Volver a la lista

Contacto directo

Koji Okumura
Japón

Face-to-Face, by Koji Okumura, Japan

En febrero de 2006, el presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, y el embajador de la China en el Japón, Wang Yi, mantuvieron un encuentro en el que dialogaron sobre el fortalecimiento de la amistad bilateral. En esa ocasión, el presidente Ikeda propuso efectuar unos intercambios culturales y educativos de delegaciones juveniles oficiales entre ambas naciones. La entrevista se llevó a cabo al año siguiente de que en la China se efectuasen protestas masivas en contra de la postura que habían demostrado ciertos políticos japoneses en asuntos estrechamente ligados a las relaciones diplomáticas entre los dos países. 

Yo tuve la oportunidad de formar parte de la delegación japonesa de intercambio que se formó inmediatamente después de la entrevista entre Wang e Ikeda. La delegación estaba compuesta de doscientas personas. Yo nunca había estado en la China ni conocía muy bien dicho país, pero en el avión, sentí que, tal vez, los doscientos podríamos ayudar a cambiar la situación y promover una correcta comprensión de la China en nuestros connacionales.

Al llegar a nuestro destino, fue evidente la tensión y la falta de entendimiento. En Pekín, visitamos un museo que ilustraba la invasión japonesa a la China. Ahí vimos a escolares que recorrían exposiciones sobre la masacre del ejército nipón. Nosotros sentimos un enorme pesar. Una joven de nuestro grupo le ofreció un pañuelo a una niña que lloraba, pero ella lo rechazó. Luego, en el intercambio con los estudiantes de la Universidad de Pekín, unos alumnos censuraron las acciones desconsideradas de varios políticos japoneses. Sin embargo, en nuestro diálogo directo, la tensión se atenuó y logramos coincidir en que los jóvenes de ambos países deseábamos estrechar lazos amistosos entre nuestros pueblos. El contacto directo es capaz de revertir la desconfianza. En cada oportunidad que conversamos la gente de la China vimos cómo la desconfianza se esfumaba y podíamos rescatar puntos en común a partir del milenario pasado que compartimos.

Personalmente, ahora –tras haber conocido la enorme plaza de Tiananmen, comido brochetas de cordero en un puesto de la calle, observado el mar de bicicletas y sentido la gran energía del pueblo chino—, me siento mucho más próximo a la China.

[Nota: Un artículo relacionado fue publicado en el número de enero de 2007 de la revista  SGI Quarterly.]

▲ Arriba