Volver a la lista

Propuesta de paz 2012

SEGURIDAD HUMANA Y SOSTENIBILIDAD:
EL RESPETO UNIVERSAL A LA DIGNIDAD DE LA VIDA

Por Daisaku Ikeda
Presidente de la Soka Gakkai Internacional (SGI)


Versión completa (PDF)


Version abreviada

El economista Amartya Sen, destacado promotor de teorías y enfoques relativos a la seguridad humana, ha llamado la atención acerca de “los peligros de las privaciones repentinas”. Las contingencias pueden tomar la forma de desastres naturales y conflictos, y pueden incluso presentarse como crisis económicas o una rápida degradación ambiental producida por el cambio climático. Es absolutamente crucial que respondamos enérgicamente a esas amenazas, capaces de socavar la vida de las personas, sus medios de subsistencia y su dignidad.

Es cualidad de los desastres destruir lo más preciado, necesario e irremplazable para la vida humana. Traen consigo la pérdida de amigos y miembros de la familia; la destrucción de hogares y la ruptura de lazos entre los integrantes de la comunidad. Cuando sobrevienen los desastres, toda la sociedad debe estar preparada para ofrecer asistencia a largo plazo y compartir la responsabilidad de ayudar a los damnificados a reconstruir sus vidas.

El tratado “Sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra” escrito por Nichiren (1222-1282) –cuyas enseñanzas conforman la base religiosa de los miembros de la Soka Gakkai Internacional (SGI)— brinda un marco útil para reflexionar sobre nuestro mundo contemporáneo. Tres aspectos del mencionado escrito son especialmente relevantes a la luz de la situación actual y de los imperativos de la seguridad humana: la posición filosófica de que la prioridad del estado debe ser el bienestar y la seguridad de las personas comunes; un llamado a establecer una visión del mundo basada en el crucial sentido de la interconexión que nos une, y la comprensión de que el mayor fortalecimiento humano se logra cuando, a través del diálogo, nuestra preocupación compartida se convierte en el compromiso compartido de actuar por el mismo ideal.

Esa clase de empoderamiento reviste particular importancia cuando trabajemos para que las víctimas de los desastres recuperen posteriormente el sentido de salud y de equilibrio mental, vale decir, “la recuperación del corazón”. El budismo enseña que, cualesquiera fuesen nuestras circunstancias individuales, siempre podemos encontrar la fuerza para ayudar a los demás; nos asegura también que quienes más han sufrido, mayor derecho tienen a ser realmente felices.

Humanitarismo, derechos humanos y sostenibilidad

Deseo hacer propuestas concretas en relación a tres temas de suma gravedad: los desastres naturales, la degradación ambiental y la pobreza, y las armas nucleares. Cuanto más tardemos en solucionarlos, representarán una carga y una amenaza cada vez mayores para las generaciones futuras. Es imprescindible que el humanitarismo, los derechos humanos y la sostenibilidad sean los elementos centrales de la visión futura de:

  • Un mundo que, lejos de pasar por alto las tragedias humanas, cualquiera fuese el lugar en que ocurrieran, se una de manera solidaria para superar los desastres.
  • Un mundo que, basado en el empoderamiento de los individuos, otorgue prioridad a garantizar la dignidad de todas las personas y su derecho a vivir en paz.
  • Un mundo que, recordando las lecciones del pasado, no permita que las generaciones aún no nacidas hereden el legado negativo de la historia humana, y que dirija todas sus energías a cambiar esa herencia.

La reducción de los riesgos de desastre

En cuanto a la reducción de los riesgos de desastre, es necesario fortalecer medidas internacionales para auxiliar a las poblaciones afectadas, específicamente, mediante un enfoque basado en los derechos humanos, que deberá incluirse en el mandato de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

En el caso de las tareas de asistencia humanitaria a las víctimas de los desastres, se debe hacer especial hincapié en los derechos humanos, especialmente, en el derecho de los afectados a vivir con dignidad. Tenemos que crear una cultura de derechos humanos que defienda la dignidad de las víctimas de desastres, de amenazas y de la injusticia social. Al mismo tiempo, es absolutamente crucial empoderar a la gente para que transforme sus propias circunstancias, y, en relación con este punto, se torna indispensable centrar la atención en las mujeres.

Las mujeres soportan una carga desmedida de privaciones luego de los desastres, y a menudo se ven expuestas a graves riesgos. Es necesario reconocer la capacidad especial que poseen las mujeres para prestar su contribución. Debe otorgárseles el debido fortalecimiento como eficaces agentes de cambio en las áreas de reducción de los riesgos de desastre, recuperación y reconstrucción, al igual que un reconocimiento similar de su rol potencial en la prevención y solución de conflictos, y en la construcción de la paz. Específicamente, se podría incluir la reducción de los riesgos de desastre y la labor de recuperación en el alcance de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) o bien se podría adoptar una nueva resolución centrada en el papel que desempeñan las mujeres en dichas áreas.

Desarrollo sostenible

Se han elevado numerosas peticiones por el establecimiento de Objetivos de Desarrollo Sostenible con miras a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río+20), que se llevará a cabo en junio de este año en Río de Janeiro, Brasil.

Un conjunto de objetivos compartidos para un futuro sostenible debería heredar de los Objetivos de Desarrollo del Milenio el espíritu de remediar las distorsiones de nuestra sociedad global, producto de la pobreza y de la disparidad de ingresos, y tendría también que hacer frente a todas las cuestiones relacionadas con la seguridad humana.

La energía sostenible es asimismo un tema que debemos enfrentar. Como quedó dolorosamente demostrado con el accidente de la Central de Energía Nuclear de Fukushima que se produjo luego del devastador terremoto y el tsunami que sacudieron el Japón en marzo pasado, es urgente realizar una transición expedita hacia una política energética que no dependa de la energía nuclear. Al mismo tiempo, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) necesita desempeñar una función central en relación a la respuesta a incidentes en las centrales de energía nuclear, la clausura de reactores obsoletos y el manejo de las fases finales del ciclo de combustible nuclear.

Abolición nuclear

La SGI viene impulsando un movimiento que manifiesta la voluntad de los pueblos del mundo de proscribir las armas nucleares a través de una Convención sobre Armas Nucleares (CAN). Se avizoran señales de que numerosos gobiernos apoyarán sucesivamente su adopción.

El papel fundamental que desempeña la sociedad civil en la redacción de una CAN y la manera en que impulsa el inicio de las negociaciones demuestran que la fuente espiritual y el origen normativo de un tratado así existen ya como presencia vital en el corazón y en la mente de las personas de todo el orbe. Lo que se requiere ahora es tomar esa voluntad viva y palpitante, y darle la forma concreta de un acuerdo legal vinculante que exprese la conciencia de la humanidad.

Tenemos que iniciar negociaciones precisas que culminen con la realización de una CAN. Una manera de hacerlo sería presentar dicha convención como un tratado básico que establezca el marco legal de un mundo libre de armas nucleares, con un conjunto de protocolos asociados. El tratado básico permitiría a los estados signatarios comprometerse claramente con el objetivo de un mundo sin dichos armamentos y encarar el proceso de reducción mutua de la amenaza atómica. Protocolos separados podrían enumerar las actividades prohibidas, como el desarrollo y la producción, el uso o amenaza de uso de dicho armamento, y establecer los procedimientos de decomiso y verificación. Las organizaciones no gubernamentales y los gobiernos interesados deberían conformar un grupo de acción para embarcarse en esa empresa.

Deberíamos fijar la meta de 2015 para el establecimiento –o mejor aún, la firma– del anteproyecto aprobado de un marco básico para el tratado. Hiroshima y Nagasaki podrían proporcionar las sedes adecuadas para ello, en una cumbre sobre la abolición que marcará la conclusión de la era nuclear. La Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP), programada para 2015, brinda una excelente oportunidad para la realización de dicha cumbre.

Todo esfuerzo que se hace por la paz, como los esfuerzos por los derechos humanos y por la humanidad, deben ser concebidos como la labor de fomentar un compromiso ininterrumpido e imparable que conecte una generación con otra y se transmita de una a otra como legado. Tal es la convicción que yace en los esfuerzos de la SGI para contribuir con la creación de un futuro mejor para todos, promover el fortalecimiento del ser humano, para las personas y por las personas, a fin de establecer así las bases de una sociedad global de paz y de coexistencia armoniosa.

▲ Arriba