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Por la solidaridad mundial
en aras de la abolición nuclear
(8 de septiembre de 2009)

Daisaku Ikeda
Presidente de la SGI

 

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La única manera de superar el problema de las armas nucleares, que constituyen fuerzas que instigan la división y la destrucción del mundo, será el esfuerzo solidario que realicen los ciudadanos comunes para inaugurar, con la energía impulsora de la esperanza, una nueva era en la historia de la humanidad.

Si bien la amenaza de una guerra nuclear global ha disminuido desde la finalización de la Guerra Fría, el número de estados que poseen armas nucleares casi se ha duplicado desde que el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) entró en vigencia en 1970. Existen todavía unas veinticinco mil ojivas nucleares alrededor del mundo. Al mismo tiempo, se intensifica cada vez más el temor de que la difusión de tecnología y de materiales para la elaboración de dichas armas a través del mercado negro propicie la inenarrable pesadilla del terrorismo nuclear.

Quisiera dirigirme a los líderes de todos aquellos estados que poseen armas nucleares o que basan su propia seguridad en el armamento atómico de otros países, y exhortarlos a que se pregunten:

¿Son realmente necesarias las armas nucleares? ¿Por qué tenemos que conservarlas? ¿Qué nos da el derecho a justificar nuestros propios arsenales nucleares, cuando nos permitimos cuestionar a otros estados por poseer los suyos? ¿No existe para la humanidad más opción que la de vivir bajo la amenaza de las armas nucleares?

En relación con estas preguntas, el concepto de "autoeducación" es crucial. Así se ha evidenciado a lo largo de la historia de las armas nucleares, tanto a través de la preocupación y el recelo demostrados por muchos de los científicos que colaboraron en su creación, como en las acciones de líderes políticos que han enfrentado crisis nucleares y han participado de conversaciones sobre el desarme.

Aunque finalizó sin llegar a un acuerdo para la abolición nuclear, la cumbre de Reikiavik entre el presidente estadounidense Ronald Reagan y el líder soviético Mijail Gorbachov, celebrada en octubre de 1986, puso en evidencia la importancia de varios factores, entre ellos, una visión compartida basada en una clara conciencia de la crisis; la determinación inflexible de tomar la iniciativa y una actitud permanente de confianza mutua.

Deseo instar a los líderes mundiales a que analicen con seriedad estas lecciones, mientras se esfuerzan para librar a la humanidad de la horrenda amenaza del armamento nuclear.

En 1957, mi mentor Josei Toda (1900-1958), segundo presidente de la Soka Gakkai, realizó una apelación histórica por la abolición de las armas nucleares. Su discurso, en el que denunció que dichos armamentos eran un mal absoluto, contiene tres temas que hoy adquieren especial relevancia: la necesidad de transformar la conciencia de los dirigentes políticos; la de compartir una visión en común hacia la erradicación de las armas nucleares y la de establecer la "seguridad humana" a escala global.

Sobre la base de una perspectiva similar, creo que es posible construir los cimientos de un mundo libre de armas nucleares durante los próximos cinco años; y, para lograr ese objetivo, quisiera sugerir un plan de cinco partes a los siguientes destinatarios:

1. Los cinco estados nucleares declarados como tales, para que anuncien su compromiso de adoptar la visión compartida de un mundo sin armas nucleares, en ocasión de la Conferencia de Examen del TNP de 2010, e inicien inmediatamente gestiones concretas hacia la realización de dicha meta.

2. Las Naciones Unidas, a fin de que establezcan un panel de expertos en abolición nuclear y fortalezcan la colaboración con la sociedad civil en lo concerniente al proceso de desarme.

3. Los estados que integran el TNP para que, desde hoy hasta 2015, refuercen los mecanismos de no proliferación y eliminen los obstáculos que impiden la abolición de las armas nucleares.

4. Todos los estados, para que trabajen activamente, hasta 2015, a fin de reducir la importancia que revisten las armas nucleares en la cuestión de la seguridad nacional e impulsen a escala global el establecimiento de disposiciones sobre seguridad que no dependan de tales armas.

5. La población mundial, a fin de que establezca, hacia 2015, las normas internacionales que servirán de base para una Convención sobre Armas Nucleares (CAN) y exprese claramente su voluntad de prohibir dichos armamentos.

Sin duda, el camino para la adopción de una CAN será escabroso. Sin embargo, en lugar de quedarnos maniatados por la adversidad, debemos actuar ahora mismo para desarrollar un apoyo popular por la prohibición de las armas nucleares tan efusivo, que sea imposible ignorar su reclamo.

Pienso que el verdadero significado de la labor para lograr un mundo libre de armas nucleares no se limita de ningún modo a la desaparición física de los arsenales. Implica, además, transformar la naturaleza de los estados y las relaciones entre todos ellos.

Hace una centuria, Tsunesaburo Makiguchi, presidente fundador de la Soka Gakkai, enunció un nuevo modelo de competencia que podía ser aplicado para resolver los conflictos entre los pueblos. Propuso la "competencia humanitaria", en la cual, según sus palabras, "al beneficiar a los demás, nos beneficiamos a nosotros mismos". Makiguchi exhortó a cada estado a emprender una rivalidad positiva que contribuyera al bien común a través de acciones humanitarias, para así difundir el espíritu de coexistencia pacífica y construir una sociedad verdaderamente global.

Si realmente deseamos dar por terminada la era del terror nuclear, debemos dedicar nuestros esfuerzos a combatir al verdadero "enemigo". Nuestro auténtico adversario no son las armas nucleares per se, ni los estados que las poseen o desarrollan. Debemos hacer frente a las formas de pensamiento que las justifican, es decir, a la tendencia a destruir fácilmente a los demás cuando se los considera elementos que amenazan o impiden la concreción de los objetivos propios.

Ese era el enemigo que mi maestro Josei Toda tenía en mente cuando declaró que deseaba arrancar las garras que se ocultaban en lo más profundo de las armas nucleares. Sus palabras estaban sustentadas en la convicción de que difundir una nueva conciencia ayudaría a establecer una red solidaria transnacional entre los pueblos del mundo.

Abandonemos el hábito de ignorar deliberadamente la amenaza de las armas nucleares que se cierne sobre la Tierra y demostremos, en lugar de ello, que un mundo sin tales artefactos puede lograrse realmente en el curso de nuestra existencia.

Hacer oír nuestra voz o ponernos en acción es algo que todos podemos hacer. El único requisito son los sentimientos naturales que experimentamos todas las personas: el deseo de vivir en paz, el anhelo de proteger a nuestros seres queridos, la determinación de evitar que los niños del mundo padezcan sufrimientos innecesarios.

La pasión de los jóvenes tiene el poder de infundir valentía en la sociedad. El coraje que se transmite de persona a persona puede eliminar hasta los obstáculos más desalentadores y abrir nuevos horizontes para la creación de un flamante capítulo en la historia universal.

Basado en la orgullosa determinación de hacer de la lucha por la abolición nuclear el cimiento de un mundo libre de guerras, y convencido de que la participación en este desafío sin precedentes es el obsequio más preciado que podemos ofrecerle al futuro, insto a las personas de buena voluntad de todos los confines a trabajar juntos para lograr la concreción de un mundo finalmente libre de la amenaza de las armas nucleares.

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