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Propuesta de paz 2013

Amor compasivo, sabiduría y valentía:
Por una sociedad global de paz y de coexistencia creativa

Por Daisaku Ikeda
Presidente de la Soka Gakkai Internacional (SGI)

 

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Actualmente se están llevando a cabo procedimientos para definir un conjunto de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), con una meta de cumplimiento para 2030. A medida que deliberamos sobre dichos objetivos, debemos enfrentar con actitud clara y decidida todo aquello que constituye los males de nuestra civilización, a fin de garantizar que las acciones que se lleven a cabo para mejorar la condición humana no se reduzcan a simples medidas provisorias, sino que permitan que quienes se debaten ante las más ominosas amenazas recobren la esperanza y la fortaleza necesaria para vivir con dignidad.

Precisamos para ello un marco espiritual que otorgue mayor claridad a cosas que no podemos darnos el lujo de ignorar, al tiempo que garantice que todo lo que hacemos contribuya al objetivo superior de una sociedad global de paz y de coexistencia creativa.

Si comparáramos esa clase de sociedad con un edificio, los derechos y la seguridad humanos serían las columnas de sostén de toda la estructura, mientras que el cimiento sobre el que estas descansan sería el respeto por la dignidad de la vida. A fin de que eso se convierta en una base firme y significativa de otros emprendimientos, es necesario sentirlo y experimentarlo de manera palpable, como un modo de vida.

Con miras a concretar dicha meta, quisiera proponer los siguientes tres compromisos como pautas para la acción:

  • Compartir con determinación las alegrías y los sufrimientos de los demás.
  • Tener fe en las posibilidades ilimitadas de la vida.
  • Defender y celebrar la diversidad.

Creo que la misión social de la religión en el siglo XXI debe ser la de promover el acercamiento entre las personas, sobre la base de una ética de reverencia por la dignidad y el valor inherentes a la vida.

En nuestro mundo, uno de los problemas más graves que amenazan la dignidad de incontables personas es la pobreza. La tensión predominante de las privaciones económicas se exacerba cuando los individuos sienten que su existencia es ignorada, cuando se los enajena y se les niega un rol y un lugar significativos dentro de la sociedad. Esa es la razón por la que es necesario un enfoque social inclusivo, que contemple restaurar el sentido de conexión con los demás y establecer un propósito en la vida.

Más allá de cualquier circunstancia, todas las personas poseen de manera inherente una condición de dignidad fundamental, por lo que son, en ese sentido, esencialmente iguales y dueñas de posibilidades ilimitadas. Cuando adquirimos conciencia de nuestro valor original y decidimos transformar la realidad actual, nos convertimos en un motivo de esperanza para los demás. Estoy convencido de que una perspectiva así no solo es de gran valor para construir una cultura basada en los derechos humanos, sino también para concretar una sociedad sostenible.

Para prevenir mayores fisuras dentro de la sociedad y propiciar una cultura de paz que realmente se arraigue en el mundo, es indispensable el diálogo basado en la celebración de nuestra diversidad.

Proscribir las armas nucleares como artefactos inhumanos

El movimiento por la prohibición de las armas nucleares como armamentos inhumanos está en constante crecimiento. Tengo la firme esperanza de que un núcleo cada vez mayor de organizaciones no gubernamentales (ONG) y de gobiernos que respalden la posición de esa corriente sea el punto de partida para la redacción de un tratado que prohíba dichas armas, dado lo inhumano de su naturaleza.

El Japón, en su condición de país que ha sufrido la experiencia de un ataque nuclear, tiene que asumir un papel fundamental en la concreción de una Convención sobre Armas Nucleares (CAN). Además, debe poner en práctica medidas destinadas a crear confianza, requisito indispensable para el establecimiento de una Zona Libre de Armas Nucleares de Asia Nororiental y para generar las condiciones que conduzcan a la abolición mundial de tales armamentos.

Los esfuerzos que realiza la SGI para lidiar con la cuestión de las armas nucleares se basan en el reconocimiento de que la simple existencia de esos artefactos mortales representa la negación más fundamental de la dignidad de la vida. Al mismo tiempo, las armas nucleares sirven de prisma a través del cual es posible percibir nuevas perspectivas sobre la integridad de los ecosistemas, el desarrollo económico y los derechos humanos. Ello a su vez nos ayuda a identificar los elementos que demarcarán los contornos de una sociedad nueva y sostenible, en la que todo individuo pueda vivir con dignidad.

Con vistas a alcanzar dicho objetivo, quisiera formular tres propuestas concretas:

  • Hacer del desarme el tema fundamental de los ODS. La reducción a la mitad de los gastos militares en todo el mundo, en relación con los niveles de 2010, y la abolición de las armas nucleares y de cualquier clase de armas consideradas inhumanas son temas que es imperativo incluir como objetivos para lograr en 2030.
  • Iniciar el proceso de negociaciones para una Convención sobre Armas Nucleares. La comunidad internacional debe embarcarse en un debate activo, a fin de orientar ampliamente la opinión pública global hacia el logro de un acuerdo para redactar la versión inicial de dicha convención para 2015.
  • Llevar a cabo una cumbre de gran alcance por un mundo libre de armas nucleares. La Cumbre del G8 de 2015, año que marcará el 70º aniversario de los bombardeos nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki, sería una ocasión propicia para hacer realidad ese evento.

La creación de una cultura de derechos humanos

Con el objeto de realzar los esfuerzos que efectúan las Naciones Unidas para impulsar una cultura de derechos humanos, propongo que la promoción de dichos derechos sea el elemento central de los ODS para 2030, en los que se incluyan las dos metas específicas siguientes.

Todo país debe establecer un Piso de Protección Social (PPS) que asegure que quienes sufren de extrema pobreza puedan recobrar un sentido de dignidad. Unos treinta países en desarrollo, de hecho, ya han comenzado a implementar planes para otorgar ingresos mínimos y garantías de subsistencia. Esas garantías son una condición necesaria para lograr la sostenibilidad y crear una cultura de derechos humanos.

Cada sociedad debería impulsar la educación y la formación en derechos humanos. Acompañando el sistema legal de garantías y recursos, toda actividad destinada a despertar la conciencia ciudadana sobre la educación y la capacitación relativas a los derechos humanos podría servir como un catalizador para la interacción y el apoyo social, que proporcione un sentido de conexión y contribuya a que las personas recobren la esperanza y la dignidad. En el ámbito de la Universidad de las Naciones Unidas, podrían establecerse centros regionales para la educación y la formación en la esfera de los derechos humanos, que trabajen a la par de los centros que actualmente promueven la educación para el desarrollo sostenible.

Sin duda, los niños de hoy van a desempeñar un papel crucial en la labor de construir una cultura de derechos humanos. Con el objeto de protegerlos y de mejorar las condiciones en que viven, es imperativo que todos los países ratifiquen la Convención sobre los Derechos del Niño y sus Protocolos Facultativos, y que, además, aprueben las legislaciones internas necesarias para cumplir con las obligaciones contraídas a través del tratado.

El fortalecimiento de las relaciones entre la China y el Japón

El avance en las relaciones entre la China y el Japón, que se estima se encuentran en su peor momento desde la Segunda Guerra Mundial, es un elemento esencial para la creación de una sociedad global de paz y de coexistencia.

Las relaciones políticas y económicas entre las dos naciones se ven sacudidas constantemente por el flujo y el reflujo de la época. Por eso, ante una crisis, es importante sostener categóricamente los dos compromisos centrales del Tratado de Paz y de Amistad entre el Japón y la República Popular China de 1978: Abstenerse de emplear las amenazas o la fuerza militares, y no buscar la hegemonía regional.

Deseo exhortar al Japón y a la China a que establezcan un foro de diálogo de alto nivel, destinado a prevenir cualquier factor que agrave la situación actual. En tal sentido, la tarea primordial sería la de instituir la suspensión de todas aquellas acciones que se consideraran provocativas. A continuación, habría que realizar un análisis de los pasos que llevaron a la confrontación, a fin de facilitar el establecimiento de pautas para responder con más eficacia ante crisis futuras.

Propongo que el Japón y la China instauren la práctica de realizar regularmente cumbres, similares a las establecidas a través del Tratado del Elíseo, que reunió con regularidad a jefes de estado y de gobierno franceses y alemanes. Sugiero además que la China y el Japón establezcan juntos una organización para la cooperación ambiental en el este asiático. Ello ayudaría a dejar sentadas las bases de una nueva asociación centrada en la paz, la coexistencia creativa y la acción conjunta en bien de la humanidad toda.

La clave para concretar todos esos objetivos se encuentra, en definitiva, en la solidaridad entre los ciudadanos comunes. 2030 es un año que se erige como una meta importante dentro de las actividades para promover la cooperación en la comunidad internacional; ese año también marcará el centenario de la fundación de la Soka Gakkai. Esforzándonos junto a todos aquellos que estén comprometidos con una sociedad global de paz y de coexistencia creativa, nosotros los miembros de la SGI continuaremos forjando la solidaridad entre los pueblos del mundo, con vistas a lograr ese hito tan significativo.

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