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Los pájaros de las Montañas Nevadas

Cyanocitta cristata

"¿Si llega el invierno, puede acaso estar muy lejos la primavera?!". Cuando escucho esas palabras, un cálido sentimiento invade mi corazón. Desde luego, el invierno nunca deja de convertirse en primavera. Pero la palabra "invierno" tal vez recuerde a las personas, y me incluyo entre ellas, las montañas cubiertas de nieve de los Alpes o las níveas cumbres de los Himalayas.

Existe un comentario sobre el Sutra del loto llamado Hokekyo jurin shuyosho, que incluye el legendario relato del Kankucho (en japonés, literalmente, 'pájaro que sufre por el frío'). Se trata de una historia muy conocida del Sutra del loto, la cual es la escritura budista más elevada expuesta por el buda Shakyamuni en la India. He aquí la historia:

En tiempos muy remotos, existían en la India grandes elevaciones llamadas Montañas Nevadas. Estas eran tan altas, que allí el frío calaba hasta los huesos, y, como su nombre lo indica, un grueso manto de nieve cubría completamente las cumbres durante todo el año. Dos pájaros sin nido, llamados Kankucho, vivían en esas montañas. Cuando caía la noche, y comenzaba a oscurecer, la hembra, que no podía soportar el frío, empezaba a lamentarse: "¡Voy a morir congelada!", a lo que su compañero replicaba: "Construyamos un nido en cuanto amanezca". Pero, no bien el Sol asomaba, y los pájaros recibían el tibio baño de sus rayos, se olvidaban completamente del frío que los había atormentado durante la noche. Y pensaban así: "Tal vez estemos destinados a morir hoy o mañana; nada es permanente en este mundo, y no conocemos la paz y la tranquilidad eternas". De ese modo, las aves transcurrieron su vida entera en vano, sin jamás construir su nido.

Tal vez esta historia nos recuerde el relato de "La cigarra y la hormiga", que aparece en las Fábulas de Esopo: "¿Por qué habríamos de trabajar arduamente, cuando no sabemos qué nos deparará el mañana?". Esa actitud, en apariencia sensata, hace que los pájaros del cuento sean aun más dignos de compasión.

Pienso que esta historia ofrece una penetrante visión sobre el lado más oscuro de la naturaleza humana. En muchos casos, más de los que podemos suponer, las personas realizan aparentemente grandes esfuerzos todo el tiempo, pero muestran su verdadera naturaleza en los momentos cruciales. Por más serena y pacífica que pueda parecer la vida de un individuo, este tendrá invariablemente alguna clase de sufrimiento o de problema que los demás no perciben. Aunque los seres humanos no suframos constantemente como los pájaros de las Montañas Nevadas, que todas las noches soportaban aquel tormento, estamos destinados a enfrentar grandes dificultades algunas o muchas veces, en el curso de nuestra existencia, y en ocasiones, sin nada más que un bastón que nos sirva de apoyo. Si esperamos hasta último momento, más allá de cuánto nos afanemos para retroceder o avanzar, será demasiado tarde, pues el tiempo es irreversible. Entonces todo lo que podemos hacer es gemir agónicamente, tal como las aves sollozaban de angustia por el frío atroz de las Montañas Nevadas.

Cuando menciono la palabra "bastón" me refiero a una creencia inquebrantable o a una mente firme que se mantiene imperturbable incluso ante las dificultades más grandes. Me inclino a pensar que el nido que los pájaros juraban construir implica algo más que una cálida morada. Se refiere a un cimiento sobre el que se puede establecer una mente a toda prueba y un espíritu que no se deje arrastrar por el placer ni derrotar por el sufrimiento. La necedad de los pájaros de las Montañas Nevadas representa nada menos que la vulnerabilidad de la mente humana ante los cambios y fluctuaciones. También indica la tendencia a seguir la línea del menor esfuerzo, al eludir tareas que requieren acción inmediata.

Se puede transcurrir la existencia como hojas al viento, a merced de las corrientes, o vivir fieles a las propias convicciones. Creo firmemente que lo que elijan determinará si ustedes pueden o no lograr que su vida sea algo valioso. Si optan por seguir sus ideales, necesitarán un núcleo profundo y sólido en su vida. A fin de desarrollar ese centro, deben realizar esfuerzos constantes para capacitarse espiritualmente.

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