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Propuesta de paz 2004

La transformación interior:

La creación de una corriente global para la paz

Daisaku Ikeda
Presidente de la Soka Gakkai Internacional

 

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En los últimos años, la sociedad internacional se ha visto convulsionada por nuevas amenazas e inmersa en agitados debates sobre la mejor manera de responder a ellas. No podemos volver las espaldas a lo que está sucediendo; pero, del mismo modo, resulta claro que dejar todo en manos de la fuerza militar no es el modo de lograr una solución definitiva para el problema. Debemos considerar el impacto que ese recurso tiene en el corazón y en la mente de las personas: el fracaso de las acciones militares para perfilar una auténtica perspectiva de paz ha sumido a innumerables seres humanos en la impotencia y en el espanto.

Lo menos que se puede afirmar es que los intentos por imponer una solución a través de la fuerza de las armas o de cualquier otra manifestación de poder duro responden a los síntomas del conflicto; en la medida en que propagan las simientes del odio, tales recursos pueden ser, de hecho, la causa de mayores y más sordos antagonismos. Creo que ninguna acción logrará el apoyo sincero de la gente o la ansiada estabilidad y paz, si no tiene en cuenta la humanidad de los demás. Es imprescindible el espíritu y la práctica del autodominio, cualidad que considero la esencia misma de la civilización.

Al parecer, la facultad de comprender lo que significa ser humano, lo que nos define como tales y lo que nos permite relacionarnos con quienes son diferentes de nosotros se va erosionando cada vez más. El yo necesita la existencia del otro. Solo al reconocer lo que es diferente de nosotros, externo a nosotros, podemos motivarnos para ejercer el autodominio que hace florecer nuestra humanidad. Perder la conciencia del otro es, por ende, socavar el potencial para experimentar plenamente el yo.

Un llamado a la transformación interior

En setiembre de 1957, mi mentor, Josei Toda, hizo pública una declaración en la que instaba a la abolición de las armas nucleares. En su proclama, las condenó como la expresión del "mal absoluto", una amenaza al derecho de la humanidad en su conjunto a la existencia. Recalcó la importancia de confrontar y de eliminar el mal fundamental que yacía en las profundidades de la vida de las personas: el deseo de manipular y de explotar a los demás en beneficio propio. Es ese impulso profundamente arraigado el que empuja a la gente a utilizar armas que, en un instante, pueden reducir a cenizas incontables vidas.

El clamor de Toda demuestra su extraordinaria agudeza de entendimiento; se refiere a la transformación de nuestra vida interior, al resurgimiento de una conciencia concreta y vívida de la existencia de los demás. El desafío histórico de abolir las armas nucleares comienza con las acciones que iniciamos en el ámbito interior de nuestra propia vida.

En última instancia, la clave está en restablecer un crudo sentido de la realidad, que puede insuflar nueva vida en este opresivo mundo virtual. ¡Si tan solo pudiéramos aprender a sentir el daño y el dolor que sufren los demás como si fueran propios! Tengo la convicción de que esa conciencia y esa sensibilidad representan la única y más grandiosa forma de disuasión de la guerra.

Esa es una concepción fundamental del budismo; de hecho, la decisión de Shakyamuni de consagrarse a la búsqueda de la verdad se vio motivada por su confrontación con los cuatro sufrimientos humanos: el nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte. En el caso de Shakyamuni, ello esclareció no solo el impacto directo del sufrimiento en la vida de la gente, sino la indiferencia, arrogancia y conciencia discriminatoria que nos impiden experimentar el dolor ajeno como propio.

La civilización contemporánea ha desviado sus ojos de la muerte y ha intentado hacer de ella "un problema de los demás". Esa actitud de eludir la confrontación personal con la muerte ha debilitado de manera fundamental las barreras que ponen freno a la violencia. Tal es el sentido profundo de la exhortación de mi mentor a la abolición de las armas nucleares, la más horrenda expresión de una sociedad que considera la muerte un problema ajeno.

Así como no puede existir una desdicha estrictamente limitada a los demás, la felicidad no puede ser algo que acaparemos y conservemos solo para nosotros. Estamos ante el desafío y la oportunidad de superar nuestro egoísmo mezquino, de reconocernos en los demás, al tiempo que los sentimos como una parte de nosotros, y de experimentar la plenitud más grandiosa al iluminarnos mutuamente con el brillo interior de nuestra vida.

Fortalecimiento de la ONU

Más allá de los constantes planteamientos sobre la capacidad operativa de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) o, incluso, sobre la necesidad de que exista ese organismo, las Naciones Unidas siguen siendo el único cuerpo capaz de servir como cimiento para la cooperación internacional y de legitimarla. Por ende, es necesario fortalecerlo y otorgarle mayor eficacia.

La crisis de Iraq puso en evidencia la incapacidad del organismo para funcionar adecuadamente cuando se produce una seria división en el Consejo de Seguridad. Para evitar ese obstáculo, se debe consolidar y otorgar mayor poder a la Asamblea General; en tal sentido, es necesario incentivar la realización de sesiones de emergencia, ya que ello permitirá resolver las cuestiones más difíciles relativas a las nuevas amenazas a la paz, sobre una base mucho más amplia.

Debemos, asimismo, coordinar e integrar las estrategias y actividades de las agencias de la ONU que brindan apoyo –desde la ayuda humanitaria hasta el restablecimiento de la paz una vez superadas las hostilidades– a las personas y sociedades que están inmersas en conflictos violentos. Con tal fin, propongo la creación de un "consejo para la restitución de la paz".

Quisiera también convocar un "foro popular de la ONU", cónclave de representantes de ONGs y de la sociedad civil, que podría establecerse con motivo del 60 aniversario del organismo, en 2005.

Es también crucial fomentar un ambiente internacional en que los conflictos se resuelvan a través del imperio de la ley y no, mediante el empleo de la fuerza. La Corte Penal Internacional (CPI), recientemente establecida, debe ocupar un lugar central en este proceso, contribuyendo a cortar con los ciclos de odio y de violencia que conducen a los conflictos y al terror. No debemos desestimar el potencial disuasivo que tiene el acto de juzgar los crímenes del terrorismo en un tribunal internacional como la CPI.

Abolición nuclear

Es hora de desplazar el énfasis puesto en la no proliferación nuclear hacia su verdadera reducción y abolición. He instado repetidas veces a que se dé vigencia cuanto antes al Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (TPCE). Es necesario movilizar la opinión pública internacional con el fin de que exija su ratificación por parte de los estados que aún no han cumplido con ese requisito, para que el tratado adquiera plena vigencia. Nada podría contribuir más a la creación de un sistema estable para detener la proliferación de armas nucleares que lograr que los cinco estados con armamento nuclear declarado cumplan con su antiguo compromiso de desarme. Exhorto a dichos estados a tomar la iniciativa de elaborar una agenda concreta para la abolición nuclear.

En cuanto a la profunda inquietud que despiertan los programas armamentísticos de Corea del Norte, es importante que cada país asuma un enfoque positivo, con el fin de desarrollar un ámbito propicio para el diálogo multilateral, que finalmente ha surgido en los encuentros entre los seis países. Las conversaciones deberían tener carácter permanente, y uno de sus objetivos debería ser la creación de una zona libre de armas nucleares en el noreste de Asia.

Difusión y desarrollo de medios para la seguridad humana

Resulta para mí un motivo de aliento el énfasis que se ha dado recientemente a la protección y la habilitación de la gente, como concepto clave de la seguridad humana. Ello coincide con mi convicción de que la lucha para contribuir con la sociedad, a través de acciones por el bien de otros, es el cimiento indestructible de la paz.

La educación debe ser el centro de la seguridad humana. La alfabetización abre las puertas del conocimiento y otorga los medios para que la gente desarrolle su capacidad y ejerza al máximo su potencial. Elevar el índice de alfabetización entre las mujeres e incrementar el acceso de las niñas a la educación primaria implica una mejora sustancial en la vida no solo de las mujeres, sino de toda su familia y de la comunidad en general. Creo que la función de un "fondo global para la educación primaria" sería muy importante para establecer la enseñanza primaria universal.

La educación basada en los derechos humanos, capaz de transformar los sentimientos de hostilidad y de prejuicio que fermentan bajo la superficie de muchas sociedades, es esencial para construir un mundo sin guerras. Acojo con el mayor beneplácito el segundo Decenio para la educación en la esfera de los derechos humanos, que comenzará el 1 de enero de 2005, y propongo que esta se centre, en especial, en los niños. Todo esfuerzo para educar y fortalecer al pueblo en su nivel más básico tiene la virtud de poner en movimiento un oleaje infinito de transformación.

Erradicar la palabra "miseria" del lenguaje humano fue el ferviente deseo de Josei Toda. Haciéndose cargo orgullosamente de esa misión, la SGI seguirá cultivando la solidaridad entre los ciudadanos del mundo, para crear los cimientos de una cultura de paz perdurable. La paz no es algo que exista lejos de nuestra vida diaria. Consiste en que cada uno de nosotros siembre y haga germinar sus simientes en medio de las realidades de la existencia cotidiana. Estoy plenamente convencido de que ese es el camino para su concreción imperecedera. 

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