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Sobre la revolución humana


[Fuente: IKEDA, Daisaku: “La revolución humana y el kosen-rufu”, Conversaciones sobre la juventud: Para los protagonistas del siglo XXI. Originalmente publicado como una serie de diálogo en el Koko Shimpo, periódico quincenal de la División de Estudiantes de Segunda Enseñanza Superior de la Soka Gakkai.]

"Una profunda revolución interior en un solo individuo puede cambiar el destino de toda una sociedad entera e, incluso, de toda la humanidad".

--Daisaku Ikeda

Compassion

La revolución humana no es algo extraordinario ni alejado de nuestra vida cotidiana. Si me permiten, voy a darles ejemplos muy cercanos a todos. Digamos que hay un muchacho que se la pasa jugando y no estudia nunca. Un día, decide esforzarse para tener mejores posibilidades en la vida y se pone a estudiar en serio. Para él, eso es la revolución humana.

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O está el padre, que sólo piensa en su pequeño mundo: él, su familia y sus amigos. Un día, decide romper la cáscara de su realidad estrecha y extender una mano a alguien que está enfermo o sufriendo; piensa, seriamente, qué puede hacer para ayudar a esas personas a ser felices. Esto le hace participar en actividades orientadas a ese fin. Y allí está su revolución humana.

Dicho de otro modo, la revolución humana es alzar la mirada más allá del mundo cotidiano, restringido y pequeño, para tratar de abarcar algo más elevado, más profundo y universal.

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La postura de esforzarse “un poco más” es fundamental. ¿Van a dar un paso adelante, o se darán por satisfechos con el nivel en que hoy están? Todo en la vida queda determinado por esa decisión.

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Hay algo que quiero decirles: los momentos en que pasamos por el peor sufrimiento, cuando sentimos una agonía insoportable y creemos estar atrapados sin salida, ésas son las mejores oportunidades para concretar nuestra revolución humana.

Si ustedes son de los que toman decisiones pero aflojan ante el primer obstáculo; si para ustedes es muy difícil no apartarse de su objetivo, por favor, renueven la determinación cada vez que se sientan flaquear. Si siguen empeñándose con valentía, si a pesar de todos los reveses, siempre piensan: “¡Voy a lograrlo! ¡Esta vez, voy a triunfar!”, verán que, con el tiempo, su revolución humana se hará realidad, sin falta.

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La vida no es nada fácil... Hay muchos factores que determinan su rumbo: nuestra personalidad, las costumbres y el karma, la familia en la cual nos criamos... Es muy difícil liberarse de estos factores o influencias, que, a su vez, están todos muy relacionados entre sí.

Y, por otro lado, la vida pasa en un abrir y cerrar de ojos. Muchos desperdician sus días corriendo de acá para allá, absortos en preocupaciones triviales y pequeñas, entregados a desvelos egoístas... Muchos nunca trascienden los seis estados inferiores de la vida: Infierno, Hambre, Animalidad, Ira, Tranquilidad y Éxtasis.

Sin embargo, cuando decidimos romper este cascarón y tomar contacto con los estados de Bodhisattva y Budeidad, cuando comenzamos a actuar de un modo más solidario y sincero en nuestra conducta cotidiana, estamos poniendo “en acto” nuestra revolución humana.

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Hay revoluciones de toda índole: políticas, económicas, industriales, científicas, artísticas, revoluciones en la distribución y comunicación... y tantas otras. Cada una tiene su propia trascendencia y todas son necesarias, a su manera. Pero por muchas cosas que uno modifique externamente, el mundo nunca mejorará, a menos que el mismo ser humano, fuerza motriz y el impulso de cualquier empresa, siga siendo egoísta y falto de solidaridad. En ese sentido, la revolución humana es el más esencial de todos los cambios y, al mismo tiempo, la transformación más necesaria que hoy espera la humanidad.


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“Revolucionar” significa “dar vuelta”, e implica un cambio rotundo y drástico.  El cambio gradual que uno tiene con el curso de los años, a medida que madura y crece, es parte de la evolución natural de la vida. Pero la revolución humana ocurre cuando uno trasciende el ritmo normal del crecimiento y experimenta un cambio rápido, para mejor. El proceso de la revolución humana se caracteriza por una mejoría marcada y sostenida, que nos permite seguir creciendo y desarrollándonos durante toda la vida e, incluso, la eternidad. Jamás nos topamos con un límite, con un callejón sin salida, en nuestro camino hacia el propio perfeccionamiento. La fe es el motor, la usina que alimenta, en forma constante, esa revolución humana.


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Desde la Antigüedad, se han escrito incontables libros de esa naturaleza, y también obras concebidas para inspirarnos hacia la autosuperación y el mejoramiento interior. Si la revolución humana se pudiera lograr con sólo leer, si pudiésemos cambiar el karma mediante el solo poder de las palabras, sería tan fácil...

La SGI no busca doctrinas intelectuales abstractas, sino una revolución humana completa y real, un cambio que le permita a la gente transformar su actitud básica y su modo de pensar y vivir, hacia el bien supremo. En esencia, esta revolución ocurre cuando uno manifiesta su estado de Buda. Cuando fusionamos nuestra vida con la vida iluminada del Buda, podemos tomar contacto con la fuerza interior que posibilita la transformación más completa.


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Los seres humanos poseemos la capacidad exclusiva de aspirar a la autosuperación y al crecimiento personal. En lugar de limitarnos a seguir la corriente de la vida, podemos pensar en trazarnos un rumbo y seguirlo.

Cuando las personas dicen que quieren triunfar, generalmente piensan en adquirir una posición social de prestigio. Pero hacer la revolución humana es un objetivo mucho más profundo, pues implica modificar y elevar la vida desde adentro. La transformación que se logra así es permanente, y mucho, mucho más valiosa y preciada que cualquier prestigio social. 

Las personas somos eso: seres humanos. Nadie puede ser “más que un ser humano”. Por ese motivo, lo importante es ser el mejor individuo que cada uno pueda ser. Alguien podrá adornarse con todos los atributos de la fama, los títulos académicos, el dinero o el conocimiento, pero si su vida es pobre por dentro, nada le hará olvidar su vacío y su fracaso como ser humano. Cuando nos despojan de todos los adornos externos y quedamos al descubierto, con el único atributo de nuestra condición humana, ¿qué clase de persona resultamos ser? La revolución humana es el desafío de transformar la vida en el nivel más esencial.

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