Volver a la lista

Avancé al reconocer mis verdaderos sentimientos

Shin'ichi Endo
Japón

El Sr. Endo en el trabajoEl Sr. Endo en el trabajo

El 11 de marzo de 2011 perdí a mis dos hijas y a mi hijo en el terremoto y el tsunami que azotaron la zona noreste de Japón. También perdí mi hogar, que se encontraba a 300 metros del mar en la ciudad de Ishinomaki, en la prefectura de Miyagi. Solía decirles a mis hijos: "Si pasa algo, estaré aquí para protegerlos". Sin embargo, fui yo quien los llevó a casa aquel fatídico día. No podía perdonarme por no haber cumplido con mi palabra y me culpaba por haber tomado una decisión incorrecta.

A partir de entonces, mi esposa Ayako y yo perdimos todo sentido de propósito en la vida y pasamos días y días de lágrimas.

Poco tiempo después del terremoto, y como si quisiéramos enterrar el dolor de haber perdido a nuestros hijos, nos ofrecimos voluntarios para asumir la responsabilidad del funcionamiento del centro de evacuación donde nos habíamos refugiado. Obteníamos suministros, nos asegurábamos de que las personas estuvieran a salvo y trabajábamos las 24 horas del día.

No obstante, pasado ese frenético periodo inicial, nos golpeó la dura realidad de nuestra pérdida. Debido a la elevada tasa de fallecidos por el terremoto y el tsunami, existía una gran demanda para el uso del crematorio. Por ello, no pudimos incinerar a nuestros hijos y nos vimos obligados a enterrarlos temporalmente.

En el entierro, abrumado por un amargo remordimiento y tristeza, me desplomé físicamente. En septiembre de 2011, seis meses después del desastre, finalmente pudimos incinerar a nuestros hijos. Solo Ayako, mi madre y yo estábamos allí para despedirlos. Fue la segunda y última dolorosa despedida.

En las semanas siguientes al terremoto, constantemente me decía que debía seguir avanzando. Sin embargo, con el paso del tiempo, comencé a abrazar mis verdaderos sentimientos y pensé que si me permitía ir más despacio, aunque fuera por un momento, y "cavaba bajo mis pies", podría encontrar respuestas y comenzar a aceptar la situación. Para mí, de alguna manera esto significaba un avance y este cambio de forma de pensar hizo que me sintiera algo mejor.

Un día, un compañero de la Soka Gakkai trató de animarme diciéndome: "Cuando saltamos, primero flexionamos las rodillas, ¿no? Lo mismo se puede aplicar a la vida. Cuanto más descendemos, con más fuerza podemos recuperarnos". Mi deseo era comprender lo que decía y aplicarlo en mi vida, y por ello recité Nam-myoho-renge-kyo de todo corazón, como nunca antes lo había hecho. Mientras oraba, derramé muchas lágrimas de tristeza y frustración.

Comencé a darme cuenta de que el propósito de mi oración no era el de eliminar el dolor, sino el de extraer la fortaleza que me permitiese abrazarlo. Al tomar conciencia de que mi fe existía para ello, por fin pude imaginar los rostros sonrientes de mis tres hijos. Sentí una profunda gratitud por todo el aliento recibido, incluidos los mensajes enviados por el presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, a los miembros de Tohoku. Estoy muy orgulloso de ser miembro de la Soka Gakkai.

Las estanterías en forma de alas para los libros donados en memoria de Taylor AndersonLas estanterías en forma de alas para los libros donados en memoria de Taylor Anderson

Soy carpintero, y en mayo de 2011 me encargaron construir unas estanterías. Taylor Anderson, de los EE.UU., era profesora adjunta en varios jardines de infancia y colegios de Ishinomaki, y también de mis tres hijos. Desgraciadamente, también perdió la vida en el tsunami. En su honor, sus padres hicieron una donación de libros a siete lugares en los que había enseñado y me pidieron que construyera unas estanterías. Me imaginaba los ojos brillantes de los niños leyendo los libros.

Los tres bancos cerca del cartel que dice: Los tres bancos cerca del cartel que dice: "¡Adelante Ishinomaki!"

El 5 de diciembre de 2013, mil días después del terremoto, terminé y entregué las últimas estanterías a los jardines de infancia. Los padres de Taylor viajaron desde los EE.UU. para asistir a la ceremonia de presentación. La primera vez que los niños vieron las estanterías las acariciaron suavemente con sus pequeñas manos y parecían disfrutar del fresco olor de la madera. Sentí que mis hijos también se encontraban allí, mientras decían "¡Bien hecho, papá!", y esto me hizo sonreír.

A finales de febrero de 2012, Kenichi Kurosawa, quien erigió el famoso cartel que dice Ganbarou! Ishinomaki [¡Adelante Ishinomaki!] sobre las ruinas de su antigua casa, me encargó un poste para una lámpara que se colocaría junto al cartel. El poste debía fabricarse utilizando restos de madera desechada encontrada entre los escombros. Además, me pidió que hiciese tres bancos que se colocarían cerca de la lámpara en memoria de los fallecidos en el tsunami. Estos bancos, de distintas alturas, se colocaron en mayo de 2012. Siento que representan a mis tres hijos y cada día, antes de ir a trabajar, voy a sentarme allí mientras imagino sus rostros y recuerdo los buenos momentos que compartimos.

Montaje junto con su joven compañero del equipamiento de juegos infantiles sobre el terreno donde se encontraba su casa.Montaje junto con su joven compañero del equipamiento de juegos infantiles sobre el terreno donde se encontraba su casa.

Se aproxima el tercer aniversario del terremoto. En la actualidad estoy construyendo un equipamiento de madera para juegos infantiles que colocaré en el terreno donde se encontraba mi casa, para los niños del barrio. Es un enorme proyecto de trabajo en madera con varias cuestas, escaleras y un puente representando un arcoíris. También tendrá tres postes en forma de flecha que se elevarán cuatro metros sobre el suelo. El parque estará terminado para el 11 de marzo de 2014.

Realmente estoy ansioso por volver a escuchar las alegres voces de los niños mientras juegan en el mismo lugar en el que solíamos vivir Ayako, mis hijas Hana y Kana, mi hijo Kanta y yo.

[Fuente informativa y fotográfica: Seikyo Shimbun, ediciones del 12 de septiembre de 2012 y 4 de marzo de 2014]

▲ Arriba