde mi tarea sería enseñar la narración de cuentos como herramienta pedagógica, y promover el diálogo dentro de la institución. Por lo que a mí respecta, los estudiantes de medicina, a la vez de que aprenden sobre el tratamiento de las enfermedades, llevan cursos de relacionamiento social. La narración permite aprender a escuchar a los pacientes, ya que ser oído es crucial en el proceso curativo.

Con la ayuda de la práctica del budismo, he podido combinar mi experiencia, mis intereses y mis conocimientos para dedicarme a la carrera de mis ensueños. Siento, además, que la práctica budista y la narración de historias se complementan perfectamente. El budismo enseña la importancia de crear relaciones de corazón a corazón y yo creo que la narración crea tales lazos.

Las historias son ricas en espiritualidad, puesto que entretejen emociones. Un buen relato conlleva sin falta el espíritu del ubuntu que practicamos en Sudáfrica (un concepto que implica amor, generosidad, respeto y el espíritu de compartir); todos, valores importantes en el budismo. Además, cabe resaltar que una historia con un buen final toca siempre el corazón de una manera positiva.

[Nota: Un artículo relacionado fue publicado en enero de 2008, en la revista SGI Quarterly.]

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