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Sobre la igualdad de género

[Fuente: IKEDA, Daisaku: La sabiduría del Sutra del loto: Diálogo sobre la religión en el siglo XXI.]

The Enlightenment of Women

Desde cierto punto de vista, el análisis de la niña dragona contenido en el capítulo “Devadatta” [12º del Sutra del loto] es un cuento sobre los hombres arrogantes que terminan siendo vencidos por las mujeres. (…) Al mismo tiempo, es una grandiosa declaración de derechos humanos que refuta, por medio de pruebas concretas e innegables, las ideas y creencias discriminatorias contra la mujer.
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El Sutra del loto enseña que todos los seres vivientes poseen el estado de Buda. No se menciona ninguna discriminación en contra de las mujeres. (…) Si algún hombre niega la iluminación de la mujer, también está negando su propia posibilidad de manifestar el estado de Buda.
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Pero, discriminar a los demás, en cualquier forma, es ejercer discriminación contra la propia vida.
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En una sociedad de discriminación feroz, Shakyamuni rehusó permitir que sus acciones se vieran teñidas por distinciones de clase, género o linaje, o por la pertenencia al laicado o al clero. Por eso, los sectores conservadores de la sociedad, interesados en conservar el status quo, veían a Shakyamuni como a un elemento peligroso.
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Hombre o mujer, noble o plebeyo, todo depende de lo que cada uno haga. Lo que cuentan son las acciones y la sinceridad. Este es el espíritu de Shakyamuni.
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El Sutra del loto enseña que los hombres y las mujeres son iguales, en lo que concierne a la iluminación y a la práctica. (…) Esto equivale a declarar que los hombres y las mujeres están igualmente capacitados para exponer la Ley en lugar del Buda. En el capítulo "El aliento a la devoción" (Kanji, decimotercero), Shakyamuni concede a una multitud de mujeres la predicción de que todas ellas lograrán la iluminación. Y había hombres y mujeres, monjes y monjas, entre las personas ante quienes se inclina en reverencia el bodhisattva Jamás Despreciar (Fukyo), [en reconocimiento de su naturaleza de Buda inherente], cuando dice: "Siento profunda veneración por vosotros, y jamás me atrevería a trataros con desprecio o arrogancia". (Sutra del loto, cap. 20, págs. 266-267.) Aquí, naturalmente, lo que se quiere señalar es que las mujeres también pueden manifestar la Budeidad en un pie de igualdad.
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En el futuro, no creo que la sociedad se vea gobernada por ninguno de los dos géneros en forma dominante. Será necesario desarrollar una civilización completamente nueva, donde exista armonía y equilibrio entre los sexos.
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Es innegable que las imágenes de "masculinidad" y "femineidad" que llevamos en la conciencia se hallan muy influidas por tradiciones culturales gestadas en la sociedad desde hace largos períodos. La influencia de dichas tradiciones impregna cada aspecto de la ética social, como el lenguaje, la religión, los sistemas de organización comunitaria, la educación y la formación académica. Así que, en mi opinión, lo importante no es que la sociedad presente un modelo particular de conducta aplicable al varón o a la mujer, sino que las personas, antes que ninguna otra cosa, hagan un esfuerzo tenaz por vivir como seres humanos dignos, y también se lo permitan a los demás.

En el budismo también hay explicaciones muy diversas sobre las funciones del hombre y de la mujer. Pero, naturalmente, se encuentran teñidas por las nociones imperantes en la época y en la sociedad en que fueron expuestas. No se les puede otorgar un valor universal. Lo importante es que los hombres y las mujeres sean felices como seres humanos. El objetivo está en la felicidad verdadera; todo lo demás es un medio.

En cualquier momento alguien puede decidir de qué forma deben actuar las personas. Pero por muy linda que sea la idea, de nada servirá si su implementación hace sufrir a la gente. Tampoco es posible que un género pretenda ser feliz a costa del otro.
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Desde el punto de vista de la eternidad de la vida, las distinciones entre hombre y mujer no son permanentes ni definitivas. Por el contrario, uno puede nacer como varón en una existencia, y como mujer, en la siguiente. Es más, todas las personas poseen dentro de sí aspectos femeninos y masculinos.
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La niña dragona, a quien nadie concedía ninguna posibilidad de llegar a ser un buda porque era mujer, pequeña y con cuerpo de animal, fue la primera persona que logró la iluminación con la misma forma que poseía anteriormente. Esto es muy importante. La iluminación de la niña dragona, en una sociedad opresiva y discriminatoria, constituye una vibrante declaración de derechos humanos.
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La "declaración de los derechos de la mujer" implícita en el Sutra del loto dice que cada persona posee el potencial y el derecho innato de construir un estado de vida de felicidad absoluta. Cuando nosotros concretamos esta felicidad, demostramos que toda esa historia de sacrificio y lucha no fue en vano. El objetivo es que cada persona, como la niña dragona, emprenda un viaje hacia el logro de la felicidad total, mientras ayuda a los que andan perdidos por el mar del sufrimiento a que alcancen ese mismo estado de vida, por el bien de todos y a costa de nadie.

"Todas las mujeres tienen derecho a ser felices. Deben ser profundamente dichosas, sin falta". Aquí está el espíritu del Sutra del loto.
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La tierra donde la niña dragona logra la Budeidad y conduce a los demás a la felicidad se llama Mundo Inmaculado. Esto quiere decir que cuando una mujer logra la iluminación hace que su ambiente se convierta en un lugar de pureza y hermosura. La solidaridad de las mujeres que revelan su propia dignidad cambia la tendencia de la época y la característica de la civilización. Las mujeres que practican este budismo dentro de la SGI son pioneras y núcleo de esta clase de solidaridad humana. Son mujeres infinitamente dignas de respeto, irreemplazables en su lugar de acción y capaces de responder a la expectativa de todos los pueblos del mundo.

El poeta indio Rabindranath Tagore (1861-1941) caracterizó el orden de nuestro tiempo como una "civilización de poderío", dominada por los hombres. Ansió la hora de construir una "civilización del espíritu" mediante el trabajo de las mujeres, basadas en la solidaridad benevolente.

En tal sentido, el capítulo "Devadatta" contiene importantes propuestas para cambiar el tono del mundo moderno. Digámoslo simplemente: ir de una civilización material a una civilización de la vida; ir de una sociedad de control a una sociedad de cooperación y solidaridad. (…) Poder abrazar amorosamente a todos los seres vivientes como si fueran nuestros hijos representa un estado de vida que cualquier persona, hombre o mujer, debería tratar de lograr. Aquí yace el verdadero significado de la Budeidad que conquistó la dragoncilla, en bien de la época y de la civilización.

Nota del editor:
(1) Niña dragona: También llamada “Hija del Rey Dragón”. Fue hija de Sagara, uno de los ocho grandes reyes dragones que, según la creencia, vivían en un palacio en el fondo del mar. De acuerdo con el capítulo “Devadatta” del Sutra del loto, la niña dragona concibió el deseo de lograr la iluminación cuando escuchó al bodhisattva Manjushri predicar el Sutra del loto en el palacio del Rey Dragón. Tiempo después, se presentó ante la asamblea del Sutra del loto, pero el bodhisattva Sabiduría Acumulada y Shariputra afirmaron que las mujeres no podían logar la iluminación. En ese momento, ella manifestó instantáneamente el estado de Budeidad sin abandonar su forma de reptil.

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