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Sobre el gongyo y el daimoku

[Fuente: IKEDA, Daisaku: Disertación del presidente Ikeda sobre los capítulos “Hoben” (Medios hábiles) y “Juryo” (Duración de la vida de El Que Así Llega) del “Sutra del loto”.]

gohonzonOración al Gohonzon entronizado en el altar budista

Como sabrán, a la invocación de Nam-myoho-renge-kyo o daimoku se le llama la “práctica primordial”, y a la lectura o recitación de los capítulos “Hoben” y “Juryo” se la denomina “práctica complementaria

El 26º sumo prelado Nichikan explica la relación que hay entre la práctica primordial y la complementaria, a través de compararlas con la comida y el aderezo. En otras palabras, cuando uno come arroz o fideos –la fuente “principal” de alimentación— utiliza sal u otros condimentos para poder realzar o “complementar” el sabor.

El beneficio de llevar a cabo la práctica principal es inmenso. Cuando uno, además, recita los capítulos “Hoben”  y “Juryo”, cumple la función complementaria de aumentar y acelerar el poder benéfico de la práctica primordial.
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El beneficio de invocar daimoku es inmensurable e ilimitado. En verdad, hay un poder infinito en el solo hecho de invocar Nam-myoho-renge-kyo una sola vez. El Daishonin dice: “Si uno recita una sola vez estas palabras del daimoku, surgirá y se congregará a su alrededor la naturaleza de Buda de todos los seres vivientes”. (Gosho zenshu, pág. 498.)
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En consecuencia, no hay necesidad de tomarse un tiempo irrazonablemente largo para leer el sutra cuando, por ejemplo, uno está enfermo y débil. Si su estado de salud se agrava porque se han sobrexceder en el esfuerzo de hacer el gongyo completo, en vez de aumentar los beneficios esta actitud podría ejercer el efecto opuesto de destruir la alegría en la fe y generar, entonces, un valor negativo. 

En esas ocasiones, es mejor leer, simplemente, el capítulo “Hoben” y la parte llamada jigage, e invocar daimoku; o bien, sólo hacer daimoku. El Budismo es razón y sensatez. Por eso, lo importante es que cada persona tenga un juicio sabio que le permita realizar una práctica de gongyo de profunda e inmensa alegría.

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El gongyo y el daimoku son las raíces que, por así decirlo, les permitirán convertirse en árboles imponentes. El árbol de su vida se fortalece y se agranda como resultado acumulativo de la práctica continuada de gongyo y de daimoku. Tal vez no nos sea posible apreciar el desarrollo de un día al otro, pero, la nutrición cotidiana que representa la práctica continua permitirá que su vida llegue a ser vasta y elevada como un árbol majestuoso. A medida que mantengan la práctica firme, irán cultivando un estado de vida de absoluta e indestructible felicidad.

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Imagino que algunos de ustedes estarán preguntándose de qué manera puede producir beneficios el hecho de recitar pasajes de un sutra, cuando uno no comprende lo que está leyendo. Si me permiten, quisiera tranquilizarlos asegurándoles que, con absoluta certeza, llevar a cabo esta práctica es causa de beneficios.

El Daishonin afirma: “Un lactante no conoce la diferencia entre el fuego y el agua; no puede distinguir entre un remedio y un veneno. Pero, cuando succiona la leche materna, es su vida la que se nutre y recibe sustento. Aunque uno no sea versado [en los diversos sutras] [...], si escucha aunque sea un solo ideograma o una sola frase del Sutra del loto, sin falta manifestará la Budeidad”. (Gosho zenshu, pág. 1046.)

Así como un bebé crece sin darse cuenta a medida que toma la leche materna, si invocan seria y sinceramente la Ley Mística, con fe en el Gohonzon, su vida sin falta brillará con inmensurables beneficios y buena fortuna.

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Al mismo tiempo, es totalmente cierto que, si uno estudia el significado del sutra basándose en la práctica y con espíritu de búsqueda, puede profundizar muchísimo más aún su convicción y su fortaleza en la fe.

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Cuando hacemos el gongyo e invocamos daimoku, estamos realizando una ceremonia en la cual alabamos al Buda original y a la gran Ley de Nam-myoho-renge-kyo. (…) Y, a la vez, cuando hacemos el gongyo, también estamos elogiando la vida eterna del universo y el estado de Buda que hay dentro de nuestra propia vida.
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Cuando veneramos el Gohonzon, en ese preciso momento se abren de par en par las puertas del microcosmos que hay dentro de nosotros y que comunican con el macrocosmos del universo. Así, experimentamos una sensación de inmensa serenidad y de dicha indescriptible, como si estuviésemos contemplando el universo frente a frente. Uno saborea una alegría infinita, una plenitud impresionante, y toma contacto con una fuente de sabiduría poderosa, que todo lo abarca. El microcosmos de nuestra vida que es abrazado por el universo, a su vez abraza al universo entero. 

El gongyo es una vigorizante “ceremonia desde el tiempo sin comienzo”, que revitaliza nuestro ser desde la dimensión más profunda. Por lo tanto, lo importante es hacer el gongyo cada día con una rebosante sensación de ritmo y de cadencia, como un caballo blanco que atraviesa los cielos al galope. Espero que realicen un gongyo con total satisfacción, que les deje una sensación refrescante y revitalizadora, tanto física como espiritualmente.

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